jueves, 9 de enero de 2014

Capitulo 34 ♥ - Dulce Reencuentro♥



Pero Paula no le permitió llegar muy lejos.

-Quieto. Tú no vas a ninguna parte. Ahora vas a aprender cómo arreglártelas con esto para la próxima vez. Así que mira y aprende. Siéntate aquí, al otro lado de Alma y sujeta así el resto de su cabello.

Para ser un hombre al que no le gustaba recibir órdenes de los civiles, él la obedeció rápidamente. Paula no tardó mucho en darse cuenta de que posiblemente aquello no había sido muy buena idea. Pedro estaba lo suficientemente cerca como para poder sentir su calor.

De repente, se sintió tremendamente torpe. El cubito de hielo se deslizó de entre sus dedos y fue a aterrizar… en el regazo de Pedro.

Lo que no hubiera estado tan mal si él hubiera llevado unos vaqueros en vez de unos pantalones color caqui. Cierto que él no gritó y se puso en pie. En vez de eso, la miró fijamente. Ella se ruborizó y trató de que él no se diera cuenta de lo avergonzada que se sentía.

Pero fue imposible.

-Creo que esto es suyo, señora -le dijo él poniéndole el cubito de hielo en la mano.

El contraste entre el frío hielo y la calidez de su mano le pareció algo extraordinariamente sensual. La excitación le corrió por las venas como un buen vino.

-Yo, uh… Creo que lo intentaré con un nuevo cubito.

Dejó el que él le había dado en una palangana y tomó otro, sintiendo la tentación de pasárselo por las mejillas acaloradas.

-Tienes que hacer esto hasta que el chicle se despegue y luego se lo quitas del cabello con cuidado -le dijo.

Cuando terminaron, fueron a acostar a Alma. A Paula le costó separarse de la niña.

-Ya está dormida -dijo.

Entonces se dio cuenta de que Pedro había bajado las luces y había encendido algunas velas. También había puesto un disco de Génesis.

-¿Qué crees que estás haciendo?

-Estoy tratando de seducirte -respondió él inmediatamente-. ¿Lo estoy haciendo bien?

Ella tuvo que reírse por semejante candor y por la mirada de esperanza de los ojos de él. Ese era un nuevo Pedro, uno al que no estaba segura de poder resistirse. Rechazar al marine autoritario había sido fácil. Pero ese hombre ejercía una cierta magia sobre ella.

-¿No me está saliendo bien? -insistió él-. ¿Y esto?

Le dio un gran paquete de regalo.

-¿Qué es?

-Míralo y descúbrelo.

Ella lo hizo y no se pudo creer lo que encontró. Una bolsa de patatas fritas. Incluso eran de la marca que le gustaba. Pero también había más. Un disco con los grandes éxitos de Génesis. Y un dragón de juguete con una gran sonrisa. Pasó un dedo sobre esa sonrisa.

Pedro rompió el silencio con una voz muy suave.

-¿Recuerdas en el carnaval de Halloween en el colegio lo mucho que tú querías ganar un dragón? Pero nunca lo conseguiste.

A ella le sorprendió que Pedro se acordara. Ella debía tener unos ocho años entonces y, por supuesto, su padre no se lo había regalado, aunque se lo prometió.

-¿Te gusta?

Ella asintió, la emoción que la embargaba era demasiado grande como para poder expresarla con palabras.

-Más de lo que lo puedo decir.

-También hay helado de vainilla en el congelador. ¿Quieres?

Ella se tragó el nudo que tenía en la garganta y agitó la cabeza.

-Ahora no, gracias.

-¿Lo he hecho bien? Me refiero a lo de tus cosas favoritas…

-Sí, has dado en el clavo. No sé qué decir.

-Di que saldrás conmigo el viernes por la noche. Solos los dos. Conseguiré una niñera para Alma. Vamos -le dijo él con su mejor sonrisa de chico malo -. Di que sí.

Ella miró el dragón. Allí estaba ella, al cabo de todos esos años, con Pedro y el dragón a su alcance. ¿No sería eso una señal? Tal vez aquello significara que tenía una oportunidad de ser feliz, después de todo. Lo único que tenía que hacer era agarrarla con las dos manos.

-Sí -dijo.

-No te arrepentirás -le prometió Pedro.

Paula esperó sinceramente que no, ya que no sabía si podría soportar más promesas rotas.

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SIGUE..MARATON!♥

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