domingo, 26 de enero de 2014
Capitulo 42 ♥ - Dulce Reencuentro♥
-Por supuesto que no está perdida -dijo Pau después de llamar a Lisa y Tawanna-. ¿Habéis visto a Alma?
-Estaba aquí hace un momento -dijo Tawanna.
-Bueno, entonces no puede estar muy lejos.
Pero diez minutos más tarde, la niña seguía sin aparecer. Paula le preguntó a Anna si Alma le había dicho algo de ir a alguna parte. La mamá de Anna había ido para recoger a su hija y se había quedado con Alma la noche del viernes.
-A mí me parecía que estaba bien cuando la recogió Pedro -dijo.
Paula miró a Pedro y le repitió la pregunta. -¿Sucedió algo inusual el fin de semana? ¿Algo que la pudiera haber molestado o preocupado?
Los rasgos de Pedro reflejaron el dolor y el arrepentimiento.
-Quiso que te llamara y se puso a llorar cuando me negué a hacerlo.
-La encontraremos -dijo Paula.
El personal del colegio ya la estaba buscando por todas partes, pero no había señales de ella por ninguna zona en el edificio.
-¿Y ese bosque? -preguntó Pedro-. Donde hicisteis la búsqueda del Huevo de Pascua.
-Hay una verja de dos metros de altura alrededor de la zona de juegos posterior -respondió Paula-. No puede haber pasado por allí.
Sarah, la directora del colegio, habló con Pedro y le dijo los pasos que se iban a dar en la búsqueda. Mientras tanto, Paula descubrió que Alma se había llevado su chaqueta, ya que no estaba en la taquilla de la niña.
Los años de entrenamiento militar ayudaron a Pepe a concentrarse en lo que le estaba diciendo la directora del colegio cuando por dentro lo que quería era gritar que aquello era por su culpa. El viernes había dejado que Alma llorara hasta quedarse dormida. Y también la noche anterior.
¿Qué clase de padre permitía eso? Un mal padre.
¿Y qué le había hecho pensar a él que sería lo suficientemente bueno como para ser padre?
La directora no tenía que decirle lo mucho que lo lamentaba. No la culpaba a ella. No, él era el culpable. Había sido él quien estaba tan centrado en su pelea con Paula que ni siquiera había hecho caso de quien era de su propia sangre.
Almita era una niña pequeña y él la había abandonado. Lo había fastidiado todo. De nuevo.
Cuando era niño se había sentido amargado por ser abandonado primero por su padre y luego por su madre. Era por eso por lo que se había jurado que nunca más querría a nadie. No podía permitir que nadie le afectara. Siempre se había apartado del amor.
Pero ya no se podía apartar otra vez. No de Almita. No de su pequeña.
¿De qué le servía todo su entrenamiento si no le podía seguir la pista? ¿De qué servía ir por ahí salvando al mundo si no podía salvar a su pequeña?
-La voy a encontrar -dijo-. Si se ha metido en ese bosque, la encontraré.
Pero para eso tenía que empezar a moverse ya mismo. No podía quedarse allí sin hacer nada. Estaba perdiendo el tiempo y Alma lo necesitaba.
-Voy a encontrarla -repitió.
Sintió la mano de Paula en la suya y se preparó para que ella le dijera que Alma nunca habría desaparecido si él no fuera tan egoísta. Pero eso no sería nada nuevo para él.
-No es culpa tuya -le dijo ella.
-Sí, lo es. La dejé llorar hasta que se durmió. No solo una vez, sino la noche del viernes y la del sábado. Cuando se acostó, estaba bien y yo pensé que lo había olvidado todo, que ya no te quería ver. Pero no era así. Es mi culpa y no te atrevas a tratar de decirme que no lo es. Ella quería un gatito. Así fue como empezó todo. Lo quería porque Anna tiene uno. No se daba cuenta de por qué no lo podía tener. Cuando yo le dije que no, me dijo que te quería a ti. Entonces empezó a llorar. Yo debería haberle dicho que le regalaría un gatito. Tan pronto como la encuentre le conseguiré uno.
Pero no la encontró. Ni él ni nadie. Y ya llevaba una hora perdida. La desesperación se estaba apoderando de él. La había perdido. Había perdido la única cosa buena de su vida.
Maldijo su cojera por retrasarlo, al bosque por ser tan cerrado, y a sí mismo por… todo.
Paula la estaba buscando también, junto con el resto del personal. Había tratado de seguir a Pedro, pero él corría como un poseso. Y no lo culpaba.
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Les dejo solo un cap xq se va acercando el final :') emm..comenten aca o en mi tw @Meli_pauliters, buenas noches :) ♥
sábado, 25 de enero de 2014
Capitulo 41 ♥ - Dulce Reencuentro♥
-Solo lo estaba probando dijo Lisa.
-Sí, claro…
-¿Y tú? te vi dándole tu número de teléfono.
Tawanna se encogió de hombros.
-El pobre hombre necesitaba mi consejo. Y ya sabes lo bien que se me da dar consejos.
-¿Consejo sobre qué? -preguntó Paula.
-Sobre ti. Oh, no te preocupes, no le conté ningún secreto.
-Bueno, yo sí -dijo Lisa-. Le conté esa predilección tuya por las patatas fritas. Pero lo hice solo cuando él insistió en sacarme esa información.
-¿Insistió? ¿Sobre mí?
Lisa asintió.
-Era por eso por lo que estaba hablando con él tan clandestinamente en la esquina.
Al ver la mirada de incredulidad de Tawanna, añadió:
-De acuerdo, traté de ligar con él, pero me dejó muy claro que solo estaba interesado en Paula.
Ella se rió amargamente.
-Solo le interesaba como madre de Alma mientras él se vuelve a la lucha.
-No me puedo creer que esa sea la única razón por la que le intereses -dijo Tawanna agitando una mano en el aire.
-Yo tampoco lo quise creer. Pero está pensando en volver al servicio activo en Bosnia.
-¿Y su cojera? -preguntó la siempre práctica Lisa-. No creo que los marines lo dejen volver al servicio activo con esa pierna. ¿Estás segura de que lo van a mandar de nuevo allí?
-Sé que él quiere volver.
-Bueno, claro que probablemente quiera volver. Quiero decir que es un marine y eso es lo que él hace.
-Es un padre -dijo Paula.
-Eso no significa que pueda dejar de ser un marine. Ese no es precisamente un trabajo normal, con su horario y vacaciones -dijo Tawanna.
-Realmente no creo que tengas nada de que preocuparte -le aseguró Lisa-. No creo que lo manden de vuelta allí.
-Por cierto, acabo de verlo llegar con Alma. ¿Estás segura de que vas a estar bien? -le preguntó Tawanna.
Paula asintió. Le puso la situación más fácil el hecho de que él no se quedara, solo dejó a Alma y se marchó sin decirle una palabra a nadie.
Por suerte también, fue un día de actividad frenética, lo que permitió a Paula no pensar en Pedro para nada. Pero entre todo el caos, Alma le pareció más callada y tranquila de lo habitual. Trató de hablar con ella, pero la pequeña agitó la cabeza y se agarró a su osito de peluche.
Paula temió tener que hablar con Pedro del comportamiento de su hija, pero si había sucedido algo ese fin de semana, aparte de que Pedro le rompiera a ella el corazón, tenía que saberlo.
Cuando Pedro fue a recoger a Alma después de clase, estaba de mal humor y se le notaba mucho. Se podía decir más bien que su expresión era como remota.
Se acercó a él y decidió ir directamente al grano.
-¿Cómo te han ido las cosas con Alma este fin de semana? -le preguntó.
-¿Y a ti qué te importa?
-Ya sabes que Alma me importa. Te aprovechaste de eso.
-Alma no te importa. Solo te importas tú.
-Tú no eres el más indicado para acusarme de eso -respondió ella.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Que tú eres el único que solo te preocupas de ti mismo.
-Es inútil hablar contigo -dijo él-. ¿Dónde está Alma? Nos vamos.
-Está…
Paula se volvió y miró hacia donde Alma había estado solo unos momentos antes-. No lo entiendo, estaba allí hace solo un minuto.
-¿Me estás diciendo que has perdido a mi hija? -le preguntó Pedro con voz helada.
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Bueno aca volvi! Espero q les guste esta mini maraton! :) comenten aca o en mi tw @meli_pauliters, los qieroo! :) graciias x bancarme el tiempo q me asnte! besos
Capitulo 40 ♥ - Dulce Reencuentro♥
-¡No! Quiero más agua y un gatito.
-Tú eres una niña marine, y una niña marine nunca…
-Nunca se rinde. Y yo quiero un gatito.
-Una niña marine no se rinde nunca y nunca se pone pesada. Así que este mal comportamiento va a terminar ahora mismo.
La terminología militar lo hacía sentirse mejor, más en control de la situación. Pero desafortunadamente, no pasaba lo mismo con Alma.
-¿Me has entendido? -le preguntó a la niña.
-¡No! -exclamó ella amotinándose-. Quiero a Paula.
Y él también. La había deseado desde el mismo momento en que entró esa noche en su casa. Tal vez la llevaba deseando desde el instituto, cuando le parecía demasiado para él, demasiado inalcanzable. Pero esa noche, cuando la había besado, ella lo había deseado también a él.
Lo de cortejarla había funcionado, de eso estaba seguro. De lo que no estaba seguro era de lo que había ido mal después de eso.
Se había puesto hecha una fiera cuando le había mencionado su deseo de volverse con sus hombres a Bosnia. ¿Por qué no lo podía entender ella? Era responsable de esos cuarenta y cinco marines que seguían allí.
No era como si se quisiera ir a apostar a Las Vegas o a buscar tesoros a la costa de Florida. Ni tampoco que quisiera volverse a Bosnia por el magnífico tiempo que hace allí o por las condiciones de trabajo.
El tenía algo que demostrar. Que no estaba acabado. Que no era un guerrero herido incapaz ya de seguir cumpliendo su deber.
El le había dicho que los guerreros no lloran nunca.
No, solo hacen llorar a los demás, le había respondido ella. Y no se podía olvidar de esas palabras.
Él no estaba tratando de lastimar a nadie, estaba tratando de hacer lo que era mejor para todos. Alma amaba a Paula y ella a Alma. ¿Cuál era el problema?
No estaba tratando de soltarle su hija a cualquiera, solo estaba buscando su bienestar. Ciertamente él continuaría manteniéndola económicamente y, cuando terminara su trabajo en Bosnia…
¿A quién estaba tratando de engañar? Paula no se iba a casar con él y lo más seguro era que él nunca volviera a Bosnia. Tal vez los médicos tuvieran razón y no había ninguna esperanza de que él volviera al servicio activo… ¿Y qué haría él entonces? ¿Dedicarse al papeleo el resto de su vida como militar?
Él era un marine. Había superado los más duros entrenamientos. Sabía cómo sobrevivir tras las líneas enemigas durante más de una semana sin comida, conocía las tácticas de batalla y la forma de buscar las debilidades del enemigo. Sabía de primeros auxilios, podía llevar a hombros a un camarada herido, sabía camuflarse tan bien que nadie en un radio de un metro podía verlo.
Sabía todo eso. Eso era lo que él hacía, lo que era. Porque si no era eso, no era nada.
-¡Quiero a Paula! -gritó Alma con lágrimas en los ojos.
