Sabía que se había alistado en los marines porque quería ver mundo, pero también sabía que era por algo más que no le había dicho. Sabía que tenía una hija, pero no conocía las circunstancias que le habían dado vida. Sabía que era un hombre que valoraba el honor, pero no sabía si, para él, ella merecía ese honor.
Terminó el disco que había puesto y entonces se dio cuenta de que estaba sonando el timbre de la puerta. ¡La pizza! Casi se había olvidado de que la había pedido.
-¡Ya voy! -gritó.
Sacó la cartera del bolso y fue a abrir. Llevaba unos pantalones de chándal grises y una camiseta vieja, pero eso no le importaría al repartidor. -Lamento…
Pero no era el repartidor de pizzas. Era el marine. Pedro. Y seguía llevando el uniforme azul. Ella no había tenido en cuenta esa posibilidad, la de que él apareciera delante de su puerta.
-¿Qué estás haciendo tú aquí? ¿Cómo sabías donde vivo? ¿Y dónde está Alma?
-Ella está con una niñera, y sabía dónde vives porque te seguí el otro día desde el restaurante.
-¿Me estabas espiando? -le preguntó ella airada.
-Negativo. Me estaba asegurando de que llegabas bien a casa. ¿Por qué no has contestado al teléfono?
-Creo que eso es evidente -dijo ella sin apartarse de la puerta-. Porque no quiero hablar contigo.
-¿Y te crees que puedes decirme lo que me dijiste y luego marcharte sin más?
-Afirmativo -respondió ella imitándolo.
-Bueno, pues te equivocas.
-No, el que se equivoca eres tú. Esta es mi casa y no eres bienvenido aquí.
La señora Leibowitz, su vecina, entreabrió la puerta sin quitar la cadena. Los miró suspicazmente y dijo:
-¿Estás bien, Paula? ¿Por qué hay un marine delante de tu puerta? ¿Pasa algo malo? ¿Te está atacando o algo así?
-No, señora Leibowitz -le respondió ella-. No hay nada de que preocuparse.
La curiosidad de su vecina y el empecinamiento de Pedro hicieron que ella prefiriera enfrentarse con él en la intimidad de su propia casa, no en el pasillo, así que lo dejó entrar.
-Tienes cinco minutos -le dijo.
Él fue directo al grano.
-¿Por qué no me dijiste desde el principio que habíamos hecho el amor hace todos esos años?
-Porque tú ni siquiera me reconociste al principio. Y, cuando lo hiciste, no mostraste ninguna señal de que te acordaras de lo que pasó entre nosotros.
-Porque yo…
-No lo recordabas. Realmente no necesito oír de nuevo lo olvidable que soy.
-No eras tú. Era yo. Tengo algún recuerdo vago de nosotros en el coche, pero al día siguiente tenía semejante resaca que no confié en esos recuerdos. No pensé que fueran ciertos. ¿Tú, Paula «El cerebro», conmigo? ¿Podía ser? ¿Y qué te iba a decir? Hey, tengo estas fantasías calientes y no estoy seguro de si son reales o no. ¿Cómo de lejos llegamos en el asiento trasero de mi coche? Seguro que eso no te habría gustado.
-¿Y por qué te importa eso?
-Porque tú me importas a mí.
-Sí, claro.
-Quiero que me cuentes exactamente lo que pasó esa noche.
-Olvídalo -respondió ella tan secamente como él.
-Muy bien, entonces responde a mis preguntas. ¿Hicimos el amor en el asiento trasero de mi coche?
Paula asintió.
-¿Eras virgen?
Ella volvió a asentir.
-¿Te obligué yo? ¿Te forcé? ¿Es por eso por lo que estás tan enfadada conmigo?
Esta vez ella agitó la cabeza.
-No. No me forzaste. Yo sabía lo que estaba haciendo. Sabía que no estaba bien, pero no lo pude evitar.
-Y nosotros… hum, ¿usamos alguna protección?
Ella volvió a agitar la cabeza.
-Pensé que tú tendrías algo, pero no. Y yo no pensaba precisamente hacer algo así esa noche.
-¿Por qué lo hiciste entonces?
Ella no estaba dispuesta a decirle lo mucho que lo amaba entonces, como solo una chica de dieciocho años lo puede hacer.
-Yo… me dejé llevar por la pasión del momento.
-¿Y después pensaste que estabas embarazada?
Paula le dio la espalda.
-Eso ya te lo he dicho.
Él la agarró del brazo.
-Entonces, dime una cosa más. ¿Qué quisiste decir cuando me contaste que nunca habría un niño para ti?
-No quiero hablar de ello.
-¿Pasó algo? ¿Algo que hizo que no pudieras tener hijos?
-¿Te refieres a si tú hiciste algo? ¿Algo que te pueda hacer sentir culpable?
-Ya me siento culpable -admitió él.
-Entonces no lo hagas. Tú no tuviste la culpa. No la tuvo nadie. Créeme, no querrías escuchar todas las razones médicas, ni yo te las quiero contar. El caso es que no puedo tener hijos. Estas cosas pasan a veces.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
SIGUE..MARATON!♥
No hay comentarios:
Publicar un comentario