Cinco minutos después, recuperada cierta serenidad, miró por la ventana hacia las nubes que cubrían el horizonte. Nubes que poblaban también su cabeza y que le impedían comprender la química que se desataba cada vez que Paula y él estaban cerca.
—Bueno, ¿qué es eso tan importante que tienes que decirme? — preguntó ésta de pronto.
—Yo... ¿te importa sentarte, por favor? Pau tomó asiento en un sofá y miró a Pedro con reservas.
—Ya estoy sentada.
Pedro se sentó en un silla frente a ella y le mantuvo la mirada.
—Antes que nada, te pido disculpas por mi comportamiento de esta noche —arrancó él, sin obtener respuesta alguna por parte de Pau—. Parece que últimamente no hago otra cosa que pedirte perdón por una cosa o por otra. Supongo que estarás cansándote de oírme decirte que lo siento, ¿no?
—Sí, me estoy cansando. ¿De verdad crees que con eso compensas la vergüenza que me has hecho pasar? Me has humillado en medio de una cafetería llena de gente, delante de un hombre que me interesa.
—Nunca fue mi intención incomodarte —repuso Pedro, apesadumbrado.
—Pero eso no cambia las cosas. ¿Por qué elegiste la cafetería para contarme lo de la vasectomía de Eric?
—Porque no tenía otra opción —repuso Pedro—. No estaba seguro de lo serio que ibas con Hartmann. Llevabas saliendo tres noches seguidas con él y decías que le ibas a pedir que te dejara embarazada... a pesar de que te había dicho que esperaras a que terminase de investigarlo.
—No quería esperar —Pau se encogió de hombros—. Además, ibas muy despacio.
—No quería precipitarme.
—Y no tenías ninguna prueba contra Eric: ni multas de tráfico ni detenciones policiales, deudas... —replicó Pau—. Reconozco que no sabía lo de la vasectomía, pero deberías habérmelo dicho en privado.
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Sigue..
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