-Está durmiendo. Como deberías estar haciendo tú ya.
Alma se puso a llorar más todavía.
Los guerreros no lloran, solo hacen llorar a los demás.
Se dijo a sí mismo que a Alma se le pasaría rápido. Se levantó y salió de la habitación.
Tenía que aprender que había reglas en la vida y que una de ellas era que no siempre se tiene lo que se quiere. Esa era una lección que él había aprendido una y otra vez. Era mejor que Alma la aprendiera cuanto antes para que luego no se desilusionara.
-Un buen profesor reconoce y valora los diferentes estilos sociales de sus alumnos -se recordó a sí misma Paula el lunes por la mañana-. Un buen profesor es el que no quiere colgar de los pulgares a sus alumnos.
-Lo quiere si el alumno es Brian -dijo Lisa inclinándose sobre ella.
Les había llevado un cuarto de hora localizar la fuente del desagradable olor que lo llenaba todo. Estaba en el cajón del pupitre.
-No me puedo creer que haya organizado ese lío. ¿Qué es? ¿Huevos podridos?
-Sí. No encontramos los huevos que le dimos para la clase de cocina del viernes… Yo quise buscar más a fondo…
Pero la perspectiva de ir a salir con Pedro la tenía tan excitada que se le había olvidado.
-Tú no has oído nada de eso de colgarlo, ¿de acuerdo?
-¿Oír qué? -respondió Lisa-. Lo que realmente quiero oír es cómo te fue con Pedro el viernes por la noche.
-¿Y por qué te lo iba a contar Paula? -intervino Tawanna, que estaba abriendo las ventanas para ventilar el aula-. Tú trataste de quitárselo.
Capitulo 39 ♥ - Dulce Reencuentro♥
-No lo sé. Si el amor duele tanto, tal vez él tenga razón después de todo. ¿Sabes lo que me duele? Que realmente él nunca me haya visto por lo que soy. Solo me ha visto como la solución a un problema que tenía. No me vio a mí -dijo Paula dándose un golpe en el pecho-. Y yo me crié con un hombre que nunca me vio a mí. Mi padre. Ser invisible para alguien a quien amas te come el alma. No estoy llorando solo por Pepe. Estoy llorando porque… porque esos viejos sentimientos de no ser valorada, de no ser amada, han vuelto de nuevo. Es estúpido, ya lo sé.
-Hey, yo soy la que va a juzgar si algo es estúpido o no -dijo Zai.
-La mayor parte de las veces me sentía como si mi padre no supiera siquiera que yo existía. Y Luego aparece Pedro. Seguro que él sabe que existo porque soy buena con su hija. Y yo quiero a Almita. ¿Quién sabe? Tal vez si él hubiera sido sincero conmigo desde el principio y me hubiera dicho que lo que quería era que yo cuidara de Alma mientras él se volvía a Bosnia o a cualquier otro sitio parecido, yo hubiera…
-¿Qué? ¿Le habrías dado un martillazo en la cabeza? Porque es eso lo que se hubiera merecido. ¿Cómo puede haberte hecho esto a ti y a Alma?
-¿Sabes lo que va a sufrir esa pequeña si él se marcha? ¿En qué puede estar pensando él? Justo cuando yo estaba empezando a confiar en él, cuando estaba empezando a creer que él estaba entendiendo de verdad lo que significa ser padre, va y me sale con esto.
-Lo superarás.
-¿Cuándo? ¿Cuando tenga noventa años? Creo que él es el diablo en mi alma, es tanto una parte de mí que nunca me podré librar de él.
-Podemos hacer un exorcismo. O vestir a G.1. Joe de niña. Tú dijiste que eso lo pone enfermo.
-He hecho lo correcto rechazando a Pepe -dijo Paula como para darse seguridad a sí misma.
-Seguro que sí. ¿Por qué lo dices? No te estarás arrepintiendo, ¿verdad?
-No. Pero no puedo evitar pensar en Alma. Aquí estoy yo, pensando en adoptar un niño al que no conozco y no voy a ayudar a Alma, a la que quiero de verdad. Esto es un verdadero lío -dijo Paula llevándose las manos a la cabeza.
-Casarte con Pedro, amarlo como lo amas sin que él sienta lo mismo por ti, te destrozaría. Tú misma has dicho que eso te comería el alma.
-Tal vez yo quiera demasiado.
Zai la miró fijamente.
-Si realmente crees que te mereces tan poco el amor, entonces no te mereces estos bombones. ¡Dámelos ahora mismo!
Paula se agarró a la caja.
-De eso nada. Querer que un hombre me ame no es querer demasiado.
-Muy cierto.
-¿Sabes? En el colegio los niños están siempre actuando mientras juegan. Y eso es lo que hemos estado haciendo Pedro y yo. Él estaba haciendo como si realmente yo le importara y yo estaba haciendo como si eso pudiera funcionar de verdad.
-Por lo menos él se ha mostrado con claridad antes de que fuera demasiado tarde.
Una cosa era cierta, para Pedro lo primero era el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos y siempre sería así.
-Quiero más agua -dijo Alma.
-Ya te has bebido tres vasos.
-Se los ha bebido mi osito. Léeme el cuento de Los tres cerditos.
-Ya te lo he leído tres veces. Ahora túmbate y duérmete.
-Annita tiene un gatito, ¿puedo tener uno yo también?
-No.
-¿Por qué?
-Porque aquí no nos dejan tener animales.
-Si mi mamá estuviera aquí, ¿podría tener un gatito? ¿Cómo es que Anna tiene uno y yo no? ¿Porque ella tiene una mamá?
-No, no es por eso.
-¿Entonces por qué?
-Porque yo lo he dicho.
-Yo quiero un gatito.
-Ya me lo has dicho. Varias veces.
-Mi osito también quiere un gatito.
-Tu osito no tiene ni voz ni voto en esto.
-¿Por qué no?
-Porque es un oso de peluche.
-¿Y por qué no pueden votar los osos de peluche? ¿Qué es un voto?
Pedro no estaba dispuesto a ponerse a hablar de política a esas horas de la noche.
-Ya es hora de que te duermas. Luces fuera.
Capitulo 38 ♥ - Dulce Reencuentro♥
-No me lo puedo creer -susurró Paula-. Te has creído que yo aceptaría casarme contigo y que cuidaría de Alma por ti.
Una parte de ella deseó que él lo negara. Deseó que le dijera que la amaba y que se casaría con ella aunque no tuviera una hija.
Pero él no podía hacerlo. La verdad era demasiado evidente. Paula lo vio en la forma en que él apartaba la mirada.
No, él no lo podía negar porque era cierto. La peor de sus pesadillas.
La habían vuelto a utilizar. Era solo un medio para llegar a un fin.
Estaba claro que él no la necesitaba a ella, solo necesitaba una niñera para su hija.
Parpadeó para contener las lágrimas y trató de no mirar a ese hombre, pero no lo logró. Buscaba en su rostro algo de lo que no estaba segura. ¿Arrepentimiento? ¿Amor?
-No me mires así -dijo él.
Esas palabras encendieron su ira.
-No te preocupes. ¡De ahora en adelante no pienso mirarte en absoluto!
-Un momento, ¿a dónde vas?
Pedro fue a agarrarla, pero ella lo evitó.
-A tomar un taxi que me lleve a mi casa. Esto se acabó.
-Si quieres irte a casa, yo te llevaré.
-No, no lo harás.
En ese momento fue él el que se enfadó.
-¿Qué es lo que quieres de mí? Te he regalado tus cosas favoritas y sigue sin ser suficiente. Te estoy ofreciendo a mi hija y sigue sin serlo.
Pero él no le había ofrecido lo único que ella quería por encima de todo lo demás. Amor. Su amor.
-Es cierto -le dijo-. ¡No es bastante! Desde que te quedaste con Alma no paras de decirme que te tomas en serio tus responsabilidades, pero eso es mentira. Solo has querido jugar a ser papá por unas semanas. Ahora te estás encontrando mejor y ya estás buscando más excitación en tu vida. Ya quieres irte por ahí de nuevo. Nunca te ha importado cómo le pueda afectar a Alma. Y no me digas que ese es tu trabajo, o que te reclaman. Ya que no son los marines los que te están llamando para que vuelvas al servicio activo, ¿verdad? No, eres tú. Es algo dentro de ti que te hace salir corriendo cuando las cosas amenazan con afectarte demasiado. Cuando la cosa se pone demasiado emocional. Porque Dios no permita que el malo y gran marine tenga un corazón, que un guerrero pueda llorar.
-Un guerrero no llora nunca -dijo él firmemente.
-No, solo hace llorar a otros.
Paula se alejó entonces sin mirar atrás.
-He traído chocolate -dijo Zaira cuando entró en casa de Paula una hora más tarde.
Paula la abrazó.
-Gracias por venir enseguida.
-¿Estás de broma? ¿Para qué están las amigas? Tú has hecho lo mismo por mí. ¿Sabes? No puedo evitar pensar que parte de esto es culpa mía. Debería haberte recomendado que te pusieras un hábito de monja o algo así, en vez de ese vestido tan sexy.
-No hubiera importado lo que llevara. No me puedo creer que haya caído de esa manera. He sido una estúpida, ¿no?
-No eres estúpida -le dijo Zai cuando entraron en el salón-. Estás enamorada. Es cierto que a veces es lo mismo, pero no es culpa tuya. No puedes elegir de quién te enamoras.
-No veo por qué no.
De camino al sofá, Paula tomó unos pañuelos de papel para enjugarse las lágrimas.
-La verdad es que yo tampoco. Solo sé que en la vida no parece ser así siempre.
Una vez instaladas, Paula tomó un bombón de la caja.
-Mmm, chocolate con crema de limón dentro.
-No me puedo creer que Pedro haya tenido el valor de decirte que quiere que tú cuides de Alma mientras él vuelve al servicio activo.
-Es más listo que eso. No creo que pretendiera decirme que estaba tratando de volver al servicio activo. Se le escapó. Fui una tonta al creer que él me podía amar.
-Y él es un tonto por no amarte.
-No estoy segura de que Pedro sepa amar. No estoy segura de que se permita amar.
-Entonces, él se lo pierde.
Capitulo 37 ♥ - Dulce Reencuentro♥
-Lamento llegar tarde. Alma ha tardado mucho en vestirse para que la dejara en casa de la niñera. No nos hemos podido ir hasta que no ha encontrado sus zapatos de charol negros. No ha querido ponerse otros. Luego, ha tenido que ponerle unos zapatos iguales a su oso de peluche. Pensé que no íbamos a salir nunca de casa.
Pedro la vio mirando su uniforme y esperó que ella no pensara que estaba siendo pretencioso por ponérselo. La verdad era que no tenía ningún traje. Nunca había tenido necesidad de uno. Y, dado que el restaurante al que iban a ir esa noche era de los de chaqueta y corbata, o iba de uniforme de gala o nada.
Entonces se sobrepuso a su propio nerviosismo lo suficiente como para darse cuenta de lo que llevaba ella. No podía quitar los ojos de Paula. Ese vestido negro se pegaba a sus curvas como la mano de un amante. Y sus piernas… Esperó no marearse. Eran unas piernas eternas. Se quedó sin habla.
-Hum -dijo Paula humedeciéndose los labios nerviosamente-. Yo estoy lista.
-Yo también -logró decir él-. Estoy listo para esto.
La hizo levantar la barbilla y rozó los labios contra los de ella. Sabía tan bien como parecía. La verdad era que había pretendido darle un beso rápido de bienvenida, pero sus buenas intenciones volaron cuando ella respondió.
Paula le acarició la barbilla, saboreando la sensación de su cálida piel contra los dedos. No se pudo creer lo perfecto que fue el beso, lo delicioso que era saber que él la deseaba. Parecía saber exactamente cómo agradarla, dónde tocarla, cuándo profundizar la presión de su boca sobre la de ella, cuándo añadir un tentador empujón de su lengua.
En sus brazos, ella se transformó en una persona distinta, en alguien capaz de levantar la pasión de un hombre atractivo y poderoso como Pedro. Ya no era la insegura adolescente que nunca había experimentado el amor. En vez de eso, era una mujer que confiaba en su atractivo y en su propia femineidad.
Entonces le gruñó el estómago. No era un sonido muy romántico y la sorprendió tanto que se apartó y lo miró avergonzada.
-Lo siento. No he almorzado…
Aquello era demasiado hasta para una mujer confiada en su atractivo y vestida para matar.
-No te avergüences -murmuró él.
Le tomó la mano y se la llevó a los labios.
-Yo también tengo hambre -añadió.
La forma en que la miró le indicó que tenía hambre de ella, no de comida.
Tomó su chaqueta y le dijo:
-Mejor nos vamos ya.
-Afirmativo.
Durante el trayecto estuvieron hablando, pero Paula fue luego incapaz de recordar de qué. Una vez dentro del ascensor que los llevaría al piso noventa y cinco del edificio, se agarró a Pedro más por estar junto a él que porque temiera por su seguridad.
Era una noche clara y la vista desde la mesa donde los instalaron era impresionante. Casi tanto como Pedro con su uniforme azul. Había visto como lo miraban las demás mujeres presentes, pero esa noche él era todo suyo.
Darse cuenta de eso le puso difícil concentrarse en otra cosa que no fuera Pedro. Ni siquiera se dio cuenta de lo que comían.
El postre fue una decadente mousse de chocolate, pero no tan decadente como el beso que habían compartido en su casa. La estaba tratando como si ella fuera una mujer a la que deseara realmente, una mujer especial para él.
La perfecta velada continuó cuando volvieron al exterior. No había brisa del lago esa noche para enfriar el ambiente, así que las calles estaban llenas de gente disfrutando de esa inusualmente cálida noche de abril.
Cuando cruzaron Michigan Avenue, donde Pedro había aparcado, pasaron por la histórica Water Tower de Chicago y la hilera de carruajes que esperaban allí a los turistas.
Paula se rió y le confesó:
-Cuando yo era niña, solía imaginarme que alguna de las calabazas de Halloween se transformaría en la carroza de Cenicienta, con sus correspondientes caballos blancos.
-Allí hay un caballo blanco -dijo él señalándole uno-. ¿Le importaría acompañarme a un paseo en calesa, señora?
-No he querido decir que… No estaba buscando que me invitaras.
El le puso el dedo índice en los labios para hacerla callar.
-¿Sí o no?
Él sonrió como si le gustara que ella le dijera que sí, como si quisiera que lo dijera más a menudo.
Justo cuando estaban ya en la calesa, saltó la brisa del lago, haciendo que la temperatura bajara, así que ella se apretó contra Pedro para calentarse.
Él la hacía sentirse muy segura y protegida. La hacía creer que los cuentos de hadas podían hacerse realidad.
Seguramente aquello era el paraíso.
Ni en sus sueños más alocados podía haberse imaginado dar un romántico paseo en calesa con Pedro.
El cochero se tuvo que aclarar varias veces la garganta para que se dieran cuenta de que el paseo había terminado.
Pedro salió el primero y le ofreció la mano. Ella se sintió de nuevo impresionada por lo poderoso que parecía.
-¿Sabes? -le dijo-. Esta noche, todas las mujeres del restaurante te estaban mirando.
-Seguramente se estarían preguntando por qué estabas cenando con un marine herido.
-¿Te molesta la cojera? -le preguntó ella.
-¿Y a ti?
Ella le acarició la mejilla.
-Solo por el daño que ha tenido que hacerte. Por ninguna otra razón.
-Va mejorando. Mucho más de lo que se esperaban los médicos. He estado haciendo el doble de la terapia física para poder volver…
Pedro se calló como si ya hubiera dicho demasiado.
-¿Volver?
La mano de ella cayó a su costado como si fuera de piedra.
-No te estarás refiriendo a volver al servicio activo, ¿verdad?
Los muy controlados rasgos de él no indicaron nada, pero aún así, ella pudo leer algo en sus ojos, como si no supiera qué decir.
Ella levantó la voz según la invadió el pánico.
-¡No me mientas! Es eso, ¿no? Realmente te estás preparando para volver al servicio activo.
-Es mi trabajo.
-¿Y quién te crees que va a cuidar de Alma mientras tú estás jugando a hacer el marine?
Pedro no tuvo que darle una respuesta verbal. Paula podía ver esa respuesta en su rostro. Era una respuesta que le dolió más a cada latido de su corazón.
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siguee..
jueves, 9 de enero de 2014
Capitulo 36 ♥ - Dulce Reencuentro♥
-¿De la misma manera que casi habías olvidado por completo a Pedro hasta que apareció en tu clase?
Paula miró suspicazmente a su amiga.
-¿Y si me he equivocado al pensar que solo me ha pedido que me case con él por Alma? ¿Y si él está empezando a sentir por mí lo mismo que yo siento por él?
-¿Y qué es?
-Que él es mi hombre. Que siempre lo ha sido. Creo que tú tenías razón. La verdadera razón por la que no pude aceptar la proposición de Agustin fue porque realmente nunca pude superar lo de Pedro.
-¿Yo dije eso?
-Lo hiciste. Mientras nos comíamos unas hamburguesas con queso, después de que Pedro me besara la primera vez.
-¿La primera vez? ¿Así que te ha besado más de una vez?
-Me besó después de proponerme matrimonio y que yo le dijera que no.
-No me cabe duda de que esperaba convencerte para que dijeras que sí.
Paula asintió.
-Pero yo no se lo dije.
-Hasta que te regaló un dragón.
-No fue solo el dragón, sino todo lo que representa.
-¿Tu infancia perdida? -le preguntó Zai sonriendo.
Paula agitó la cabeza y sonrió esperanzada.
-Mis sueños perdidos.
-¿Cómo te va la batalla? -preguntó Nan-. ¿Has ganado ya la guerra?
-Todavía no, pero estoy cerca de mi objetivo -respondió Pedro-. Aunque hay todavía unos cuantos detalles de logística que solucionar.
-¿Como cuáles?
-Como a dónde llevarla esta noche.
-¿Esta noche? No me das mucho tiempo, Alfonso.
-Tú piensas rápido, Paz. Así que empieza a pensar.
-¿Qué quieres? ¿Algún sitio íntimo, con velas, comida francesa…?
-La única comida francesa que me gusta son las patatas fritas a la francesa.
-Borra eso entonces.
-Estaba pensando en llevarla a ese restaurante que hay en lo más alto del edificio John Hancock. ¿Has estado alguna vez allí?
-Sí. Buena carne y una gran vista.
-¿Crees que la debo llevar allí?
-Demonios, Alfonso, ¿desde cuándo me preguntas a mí a dónde has de llevar a tus chicas? Esta mujer te ha afectado realmente. Nunca pensé que fuera a ver el día.
-Claro, anda y ríete. Solo espera a que alguna mujer se te meta bajo la piel.
-Muchas mujeres se me han metido bajo la piel -respondió Nan-. Es por eso por lo que nunca he podido sentar la cabeza solo con una. Además, ya sabes lo alta que está la tasa de divorcios en los marines. Las mujeres no se suelen tomar muy bien eso de que primero seamos marines y luego maridos.
-Ya lo sé, pero Paula es diferente.
-Lo tiene que ser para haberte llamado la atención. ¿Y cómo te va lo de ser padre?
-Nunca le digas a una niña de tres años que salga y dé unas cuantas patadas en los traseros de los demás. Se lo toman muy al pie de la letra.
Luego Pedro le contó abreviadamente el episodio del baile de Alma.
Nan se rió con ganas.
-Por lo menos no le dijiste que los hijos de los marines son rudos y pueden masticar clavos. Mi padre siempre nos lo dijo a mis hermanos y a mí.
Nan era de familia de marines y su experiencia era muy distinta de la de Pedro. A veces él pensaba que era un milagro que fueran amigos, pero ser marines los había unido. Eso y un especial sentido del humor.
-No te olvides de invitarme a la boda -le dijo Nan.
-No me casaría sin que estuvieras presente, camarada.
-Eso tenlo por seguro. Solo recuerda que es por mí por lo que estás donde estás hoy en día.
-¿Con una pierna herida y dando clases a unos calamares?
-Me refiero a Paula. Ha sido mi sabiduría y mi guía las que han llevado al éxito esta operación.
-La batalla todavía no está ganada. Todavía no me ha dicho que sí.
-Lo hará, Alfonso. Lo hará.
Conociendo la precisión militar de Pedro, sobre todo en lo que se refería a la puntualidad, Paula miró preocupada el reloj. Llegaba cinco minutos tarde. ¿Y si le había pasado algo?
Él no le habría pedido salir solo para darle plantón.
Eso le dio una pista de lo mucho que confiaba en Pedro. Era un hombre honorable que afrontaba sus responsabilidades. Si decía que iría, iría.
Entonces sonó el telefonillo. Era Pedro.
La última vez que él había ido a su casa, se había saltado el sistema de seguridad cuando se encontró con el señor Sanders, que vivía al final del pasillo y había sido marine durante la guerra de Corea.
Esos pensamientos evitaron que le entrara el pánico con la longitud o falta de ella del vestido. Abrió la puerta y vio a Pedro. Aquella era la cuarta vez que lo veía con su uniforme azul, pero el impacto era todavía sobrecogedor.
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Bueno aca apareci! espero les guste la maraton comenten aca en el blog o en mi tw @meli_pauliters! Hice esta maraton xq nose cuando vuelvo a subir! Mi perrito ta enfermito y mañana lo traen, tubo internado, asiq pasare todo mi tiempo con el, ojala q n se valla al cielo! ojala y sea una enfermedad q se pueda curar, tniendo solo 1 añito mi bebito! bueno nada hasta pronto! chauu!
Capitulo 35 ♥ - Dulce Reencuentro♥
-Me voy de la ciudad por un fin de semana y, cuando vuelvo, me encuentro con que has dejado a Maxi y estás saliendo con Pedro Chico Malo Alfonso. ¡No me lo puedo creer! –dijo Zai pasando una pierna por encima del brazo del sillón favorito de Paula.
-Deja de quejarte y ayúdame a encontrar algo que ponerme -respondió Paula desde dentro del armario.
-Incluso estás empezando a parecerte a él.
Paula salió con dos vestidos.
-¿Cuál te gusta más?
-El primero te hace parecer una profesora y terminarás poniéndote el segundo te diga yo lo que te diga.
-No me estás ayudando. ¿Qué me pongo?
-¿A dónde te va a llevar?
-A cenar.
-¿Dónde? ¿Donde siempre vamos?
-No se lo he preguntado.
-Primer error -murmuró Zai.
-Creía que habías dicho que mi primer error fue decirle que sí.
-Y habiendo cometido ese error, empeoras las cosas al no preguntarle a dónde vais a ir.
-Creo que dijo que íbamos a ir a un sitio que está bien.
-¿Crees que dijo?
-Yo todavía estaba atontada por todas esas cosas maravillosas que me regaló -dijo Paula señalándole todo lo que había dejado sobre el vestidor-. Un dragón, Zai. Me ha regalado un dragón.
-Eso ya llevas tres horas diciéndomelo.
-No ha sido tanto… -dijo Paula y miró su reloj-. ¡Oh, no! ¡Llegará dentro de dos horas y todavía no me he arreglado el cabello!
-No te dejes llevar por el pánico.
Zai se metió en el armario y salió poco después con un vestido.
-Creo que deberías ponerte esto.
Era un vestido negro sin mangas que todavía tenía la etiqueta con el precio. Paula no se lo había puesto nunca porque era el más corto que tenía y nunca se había atrevido.
-¿No crees que es demasiado…?
-Por supuesto que es demasiado. Es por eso por lo que debes ponértelo esta noche. Es chic y elegante. Muy del estilo de Audrey Hepburn. Y sí, es más corto que todos los demás que tienes, pero yo creía que querías que Pedro se fijara en ti, ¿no?
-Sí.
-Entonces, póntelo. Y también esos zapatos de tacón alto.
-Esos me los hiciste comprar tú.
-Menos mal, porque serán como dinamita con este vestido. Muy bien, ya que hemos decidido esto, cuéntame de nuevo por qué dejaste a Maxi por Pedro.
-Yo no dejé a Maxi. Decidimos mutuamente que no hacíamos buena pareja y eso fue hace ya semanas. Y no estoy saliendo con Pedro. Esto es solo una cita. La única que he tenido nunca con él.
-Pero estás pensando que esto puede ser como esa fiesta de graduación que te perdiste, ¿no?
-No. Él me ha regalado un dragón, Zai. Se acordaba de lo mucho que yo lo había querido entonces, te lo juro, yo nunca le dije nada a él. ¿Cómo podría? Casi lo había olvidado yo misma
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Capitulo 34 ♥ - Dulce Reencuentro♥
Pero Paula no le permitió llegar muy lejos.
-Quieto. Tú no vas a ninguna parte. Ahora vas a aprender cómo arreglártelas con esto para la próxima vez. Así que mira y aprende. Siéntate aquí, al otro lado de Alma y sujeta así el resto de su cabello.
Para ser un hombre al que no le gustaba recibir órdenes de los civiles, él la obedeció rápidamente. Paula no tardó mucho en darse cuenta de que posiblemente aquello no había sido muy buena idea. Pedro estaba lo suficientemente cerca como para poder sentir su calor.
De repente, se sintió tremendamente torpe. El cubito de hielo se deslizó de entre sus dedos y fue a aterrizar… en el regazo de Pedro.
Lo que no hubiera estado tan mal si él hubiera llevado unos vaqueros en vez de unos pantalones color caqui. Cierto que él no gritó y se puso en pie. En vez de eso, la miró fijamente. Ella se ruborizó y trató de que él no se diera cuenta de lo avergonzada que se sentía.
Pero fue imposible.
-Creo que esto es suyo, señora -le dijo él poniéndole el cubito de hielo en la mano.
El contraste entre el frío hielo y la calidez de su mano le pareció algo extraordinariamente sensual. La excitación le corrió por las venas como un buen vino.
-Yo, uh… Creo que lo intentaré con un nuevo cubito.
Dejó el que él le había dado en una palangana y tomó otro, sintiendo la tentación de pasárselo por las mejillas acaloradas.
-Tienes que hacer esto hasta que el chicle se despegue y luego se lo quitas del cabello con cuidado -le dijo.
Cuando terminaron, fueron a acostar a Alma. A Paula le costó separarse de la niña.
-Ya está dormida -dijo.
Entonces se dio cuenta de que Pedro había bajado las luces y había encendido algunas velas. También había puesto un disco de Génesis.
-¿Qué crees que estás haciendo?
-Estoy tratando de seducirte -respondió él inmediatamente-. ¿Lo estoy haciendo bien?
Ella tuvo que reírse por semejante candor y por la mirada de esperanza de los ojos de él. Ese era un nuevo Pedro, uno al que no estaba segura de poder resistirse. Rechazar al marine autoritario había sido fácil. Pero ese hombre ejercía una cierta magia sobre ella.
-¿No me está saliendo bien? -insistió él-. ¿Y esto?
Le dio un gran paquete de regalo.
-¿Qué es?
-Míralo y descúbrelo.
Ella lo hizo y no se pudo creer lo que encontró. Una bolsa de patatas fritas. Incluso eran de la marca que le gustaba. Pero también había más. Un disco con los grandes éxitos de Génesis. Y un dragón de juguete con una gran sonrisa. Pasó un dedo sobre esa sonrisa.
Pedro rompió el silencio con una voz muy suave.
-¿Recuerdas en el carnaval de Halloween en el colegio lo mucho que tú querías ganar un dragón? Pero nunca lo conseguiste.
A ella le sorprendió que Pedro se acordara. Ella debía tener unos ocho años entonces y, por supuesto, su padre no se lo había regalado, aunque se lo prometió.
-¿Te gusta?
Ella asintió, la emoción que la embargaba era demasiado grande como para poder expresarla con palabras.
-Más de lo que lo puedo decir.
-También hay helado de vainilla en el congelador. ¿Quieres?
Ella se tragó el nudo que tenía en la garganta y agitó la cabeza.
-Ahora no, gracias.
-¿Lo he hecho bien? Me refiero a lo de tus cosas favoritas…
-Sí, has dado en el clavo. No sé qué decir.
-Di que saldrás conmigo el viernes por la noche. Solos los dos. Conseguiré una niñera para Alma. Vamos -le dijo él con su mejor sonrisa de chico malo -. Di que sí.
Ella miró el dragón. Allí estaba ella, al cabo de todos esos años, con Pedro y el dragón a su alcance. ¿No sería eso una señal? Tal vez aquello significara que tenía una oportunidad de ser feliz, después de todo. Lo único que tenía que hacer era agarrarla con las dos manos.
-Sí -dijo.
-No te arrepentirás -le prometió Pedro.
Paula esperó sinceramente que no, ya que no sabía si podría soportar más promesas rotas.
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Capitulo 33 ♥ - Dulce Reencuentro♥
-Yo siempre seré tu amiga y, si me necesitas, te ayudaré. Siempre habrá alguien que cuide de ti. Cuando tu padre esté trabajando, Lisa, Tawanna y yo cuidaremos de ti.
-Quiero que mi papá y tú cuidéis de mí.
Paula asintió.
-Está bien.
Alma sonrió satisfecha por la respuesta de Paula y se fue con su amiga Ana.
Paula la observó y deseó que a ella le resultara igual de fácil tranquilizar sus propios miedos.
Más tarde, ese mismo día, Alma estaba dibujando tres figuras.
-Mi familia -le dijo orgullosamente a Paula cuando se las mostró-. Papá, tú y yo.
Esta vez el dolor pilló por sorpresa a Pau. Lo mismo que la intensidad con la que quiso que fuera realidad lo que esa niña de tres años había representado, una familia, una familia que la amara.
Tan pronto como acostó a Alma esa noche, Pedro llamó a los refuerzos. A Tawanna.
-Ya has tardado -le dijo ella.
-Bueno, no sé lo que te ha dicho Paula…
-Nada. Pero aunque lo hubiera hecho, yo no voy por ahí contando las confidencias que me hacen.
-Y yo no te pediría que lo hicieras. Solo estoy pidiendo consejo.
-Eso muestra que tienes sentido común.
-Gracias.
-Recuerda que un poco de romance nunca viene mal. Yo salí una vez con un soldado. Del ejército de tierra.
Pedro parpadeó, pero no la corrigió diciéndole que un marine no era un soldado. Él era un marine.
-Él era… demasiado práctico. No tenía nada de alma, ¿entiendes?
-La verdad es que no.
-Tienes que hacer que Pau vea lo importante que es para ti. Tan importante como, digamos, los marines. ¿Crees que lo puedes hacer?
Pedro pensó que eso debía entrar en la parte de adaptarse de su lema. No era que Paula no fuera importante para él, porque sí que lo era. Pero nada había jugado hasta entonces un papel tan importante en su vida como el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Era marine desde hacía doce años. Solo llevaba un mes siendo padre. Y solo llevaba una semana queriendo ser marido. Pero si quería cumplir su misión, iba a tener que actuar según la información que le estaban dando.
-Lo puedo hacer -declaró sin la menor duda.
La noche siguiente, Pedro llamó a Paula.
La excusa fue que Alma tenía algo parecido a chicle en el pelo.
-¿Puedes venir a ayudarme? -le preguntó.
-No es necesario. Te puedo decir lo que tienes que hacer desde aquí mismo.
-Solo he logrado empeorarlo con cada cosa que he intentado.
-Si esto es solo una excusa para que vaya a tu casa, lo vas a lamentar de verdad -le advirtió ella.
-¿Vas a venir?
-Muy bien. Pero no me voy a quedar más tiempo del necesario.
Lo cierto fue que, cuando Paula vio lo que tenía Almita en el pelo, se sintió mal por sospechar de Pedro.
-Necesito tijeras y un cubito de hielo -le dijo a Pedro y luego se dirigió a Alma-. No te preocupes, esto lo vamos a solucionar enseguida.
Pedro le dio lo que pedía y le dijo:
-Os dejo solas.
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SIGUE..MARATON!♥Capitulo 32 ♥ - Dulce Reencuentro♥
-Aunque eso se lo podías haber preguntado a ella misma.
-Negativo. Y no le digas que te lo he preguntado, ¿de acuerdo?
Lisa se acercó más a él y le susurró:
-¿Así que esta es una operación encubierta, no?
Pedro asintió.
-Afirmativo.
-Mis labios están sellados. ¿Vas a hablar también con Tawanna?
-Más tarde.
Pero antes de que se pudiera marchar, se acercó Tawanna.
-Espero que no vayas a portarte como un cerdo -le dijo la mujer.
-¿Perdón?
Tawanna puso los brazos en jarras.
-He visto a Lisa ligando contigo.
-Entonces habrás visto también que yo no lo estaba haciendo con ella.
-Solo quería estar segura de eso.
-Puedes estarlo. Yo estoy interesado en Paula. Y podría venirme bien tu ayuda.
Tuvo la sensación de que ponerse a merced de esa mujer iba a servirle de algo, y así fue.
-Ya era hora de que me lo pidieras. Pero no podemos hablar aquí. Te daré mi número de teléfono para que me llames.
Sacó del bolso papel y un bolígrafo y se lo escribió.
Paula no se pudo creer lo que estaba viendo. Primero Pedro hablando con Lisa y luego con Tawanna. ¿Ese hombre no tenía conciencia? ¿Qué estaba haciendo? ¿Les estaba pidiendo que se casaran con él ahora que ella le había dicho que no? ¿Era ella tan fácilmente reemplazable? Parecía que a él no le importaba que tuvieran diecinueve años o cincuenta, que fueran asiáticas o afro americanas. Quería una esposa.
Muy bien, seguramente se estaba pasando. Iba a tener que preguntarles a Lisa y Tawanna de qué habían hablado con él.
-No lo recuerdo -le dijo Lisa, a pesar de que había hablado con él hacía solo unos minutos-. No era nada importante.
Pero apartó la mirada como si le estuviera ocultando algo importante.
Tawanna fue igualmente evasiva.
-¿De qué hablamos? De nada. Y no estuvimos hablando más que uno o dos segundos.
-Te vi darle un papel.
Tawanna se encogió de hombros.
-Era un libro que le he recomendado.
-¿Sí? ¿Cuál?
-¿A qué viene este interrogatorio, chica? ¿Está pasando algo que yo debiera saber?
-No.
Paula no estaba dispuesta a confesarle que Pedro le había pedido matrimonio. Sus sentimientos estaban aún demasiado confusos, eran demasiado contradictorios. Una parte de ella quería creer que él la quería a ella y no a otra. Y otra parte de ella deseaba correr en dirección contraria para no resultar herida.
-Pau, pareces triste -le dijo entonces Almita apretándole la mano-. Yo también estoy triste.
Paula se arrodilló a su lado.
-¿Por qué estás triste, Almi?
-Porque fui mala y le di una patada a esas chicas en el ballet. Dar patadas es malo.
-Dar patadas es malo. Sobre todo para los que las reciben. Podías haberles hecho daño.
-Soy mala.
-Has hecho algo malo, pero no eres mala. Dar patadas es malo.
-¿Me va a devolver papá? -susurró la niña.
-Oh, querida, de eso nada. Tu padre te quiere mucho -dijo Paula abrazándola.
-Mamá me dejó cuando se murió. Yo no quiero que papá me deje.
-El no te va a dejar.
-¿Y tú?
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Capitulo 31 ♥ - Dulce Reencuentro♥
-Improvisar, sobreponerse y adaptarse. Esos son mis lemas -le dijo Pedro a su amigo Nan cuando lo localizó por teléfono unos días más tarde.
Lo había llamado en busca de consejo, pero su amigo lo que le estaba dando era desánimo.
-¿Estás pensando en un plan de batalla para cortejar a una mujer?
-¿Y cuál es la diferencia?
-Demonios, Paz, eres peor de lo que pensaba. Le has propuesto eso a Paula y ella no ha reaccionado bien, ¿no?
-Yo nunca antes había tenido que perseguir a una mujer -dijo Pedro-. ¿De qué te ríes?
-De tu habilidad para meter la pata. Así que me llamas porque, como yo no tengo tu naturaleza encantadora, yo sí que he tenido que perseguir a las mujeres, ¿no? Tienes suerte de que no sea un tipo sensible, si no, me sentiría insultado.
-No estás en un entrenamiento especial del Comando de Perfeccionamiento en Combate del Cuerpo de Marines por ser un tipo sensible. Eres listo y sabes cómo sacarle a la gente lo que quieres.
-Lo mismo que tú.
-Ella es una civil. No le puedo ordenar que se case conmigo. Bueno, sí puedo, pero ella no responde bien a las órdenes.
-Sorpresa, sorpresa. No me extraña que tu misión no haya tenido éxito.
Pedro apretó los dientes.
-Tú nunca has tenido que trabajar duramente para conseguir gustarle a una mujer, y lo cierto es que no tengo ni idea de a qué se debe tu popularidad entre ellas.
-Hey, eso funciona por los dos lados. Yo tampoco tengo ni idea de lo que ven las mujeres en ti, a no ser que tenga algo que ver con la cosa misteriosa, oscura y solitaria en que te has transformado. Pero al parecer, eso no funciona con esa mujer en particular.
-Eso es.
-¿Entonces qué funciona?
-Besarla.
-¿Eso es?
-Y hacer que pase la vida con Alma.
-Entonces sigue con eso -le dijo Nan-. Llévale unas flores, dile algunas cosas románticas y ya está. Aunque no entiendo muy bien por qué te quieres meter en la institución del matrimonio. Ya sé, ya sé, me has dicho que es por tu hija. Pero me sigue costando muchísimo imaginarte como marido.
Pedro no le quiso decir que él estaba teniendo ese mismo problema.
-Solo ten esto en mente, Alfonso. El romance es un campo de batalla lleno de minas, y tienes que ir con cuidado o reventarás en pedazos.
-Eso ya lo he descubierto yo solo.
-Entonces, adelante con el juego. Buena suerte, compañero -dijo Nan riéndose-. Tengo la sensación de que la vas a necesitar.
Al final, Pedro decidió seguir con lo que él conocía, las tácticas de combate de los marines. Tenía que infiltrarse en el territorio enemigo y conseguir información, buscar una debilidad y utilizarla.
Así que lo primero que hizo a la mañana siguiente fue hablar con las compañeras de trabajo de Paula de una en una.
Primero habló con la más joven, se llamaba Lisa. Lo hizo cuando Alma se fue a hablar con Paula, no tenía mucho tiempo, así que fue directo al grano.
-Dime cuáles son las cosas favoritas de Paula. ¿Qué le gusta?
-Los marines vestidos de azul -respondió la chica sonriendo y mirándolo provocativamente-. Y no es la única.
Aquella preciosidad le estaba dando luz verde, pero él no sintió nada. Curiosamente, no sentía nada. Si no fuera por el hecho de que con Paula su cuerpo sí reaccionaba, podría pensar que la bala de ese francotirador le había afectado en algo más que en la pierna.
Si estuviera buscando a alguien con quien casarse solo para que cuidara de Alma, Lisa estaría bien. Pero decirle eso a Paula no le serviría de nada. Posiblemente tampoco serviría de mucho decirle que se quería acostar con ella. No, tenía que seguir con eso del cortejo.
-Yo solo quiero saber cosas de Paula -le dijo secamente.
-Bueno… -dijo Lisa mordiéndose el labio inferior-. Ella es leal y sincera. Su helado favorito es el de vainilla, es alérgica a los moluscos, le gustan las patatas fritas y es una gran fan de Génesis. ¿Te sirve eso?
-Es un principio, gracias.
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Capitulo 30 ♥ - Dulce Reencuentro♥
-Esta es mi casa y aquí como lo que me da la gana -respondió ella.
Pedro la siguió.
-Claro que puedes comer lo que quieras.
A pesar del abrazo que habían compartido, ella no se dejaba engañar. Sí, definitivamente, había una poderosa atracción entre ellos. Pero eso no significaba que él se hubiera enamorado repentinamente de ella.
No, le había propuesto matrimonio para tener a alguien que cuidara de su hija.
De acuerdo, también era posible que quisiera hacerla su esposa porque se sintiera un poco culpable con lo que había sucedido la noche que hicieron el amor. Pero la razón principal era por Alma.
No debería culparlo por amar a su hija. Ni tampoco debía dolerle tanto que no la amara a ella. Lo que tenía que hacer era rechazarlo.
-No me voy a casar contigo -le dijo por fin.
-¿Por qué no?
-Porque no quiero.
-¿Me estás diciendo que no me deseas?
Negar eso era una tontería. Y le daría la excusa justa para que la volviera a besar.
-No, solo estoy diciendo que no me quiero casar contigo.
-¿Por qué no? -repitió él.
Ella lo miró irritada.
-Mira, una propuesta de matrimonio requiere un simple sí o no como respuesta. Y yo te he dicho que no.
-Ahora estás sonando como una profesora.
-Es que lo soy.
-Y no te lo estoy echando en cara.
-Muy amable por tu parte.
Pedro se dio cuenta de que estaba realmente enfadada. Él no solo era generoso, sino que también podía ser paciente. Cuando la cosa merecía la pena.
Estaba decidido a ganar al final.
Ella no le había dicho que no por su cojera. No lo encontraba físicamente poco atractivo, lo que era un gran alivio. Él sabía que un marine herido como él no era un buen partido, pero también sabía que a ellos dos les podía ir muy bien juntos. Más que bien. Increíblemente bien.
Pero tenía que saber lo que le pasaba por la cabeza a ella, cosa que nunca le había resultado fácil con las mujeres.
Estaba claro que ella lo deseaba. Ese beso casi le había producido un ataque al corazón.
¿Por qué no querría ella casarse con él? Esa sería la solución perfecta para los dos. Ella tendría la familia que tanto parecía desear y él tendría a alguien que podía ayudarlo a cuidar de Alma.
Era un plan perfecto y Paula solo necesitaba tiempo para irse haciendo a la idea. O para que él la hiciera hacerse a la idea, que se la pusiera tan atractiva que no pudiera seguir rechazándolo.
-Sé por qué estás haciendo esto -le dijo ella.
-¿Por qué?
-No me has propuesto matrimonio porque me ames, porque te hayas puesto romántico de repente y veas que tenemos un futuro juntos. No, lo has hecho por la sencilla razón de que quieres que alguien se ocupe de Alma en tu lugar.
No había nada de sencillo en sus sentimientos hacia Paula. Y estaba muy claro que a ella no le hacía ninguna gracia pensar que le había propuesto matrimonio por Alma. Eso lo podía entender. Paula necesitaba sentirse necesitada por ella misma. Necesitaba ser… cortejada.
Así era como la iba a ganar. Cortejándola.
Aunque no tenía ni idea de cómo hacerlo. En el pasado, sus relaciones con las mujeres habían sido muy directas por ambas partes, era una búsqueda de un buen rato sin ninguna atadura. Pero iba a averiguar todo lo que se pudiera saber sobre cortejar a una mujer. Esa sería su misión. Y se la tomaría con toda la dedicación y decisión de un marine profesional. Lo podía hacer y lo haría.
-Creo que deberías marcharte -le estaba diciendo Paula mientras se dirigía a la puerta. Luego se la abrió indicándole claramente lo que quería que hiciera.
-Muy bien, me marcho. Volveré.
Necesitaba algo de tiempo para hacer unas investigaciones. Él no era precisamente un experto en eso, pero su amigo Nan sí que lo era.
-No te molestes.
-No es molestia, señora. Será un placer convencerte.
-Eso no va a suceder.
Pedro sonrió.
-Ya veremos.
Paula le dio con la puerta en las narices.
Pedro se volvió y vio que la señora Leibowitz lo estaba mirando por una rendija de su puerta, así que le dijo alegremente:
-Este marine se va a casar con su vecina. ¿Le gustaría asistir a la boda, señora?
La señora Leibowitz tragó saliva indignada y cerró la puerta.
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Capitulo 29 ♥ - Dulce Reencuentro♥
No importaba lo que ella dijera, para Pedro era como si la historia se repitiera. Él complicando las cosas. Se sintió como si tuviera quince años de nuevo y fuera un notable buscalíos al que ya le habían advertido que no terminaría bien. Había tenido sexo con Paula estando borracho. Y, a pesar de lo que ella decía de que no la había obligado, dudaba que aquello hubiera sido idea de ella. No, había sido él quien había empezado y luego había desaparecido. ¿Y si ella se hubiera quedado embarazada?
El hecho de que él no recordara los detalles no era excusa. Sí había sabido que habían estado juntos, aunque no cuánto. Cuando volvió del campamento, la había evitado. En eso ella tenía razón. No había querido enfrentarse con lo que pudiera haber pasado. Así que lo había dejado a un lado, y a ella también.
Aquello no tenía nada de honorable.
Pero eso había sido hacía doce años. Ahora tenía una segunda oportunidad de hacer lo correcto. Podía casarse con ella.
Llevaba ya una temporada pensándolo, pero el hecho de no tener nada que ofrecerle lo había desanimado. Pero ahora que sabía de su incapacidad para tener hijos, tenía algo que ofrecerle. O alguien. A Alma.
Sabía lo mucho que Paula quería a su hija. Lo podía ver cada vez que estaban juntas.
Sería la solución perfecta. Tanto para él como para Paula. Y no era que la encontrara precisamente físicamente repulsiva. Todo lo contrario. La atracción seguía entre ellos. Ese beso que habían compartido lo demostraba. Y él la había pillado una o dos veces mirándolo como miran las mujeres cuando un hombre les interesa.
Ya era hora de poner las cosas en movimiento. Así que lo dijo:
-Cásate conmigo.
Ella lo miró como si se hubiera vuelto loco. Tal vez debiera habérselo trabajado un poco más en vez de soltárselo así. A las mujeres les gustaban las palabras floreadas. Y a él no se le daba muy bien eso.
-¿Estás loco? -respondió ella.
Esa no era precisamente la respuesta que él quería, pero no quiso descorazonarse.
-No, no lo estoy.
-¿Por qué te quieres casar conmigo entonces?
En su mente apareció un cartel de: Peligro, minas. Trató de encontrar una respuesta que no disparara la ira de ella.
-¿Y por qué no iba a querer casarme contigo?
No era la réplica más brillante. Lo único que había logrado era un poco más de tiempo. Y ella parecía como si también lo supiera.
-Eres una mujer atractiva, sexy, e inteligente -añadió él-. Hemos compartido un pasado. También una poderosa atracción. ¿O es que lo vas a negar?
Él esperó que lo hiciera, para poder besarla y demostrarle lo contrario. Así ella se desharía en sus brazos y aceptaría su propuesta. Hey, podía suceder, ¿no?
Ella cayó en la trampa, pero no como Pedro había pensado.
-¿Química? Solo nos hemos besado una vez…
-Eso lo puedo remediar -murmuró él.
La besó con un cariño tal como para asegurarle que estaban hechos el uno para el otro, que no tenía ninguna razón para temerle. Mantuvo contenida su pasión y fue profundizando lentamente la presión de sus labios contra los de ella, invitándola a participar, pero no exigiéndoselo.
Ella se había esperado un acercamiento más fuerte, así que la sorprendió su cariño. Estaba claro que ese beso se profundizaría solo si ella lo permitía. Pensar en tener tanto poder sobre él se le subió a la cabeza. Era ella la que controlaba ese beso. Cerró los párpados y dejó que él la siguiera convenciendo con la boca. La lengua de él le trazó los labios, prometiendo en vez de conquistando. Pero al final, ella fue incapaz de resistir la intoxicante potencia de ese beso. Le rodeó el cuello con los brazos, entreabrió los labios y permitió que él saboreara su respuesta.
Cuando ella hizo eso, la boca de él atrapó por completo la suya. El cuerpo de ella estaba ardiendo cuando la apretó contra el suyo y le deslizó las manos bajo la camiseta. Le soltó el sujetador y le abarcó un seno con la mano, acariciándole el pezón con el pulgar.
Ella gimió de placer mientras seguían besándose y sus lenguas se encontraron. El abrazo se hizo cada vez más íntimo. Los botones del uniforme de él se apretaban contra los senos desnudos de ella.
Gradualmente, el timbre que estaba oyendo sin darse cuenta, creció de intensidad. Pero ahora alguien estaba gritando en la puerta.
-¡Su pizza!
Entonces Paula se dio cuenta de lo que estaba pasando. Se soltó del abrazo de Pedro y se llevó los dedos temblorosos a los labios. ¿En qué había estado pensando?
-Voy en un segundo -le gritó al repartidor que esperaba fuera. Le dio la espalda a Pedro y se abrochó de nuevo el sujetador. Necesitó dos intentos, pero lo logró y también tomó el dinero.
-Una pizza hawaiana mediana con extra de jamón y piña -dijo el chico cuando se la dio.
Ella la pagó, le dio una buena propina y se la llevó a la cocina mientras Pedro le decía:
-¿Piña y jamón en una pizza?
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Capitulo 28 ♥ - Dulce Reencuentro♥
Sabía que se había alistado en los marines porque quería ver mundo, pero también sabía que era por algo más que no le había dicho. Sabía que tenía una hija, pero no conocía las circunstancias que le habían dado vida. Sabía que era un hombre que valoraba el honor, pero no sabía si, para él, ella merecía ese honor.
Terminó el disco que había puesto y entonces se dio cuenta de que estaba sonando el timbre de la puerta. ¡La pizza! Casi se había olvidado de que la había pedido.
-¡Ya voy! -gritó.
Sacó la cartera del bolso y fue a abrir. Llevaba unos pantalones de chándal grises y una camiseta vieja, pero eso no le importaría al repartidor. -Lamento…
Pero no era el repartidor de pizzas. Era el marine. Pedro. Y seguía llevando el uniforme azul. Ella no había tenido en cuenta esa posibilidad, la de que él apareciera delante de su puerta.
-¿Qué estás haciendo tú aquí? ¿Cómo sabías donde vivo? ¿Y dónde está Alma?
-Ella está con una niñera, y sabía dónde vives porque te seguí el otro día desde el restaurante.
-¿Me estabas espiando? -le preguntó ella airada.
-Negativo. Me estaba asegurando de que llegabas bien a casa. ¿Por qué no has contestado al teléfono?
-Creo que eso es evidente -dijo ella sin apartarse de la puerta-. Porque no quiero hablar contigo.
-¿Y te crees que puedes decirme lo que me dijiste y luego marcharte sin más?
-Afirmativo -respondió ella imitándolo.
-Bueno, pues te equivocas.
-No, el que se equivoca eres tú. Esta es mi casa y no eres bienvenido aquí.
La señora Leibowitz, su vecina, entreabrió la puerta sin quitar la cadena. Los miró suspicazmente y dijo:
-¿Estás bien, Paula? ¿Por qué hay un marine delante de tu puerta? ¿Pasa algo malo? ¿Te está atacando o algo así?
-No, señora Leibowitz -le respondió ella-. No hay nada de que preocuparse.
La curiosidad de su vecina y el empecinamiento de Pedro hicieron que ella prefiriera enfrentarse con él en la intimidad de su propia casa, no en el pasillo, así que lo dejó entrar.
-Tienes cinco minutos -le dijo.
Él fue directo al grano.
-¿Por qué no me dijiste desde el principio que habíamos hecho el amor hace todos esos años?
-Porque tú ni siquiera me reconociste al principio. Y, cuando lo hiciste, no mostraste ninguna señal de que te acordaras de lo que pasó entre nosotros.
-Porque yo…
-No lo recordabas. Realmente no necesito oír de nuevo lo olvidable que soy.
-No eras tú. Era yo. Tengo algún recuerdo vago de nosotros en el coche, pero al día siguiente tenía semejante resaca que no confié en esos recuerdos. No pensé que fueran ciertos. ¿Tú, Paula «El cerebro», conmigo? ¿Podía ser? ¿Y qué te iba a decir? Hey, tengo estas fantasías calientes y no estoy seguro de si son reales o no. ¿Cómo de lejos llegamos en el asiento trasero de mi coche? Seguro que eso no te habría gustado.
-¿Y por qué te importa eso?
-Porque tú me importas a mí.
-Sí, claro.
-Quiero que me cuentes exactamente lo que pasó esa noche.
-Olvídalo -respondió ella tan secamente como él.
-Muy bien, entonces responde a mis preguntas. ¿Hicimos el amor en el asiento trasero de mi coche?
Paula asintió.
-¿Eras virgen?
Ella volvió a asentir.
-¿Te obligué yo? ¿Te forcé? ¿Es por eso por lo que estás tan enfadada conmigo?
Esta vez ella agitó la cabeza.
-No. No me forzaste. Yo sabía lo que estaba haciendo. Sabía que no estaba bien, pero no lo pude evitar.
-Y nosotros… hum, ¿usamos alguna protección?
Ella volvió a agitar la cabeza.
-Pensé que tú tendrías algo, pero no. Y yo no pensaba precisamente hacer algo así esa noche.
-¿Por qué lo hiciste entonces?
Ella no estaba dispuesta a decirle lo mucho que lo amaba entonces, como solo una chica de dieciocho años lo puede hacer.
-Yo… me dejé llevar por la pasión del momento.
-¿Y después pensaste que estabas embarazada?
Paula le dio la espalda.
-Eso ya te lo he dicho.
Él la agarró del brazo.
-Entonces, dime una cosa más. ¿Qué quisiste decir cuando me contaste que nunca habría un niño para ti?
-No quiero hablar de ello.
-¿Pasó algo? ¿Algo que hizo que no pudieras tener hijos?
-¿Te refieres a si tú hiciste algo? ¿Algo que te pueda hacer sentir culpable?
-Ya me siento culpable -admitió él.
-Entonces no lo hagas. Tú no tuviste la culpa. No la tuvo nadie. Créeme, no querrías escuchar todas las razones médicas, ni yo te las quiero contar. El caso es que no puedo tener hijos. Estas cosas pasan a veces.
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Capitulo 27 ♥ - Dulce Reencuentro♥
-Sí, hicimos el amor -dijo Paula enfadada-. Tal vez solo fuera sexo para ti, pero fue mi primera vez…
-Un momento -dijo él levantando una mano-. Dejemos esto claro. ¿Tú y yo hicimos el amor? ¿Cuándo? ¿Dónde?
-En tu coche, la noche antes de que te alistaras en los marines. Evidentemente, fue una experiencia memorable para ti -dijo ella amargada.
-Esa noche yo había bebido mucho. A la mañana siguiente no me acordaba de nada.
-Oh, evítame las excusas.
-No te estoy poniendo excusas, te estoy diciendo la verdad. No recordaba nada. No porque no fuese memorable, que seguro que lo fue. Desde entonces tengo unas imágenes mentales… Pero bueno, nunca pensé que fueran reales.
Eran demasiado buenas para serlo. Su largo cabello color miel cayéndole por encima, el cuerpo de ella rodeándolo. El nunca habría soñado que ella le fuera a permitir hacer eso. Bueno, sí que lo había soñado, pero nunca se le hubiera ocurrido que pudiera suceder.
-Oh, fue real -dijo ella-. Lo suficiente como para que yo pensara que me había quedado embarazada. Incluso me hice una de esas pruebas caseras y me dio positivo. Te lo iba a decir cuando volvieras a casa, pero ni me llamaste para decirme que habías vuelto. Y, cuando te vi, me ignoraste.
-¿Estabas embarazada? -él se puso pálido.
A ella le temblaron los labios y agitó la cabeza.
-No, el resultado de la prueba no era cierto. No había ningún niño. Y nunca lo habrá. No para mí.
Luego contuvo un sollozo y fue a alejarse.
-¡Espera, Paula!
Pedro la fue a sujetar, pero la mirada torturada de ella lo contuvo.
-No puedo con esto -respondió ella llena de emoción.
-¡Papá! –gritó Alma desde fuera-. ¡Papá!
-¡Vete con tu hija y déjame en paz!
Paula se volvió entonces y salió de allí corriendo.
Mientras Paula hacía toda su colada, trataba de no pensar en la forma en que había hecho el tonto delante de Pedro.
Estaba llorando a lágrima viva y los remordimientos se habían apoderado de ella.
¿En qué había estado pensando? ¿Por qué había tenido que sacar a la luz el pasado? ¿De verdad se había creído que él le iba a decir algo que la hiciera sentirse mejor?
No lo había hecho. Al decirle que no se acordaba de nada de esa noche lo había dejado todo muy claro. Ella era completamente olvidable.
Lo mismo que lo había sido para su propio padre, que nunca parecía verla siquiera. Y era por eso por lo que más le había dolido el comportamiento de Pedro.
¿Cuándo aprendería? ¿Estaba condenada a amar a hombres que no le devolvían ese amor?
Se mordió el labio inferior y decidió que ya estaba harta de esa especie de investigación interior. Centró su atención en la ropa sucia que tenía delante. Ya no iba a pensar más en el pasado ni en Pedro.
Dos horas más tarde, ya no le quedaba nada por lavar, así que decidió ponerse a limpiar los armarios, empezando por el de su dormitorio. Después de pedir una pizza, ya que todo eso le había dado hambre y casi era hora de cenar, se metió de lleno en la limpieza con la decisión de un marine.
No, no de un marine. Los marines eran como un grano en el trasero.
Y entonces fue cuando sonó el teléfono.
Era él, lo sabía. Miró el teléfono con los párpados entornados. Zaira se había ido de acampada a Winsconsin, así que no iba a ser ella, seguro que era Pedro. Lo podía decir por la forma en que estaba sonando el teléfono, incluso ese sonido parecía reflejar la dominante impaciencia de él.
Cuando saltó el contestador, efectivamente, se oyó la voz de él.
-Paula, contesta si estás ahí -dijo con su mejor voz de sargento de semana-. Tenemos que hablar. Contesta.
Ella lo que hizo fue poner la música a todo volumen y siguió limpiando el armario.
Cuando terminó, se sentó en la cama y decidió que realmente tenía que hacer algo con su vida, no podía seguir así. Tenía casi treinta años y seguía sola.
Pero tenía opciones, se dijo a sí misma. Había montones de niños esperando a ser adoptados. Ya era hora de que dejara de esperar algo que no iba a suceder y que hiciera algo para ayudar a alguien.
En alguna parte había un niño que la necesitaba, un niño que esperaba su amor.
Esa no era una idea nueva, llevaba dándole vueltas desde hacía un año o más. Incluso había conseguido los números de teléfono de varias agencias de adopción, tanto estatales como privadas. Pero no había llamado, hasta entonces.
Tomó el teléfono y llamó a las dos más conocidas para pedirles que le enviaran información acerca de la posibilidad de adoptar niños ella sola.
Cuando colgó, se sintió mejor. Más con el control de su propio destino. Ahora deseaba haber mantenido cerrada la boca con Pedro.
Odiaba haberle hecho saber que no podía tener hijos. No quería su lástima, no quería nada de él.
Pero entonces pensó que realmente ellos dos no se conocían. Ni se conocían cuando eran jóvenes. Cuando hicieron el amor, habían sido los dos unos estúpidos. Peligrosamente estúpidos. No era que ella se creyera el rumor que decía que una chica no se podía quedar embarazada la primera vez. Lo que había pasado fue que no le había importado. Había sido tan ciega como para eso.
Y, con respecto a Pedro, bueno, él había parecido no tener bastante de ella. Cuando la besó de esa forma tan apasionada que, al principio, la asusto, la tentó para que le diera más. Y ella lo había hecho encantada.
¿Pero lo conocía de verdad entonces? ¿Y en la actualidad?
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SIGUE..MARATON!♥
sábado, 4 de enero de 2014
Capitulo 26 ♥ - Dulce Reencuentro♥
O moriría en el intento, pensó antes de añadir: -A los dos nos gustaría que vinieras a verla actuar. Bueno, la verdad es que no hace mucho más que ponerse de puntillas, colocar las manos sobre la cabeza y moverse por ahí. Pero seguro que Julia Roberts empezó también así.
-Ya veo una vez más que tienes grandes planes para Alma -dijo ella bromeando.
-¿Y tú me vas a volver a regañar?
-¿Me vas a escuchar esta vez?
-Yo siempre te escucho, Pau. Pero presto más atención todavía a tus actos. Como cuando me besaste.
-Creo que deberíamos olvidarnos de ese beso.
-Voy a tener que declinar esa sugerencia.
-No ha sido una sugerencia, ha sido una orden.
-Ya no estás en posición de darme órdenes.
Aunque a él se le ocurrían unas cuantas posiciones en las que le gustaría tenerla a ella.
-Bueno, iré a ver bailar a Alma -le dijo Paula-. Pero no te hagas ideas.
¿Que no se hiciera ideas? ¿Sobre ella? ¡Imposible!
Se lo fue a decir, pero ella colgó antes.
Esta vez el auditorio del centro comunal estaba llenó de gente cuando llegó Paula. Después de saludar a varios padres de alumnos suyos, buscó un sitio para ella y otro para Pedro y se sentó. Él llegó justo cuando se apagaron las luces y se estaba levantando el telón.
-Lamento llegar tarde -le dijo él al oído-. Ha habido un problema con las mallas de Alma. Se las quitó dos veces, así que hemos tenido una pequeña charla. Creo que ahora está todo bajo control.
Pero ciertamente, el pulso de ella no lo estaba. Y la causa de ello era la cercanía de él.
-Mira, ahí está -le dijo él excitadamente.
Estaba entre otra media docena de niñas, todas de educación infantil, con sus leotardos color rosa y con cintas floreadas en el cabello. Fueron lentamente de una parte del escenario a la otra, acompañadas por las notas del Vals de las flores, de Tchaikovsky.
La escena era perfecta.
El desastre sucedió cuando Alma estiró una pierna y le dio una patada en el trasero a otra niña que tenía delante… que cayó sobre la niña que tenía delante a su vez.
Y fueron cayendo una a una como una hilera de fichas de dominó.
Las pequeñas se pusieron a llorar y los padres a gritar. La única que seguía de pie en el escenario era Alma, que sonreía orgullosamente y saludó a Pedro con la mano.
Cuando se encendieron las luces, una voz anunció por los altavoces que ninguna había resultado herida y Paula miró confundida a Pedro.
-¿Por qué ha hecho eso Alma? -le preguntó.
La cara de culpa de él le indicó que conocía la razón.
-¿Qué has hecho esta vez?
-Debería ir a ver si Alma está bien -dijo él al tiempo que se levantaba con cuidado para que no le doliera la pierna.
-Espera un momento.
Para estar cojo, él se movió muy aprisa. Como si estuviera tratando de escapar de algo o de alguien.
-No tan deprisa -le dijo ella cuando lo alcanzó-. ¿Qué has hecho? Te lo noto en la cara y sé que has hecho o dicho algo que ha provocado todo esto.
-De acuerdo, puede que haya dicho algo de salir ahí y que pateara algunos traseros, pero no pensaba que ella se lo fuera a tomar tan al pie de la letra.
-Tiene tres años, Pedro. Se lo toma todo al pie de la letra.
-Eso ya lo sé.
-Entonces, ¿por qué lo has hecho? ¿Por lo de que siempre tiene que ganar?
Pedro se dio cuenta de que estaban llamando la atención, así que la tomó de un brazo, la sacó de allí, se metieron en un pequeño cuarto de la limpieza y cerró la puerta.
-¿Quieres calmarte un momento…?
-No, no me quiero calmar -respondió ella soltándose-. Ni siquiera sé por qué me molesto en hablar contigo. ¡No prestas atención a nada de lo que te digo!
-Eso no es cierto.
-Es muy cierto -dijo ella, furiosa-. Me ignoras, justo como me ignoraste hace todos esos años, cuando te fuiste al campamento después de que hiciéramos el amor. Para ti la cosa es ganar siempre, ¿no? Incluso entonces.
Él la miró pasmado.
-¿Que hicimos el amor?
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Un poqito de intriga no les vendria maaaal jajajaaja! Comenten aca o en mi tw @meli_pauliters, (@PEDROPAULAOLI4) Te dedico estos caps celesss! Buenoo paso a contarles, me ausente un tiempo pero ya volvii! Hooy estoi SUPER FELIZ! xq hoy me saque una footo cn pp x 1ra ves en maac!, me abrazo, se acordo de mi nombre, me firmo un autografo, y el 1er heladito q hizo me l dio a miiiiiiiiiiiii!! ♥ (aparte me saq fotos cn iudica y l sueca, y me firmaron autografoos♥) ..y dps a pepe le di una carta, cn todo lo q significan para mi y el me respondiiooo! Mireeeeeeeen esto es muuuui emocionante para mi y qiero compartirlo cn ustedes.... (Salgo ree escrachada yo pero buee..)
MI FOTO CN PEPE..
EL HELADITO..
EL AUTOGRAFO..
EL HELADITO..
Y LA MENCION X TW, SOBRE LA CARTA Q LE ESCRIBI..
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ESOOO QUERIAAA CONTARLEES XESO TOI HIPER, SUPER, MEGA, RECONTRA FELIIIZZZZZ!! ♥ Besooosssssss
Capitulo 25 ♥ - Dulce Reencuentro♥
Ella se encogió de hombros.
-Es mi trabajo.
-Es más que un trabajo.
Sus miradas se encontraron. No se dijeron nada, pero compartieron algo especial. Ese intercambio visual le hizo algo al metabolismo de ella, haciendo que el corazón le latiera más deprisa, haciendo que… lo deseara.
Entonces, el tenedor de Alma cayó al suelo y los sacó de su ensimismamiento.
-¿Te sigue doliendo la boca? -le preguntó ella a la niña.
Alma asintió, Pedro pidió helado de postre, y la niña preguntó señalando una foto con unos gatos que decoraba el local:
-¿Por qué los gatitos maúllan y nosotros no?
-Porque no somos gatos -respondió Paula.
Alma asintió como satisfecha con la respuesta. Luego, apoyó repentinamente la cabeza en el hombro de Paula y dijo sonriendo:
-Te quiero.
No era esa la primera vez que uno de sus alumnos le decía eso. Ella también los quería a todos, pero lograba mantener una cierta distancia emocional. Pero eso nunca le había resultado tan difícil como con Alma.
Y no era solo porque fuera la hija de Pedro, ni porque hubiera perdido a su madre tan trágicamente. No, era solo por Alma.
-Yo también te quiero a ti -le dijo acariciándole la cabeza.
En el momento en que llegó el helado, Alma le dedicó toda su atención, pero a Paula no le resultó tan fácil olvidarse de sus propias emociones turbulentas.
Después de pagar, Pedro le puso de nuevo el impermeable amarillo a su hija, que parecía cansada y con sueño.
Cuando estuvieron fuera del restaurante, Pedro se ofreció para acompañar a casa a Paula.
-No, gracias -respondió ella rápidamente-. Solo vivo a unas manzanas de aquí y Alma se está durmiendo.
Como vio que la niña estaba apoyada en el hombro de su padre, que la tenía en brazos, añadió en voz baja:
-De hecho, creo que ya se ha dormido.
Pedro y su hija la estaban afectando.
Y ya era demasiado tarde para protegerse. Demasiado tarde para decirse a sí misma que debería haber mantenido la distancia. Lo único que podía hacer ahora era rogar para ser lo suficientemente fuerte como para poder despedirse de ellos cuando llegara el momento de que se tuvieran que marchar.
Pedro se estaba mirando al espejo del cuarto de baño mientras se preguntaba por qué le costaba tanto tomar el teléfono y llamar a Paula.
Por fin se decidió, fue al dormitorio y tomó su teléfono móvil.
Ella respondió a la cuarta llamada.
-¿Diga?
-¿Estás bien? -le preguntó él-. Pareces sin respiración.
-Es que acabo de salir de la ducha.
Las rodillas le fallaron a Pedro y se tuvo que sentar en la cama al imaginársela desnuda.
Entonces surgió en su mente una imagen de una Paula más joven, con el cabello cayéndole sobre los hombros desnudos, situada sobre él en la semioscuridad. Recordó su sonrisa tímida mientras le acariciaba el pecho, sus pezones expuestos a la vista entre los sedosos mechones de cabello mientras se movía…
Gimió. Le parecía tan real, como si fuera un recuerdo de verdad.
-¿Te pasa algo? -le preguntó ella-. ¿Es Alma? ¿Le pasa algo a ella?
-No.
Era él quien estaba a punto de tener un ataque al corazón.
-No, Alma está bien. Está bailando.
-¿Y me has llamado para decirme que está bailando?
-Bueno, en una clase de baile para niños. Va a actuar este domingo por la tarde, suponiendo que le pueda conseguir ese estúpido vestido. ¿Tienes idea de lo difícil que es ponerle las mallas a una niña?
-Sí, la verdad es que sí.
-Bueno, pues yo no lo sabía. Los sistemas de armas avanzadas requieren menos maniobras. Y son mucho más rápidos de manejar.
-¿Así que quieres que vaya a ayudarte a vestir a Alma?
-Negativo. Eso lo puedo hacer yo.
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Sigueeeeeee...
Capitulo 24 ♥ - Dulce Reencuentro♥
Pedro se encogió de hombros.
-Las situaciones de crisis son ocasiones en las que cualquiera puede resultar herido. Tú solo trabajas para asegurarte de que no sea alguno de los que tienes bajo tu mando.
-O tú mismo -dijo ella-. A no ser que me estés diciendo que pones el bienestar de tu tropa por encima del tuyo propio.
-Los marines no son tropa -dijo él como si lo hubiera insultado-. Somos marines.
-Muy bien.
Ese hombre era tan susceptible como un erizo. Aunque seguro que a un marine no le gustaría ser comparado con un erizo. Así que era tan susceptible como… una granada de fragmentación.
-Pero no has respondido a mi pregunta.
-Como su jefe al mando, es mi trabajo asegurarme de que salen vivos de donde sea y, para conseguirlo, yo tengo que seguir vivo.
-¿Y si alguien comete un error?
-Errar es humano, perdonar es divino. De todas formas, ninguna de las dos cosas es política del cuerpo de marines.
-Y es por eso por lo que la política del cuerpo de marines no se puede aplicar a ser padre.
-No veo por qué no se puede adaptar a eso.
-Porque te arriesgas a cometer errores y lo mejor que puedes hacer es aprender de ellos.
Pedro asintió.
-Como las pegatinas.
-¿Perdón?
-Que he aprendido a no darle pegatinas -dijo él señalando a Alma, que estaba muy ocupada pintando en un papel con unos lápices que le había dado Emily-. Ella tiene tendencia a ponerlas por todas mis cosas. Incluso me puso unas en las suelas de los zapatos. Pero ya sabe que no tiene que volverlo a hacer.
-¡Mira, papá! ¡Mira lo que he hecho! -dijo Alma agitando el dibujo que había hecho y casi tirando el vaso de agua.
-Ten cuidado, pequeña -dijo él, pero ya sin el tono de sargento mayor del principio-. Vamos a ver lo que tienes aquí.
Luego inclinó la cabeza cerca de la de su hija para ver mejor el dibujo.
-Soy yo -dijo la niña señalándole la menor de las figuras-. Papá y Paula.
-Hacemos buena pareja -le dijo él a Paula cuando le enseñó el dibujo.
-¿Sabéis ya lo que vais a pedir? -les preguntó entonces Emily.
Después de pedir, Pedro dejó que Alma le contara lo que estaba dibujando, que tenía que ver con el Conejo de Pascua y G.I. Joe, mientras Paula se contentaba con observarlos. Le producía placer ver cómo Pedro se llevaba bien con su hija.
Bueno, le producía placer ver a Pedro, punto. Pero también le gustaba ver que estaba mejorando tanto como padre. Por supuesto, aún no se pudo resistir a darle a Alma un par de instrucciones sobre cómo mejoraría su técnica de dibujo, pero cuando la niña no le hizo caso, él la dejó hacer lo que quisiera.
Cuando llegó la comida, dejaron de hablar para concentrarse en sus hamburguesas.
-Mmm -murmuró Pedro.
-No hables con la boca llena -le regañó Alma.
-Mmm -respondió él cerrando los ojos con cara de placer.
Alma le quitó una patata, pero se quemó.
-¡Ay!
Los ojos se le llenaron de lágrimas, que le rodaron inmediatamente por las mejillas.
Pedro abrió los ojos inmediatamente y la miró preocupado.
-¿Qué te ha pasado?
-Toma, Alma, bebe un poco de agua -dijo Paula.
La niña lo hizo y entonces Paula respondió a la pregunta de Pedro.
-Ha tomado una de tus patatas y se ha quemado la boca. Está bien, querida, ahora se te pasará.
Pedro vio sorprendido y aliviado como desaparecían las lágrimas. Había cerrado los ojos solo un momento y la niña se había hecho daño. Sintió la misma sensación de culpa de la primera semana, cuando Alma se había acostado con los zapatos puestos. ¿Qué le había hecho creer que conseguiría ser un buen padre? Justo cuando creía que estaba progresando, sucedía algo que lo devolvía a la realidad y le demostraba de nuevo que no era nada bueno como padre.
Pero un marine nunca se rinde. Así que tenía que reagruparse, aprender desde donde había fallado y volver a intentarlo.
Una cosa que sí había aprendido era lo buena que era Paula con Alma.
-Se te dan bien los niños -le dijo
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Sigueeeee....
jueves, 2 de enero de 2014
Capitulo 23 ♥ - Dulce Reencuentro♥
Pedro miró a Paula de una manera que hizo que ella se diera cuenta de que aún no sabía cómo hablar de la muerte de Milagros. Que él le revelara tanto ya era un gran paso. No hacía mucho, él habría respondido con una expresión de acero que no revelaría ninguna emoción. Así que él estaba progresando, lenta pero seguramente.
Entonces Alma preguntó de nuevo:
-¿Se pueden dar volteretas cuando se está muerto?
Ahora la expresión de Pedro era claramente de pánico.
-No veo por qué no -respondió Pau.
-¿Tawanna se va a morir?
Paula le apretó la mano y le dijo:
-Espero que no lo haga hasta dentro de mucho tiempo.
Alma miró a su padre.
-¿Y tú, papá?
Pedro se quedó helado, incapaz de decirle eso de que los marines no mueren nunca, que solo se van al infierno y allí se reagrupan.
-Todo el mundo se muere alguna vez -dijo él por fin--. Pero pienso estar por aquí mucho tiempo. Hasta que tú seas, por lo menos, tan vieja como lo soy yo ahora.
-¿Todo el mundo se muere? ¿Incluso el Conejo de Pascua?
-Uh, bueno, yo no soy un experto en Conejos de Pascua. Paula sabe más de eso que yo.
Entonces los interrumpió la camarera para preguntarles si querían una mesa. Emily era una mujer de unos sesenta años que llevaba allí desde que Paula podía recordar, pero solo trabajaba ya por las tardes de los fines de semana, así que Paula no la veía tan a menudo como antes. Miró a Alma y le dijo sonriendo:
-Eres la cosa más bonita del mundo.
-No -respondió la niña-. El G.I. Joe es más bonito que yo.
Para sorpresa de Paula, Pedro no la corrigió inmediatamente diciéndole que ese soldado de juguete no era bonito. En vez de eso, dijo:
-Nadie es más bonito que mi hija.
Eso hizo que a Alma se le iluminara el rostro. Paula deseó abrazar a Pedro. Deseó tener palabras para poder decirle lo importante que era ese momento, lo mucho que la pequeña necesitaba el amor y la aprobación de su padre.
-No me puedo creer que este sitio siga aquí -dijo Pedro cuando se sentaron en una mesa cerca de la ventana-. ¿Siguen dando esas magníficas hamburguesas con queso y patatas fritas?
-Sí, así es.
-Solía imaginarme que me estaba comiendo una de esas hamburguesas en vez de una R.C.
-¿Qué?
-Ración de combate.
Ella arrugó la nariz.
-No parece algo muy apetitoso.
-No están mal cuando no tienes otra cosa. Pero uno no se alista en los marines por la comida.
-¿Y por qué lo hiciste tú?
-Para ver mundo.
A Paula le dio la impresión de que él no le estaba diciendo toda la verdad, pero no insistió en ello.
-¿Y lo has hecho?
-He participado en algunas operaciones conjuntas en Japón, Corea del Sur y las Filipinas, igual que en una crisis real en Oriente Medio y, más recientemente, en los Balcanes.
-¿Fue allí donde te hirieron?
-Sí, en el muslo derecho -respondió él secamente.
Solo con pensar en sus muslos, Paula se ruborizó. Le dio un trago a su vaso de agua y rogó para que no se le notara lo colorada que se había puesto. Desafortunadamente, Alma se dio cuenta.
-Paula tiene la cara colorada.
-Porque hace calor -respondió ella desabrochándose el botón de arriba de la camisa-. ¿No creéis?
Pedro pensó que ella debería seguir desabrochándose la camisa. Ahora era él quien sentía calor.
-Así que te alistaste en los marines para viajar -añadió ella-. Pues parece que lo has hecho mucho en los últimos diez años. ¿Es por eso por lo que has seguido con ellos?
-Me he quedado por la camaradería. Éramos un grupo de chicos de todas partes del país, algunos ricos, otros no, algunos con estudios, otros no, todos entrenándonos juntos. Cuando vas a una misión y abandonas el país, te das cuenta de que la cosa es en serio y no te puedes echar atrás. Tu mayor temor es cometer un error y hacer que otro marine salga herido. Esos tipos son mi familia.
-Alma es tu familia ahora -le recordó ella.
-Ya lo sé.
¿Lo sabía él? Su voz estaba tan llena de emoción cuando hablaba de los marines que era evidente que amaba esa vida.
También Paula se preguntó si el mayor miedo de él como padre era cometer un error que causara dolor a su hija. Pero preguntárselo no la llevaría a ninguna parte. Iba a tener que averiguar la respuesta de otra manera.
-Debe representar mucha presión y responsabilidad pensar que hay que ser perfecto o alguien puede resultar herido.
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Holaaas! Aca el 1er cap del año espero q este año les valla genial! Comenten aca o en mi tw @meli_pauliters, besos♥
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