lunes, 30 de diciembre de 2013

Capitulo 22 ♥ - Dulce Reencuentro♥



Pedro recogió a Alma y le dijo:

-Ahora recuerda nuestro plan de juego -dijo él señalando su carpeta como si esperara que la niña pudiera descifrar las notas y diagramas que había escrito.

Cuando los miró él también, se dio cuenta de que eran bastante complicados. Eran como los planes de campaña de algún general.

Mientras tanto, su hija se estaba dirigiendo a la colchoneta como si no le importara nada en el mundo.

-¡Mírame! -le gritó por encima de las voces de los demás niños.

Se bamboleó como un borracho, apuntó al techo con el trasero, pero se recuperó lo suficiente como para no darse la vuelta completa.

Cuando Pedro gritó animándola, Alma se levantó y sonrió, pero se cayó al suelo.

No lloró, se levantó y se dirigió al siguiente ejercicio.

-¿Has visto eso? -le preguntó Pedro a Pau cuando se acercó a él-. No lo ha dejado, sigue.

-Sí, lo he visto. También he visto que tú la estás dirigiendo.

-¿Hay alguna ley en contra?

-No -dijo ella mirando a su cuaderno-. Suponiendo que no esperes que haga demasiado.

-Si uno se propone fines bajos, nunca se llega a las alturas.

Cuando él fue a por su hija, Pau recordó las alturas que ella había alcanzado con él en el asiento trasero de su coche.



Sus fines habían sido muy altos entonces. Había querido que él la amara, que se la llevara y le diera felicidad. Había querido darle hijos a él.

Pero eso lo había hecho otra mujer. ¿Habría él amado a la madre de Alma? No le parecía, pero claro que él siempre había mantenido bien atados sus sentimientos.

Él estaba mostrando señales de empezar a ser un buen padre para su hija. Era más abierto que al principio. Y no cabía duda del orgullo que se le notaba en la cara cuando veía a su hija hacer algo bien. Ese día él llevaba unos vaqueros y camiseta, pero aún así destacaba entre los demás padres.

No, él no destacaba por el uniforme. Nunca había sido por eso. Era por sí mismo.

Se estaba acercando cada vez más a su corazón. Poco a poco.

-Gracias por venir a cenar con nosotros -le dijo Pedro mientras le abría a Pau la puerta del restaurante de comida rápida.

Cuando salieron del gimnasio, estaba lloviendo y Alma había querido ir de la mano de los dos, así que Pau se vio unida a Pedro por la niña. Era difícil no verse afectada por la metáfora. O por ese hombre y su hija.

En las tres semanas que habían pasado desde que él apareció en el colegio, Pedro había cambiado en algunas cosas y había seguido tercamente igual en otras. Aún seguía siendo un montón de contrastes. Y seguía teniendo la habilidad de consumirla con una simple mirada. Eso no había cambiado nada.

Pero había algunas diferencias. La cicatriz reciente que tenía en la barbilla estaba empezando a sanar. Y parecía más a gusto con ella y con Alma.

Y Alma también había cambiado. Ya no era una niña asustada y parecía contenta y alegre.

En ese momento, Alma miró al cielo y les dijo:

-El cielo está llorando. Mi mamá vive allí. En el cielo. ¿Está ella llorando también?

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Holaaaa..aca les dejo otro cap espero les guste♥ No pensaba subir, pero como mañana no voi a estar en todo el dia, y no voi a subir obviamente, aca les subo el ultimo cap de año 2013♥. Bueno qiero agradecerles a tod@s l@s q leen, esta nove, l@s q me comentan y me hacen feliz! Qiero deciarles un hermoso ¡Año Nuevo! Colmado de bendiciones, amor y salud! Los qiero muchisisisisimo, comenten el ultimo cap, aca o en mi tw @meli_pauliters, ¡Hasta el Proximo Año!♥



domingo, 29 de diciembre de 2013

Capitulo 21 ♥ - Dulce Reencuentro♥



Entonces se interrumpió y sonrió ampliamente antes de añadir:

-Que tienes razón.

Un momento más tarde, sacó las fotos y se pusieron a verlas.

Seguían haciéndolo cuando empezaron a entrar los niños y Pau estaba tan ensimismada en ellas que no vio a Pedro cuando fue a llevar a Alma. Últimamente él se había dedicado a llamar su atención cuando entraba en donde ella estuviera.

Incluso los niños se daban cuenta de ello. Pero esa mañana fue Alma la que llamó su atención.

-¡Pau!¡Pau!

La pequeña corrió hacia ella para abrazarla.

-¡Pau, ven a verme al gimnasio!

Alma se quedó mirándola muy seria mientras ella se lo pensaba. Al final, no pudiendo resistirse a la mirada de la niña, le dijo:

-De acuerdo, iré.

-¿Lo prometes?

-Te lo prometo.

Y así fue como esa misma tarde se vio entrando en el centro deportivo y se sentó con los padres de los demás niños en una esquina del gimnasio. No le había dicho a Pedro que iba a ir y no sabía si lo había hecho Alma. Cuando Alma la vio, le saludó con la mano.

-Su pequeña es adorable -le dijo la mujer que estaba sentada a su lado-. Yo tengo cinco hijos y aún quisiera tener una niña.

Esas palabras le cayeron encima a Pau como una tonelada de ladrillos.

-No es mía -respondió secamente.

-Oh, lo siento. Solo pensaba…

-Está bien -dijo ella.

Pero no lo estaba. ¿Cómo podía estarlo? Cuando deseaba de todo corazón que Alma fuera suya. Se habría levantado y marchado de allí en ese momento, pero Alma agitó la mano para llamar su atención gritando:

-¡Mírame! ¡Mírame!

Mientras tanto Pedro, con un cuaderno en la mano, estaba observando a su hija tan críticamente como un juez de gimnasia en las olimpiadas. ¿Cuándo aprendería?

Pedro pudo sentir la desaprobación de Pau incluso desde el otro lado del gimnasio y se preguntó qué podía haber hecho mal esta vez. No había usado las palabras ganadores o perdedores en todo el día. En vez de eso, le estaba enseñando a su hija a mejorar sus volteretas. ¿Qué podía haber de malo en eso?

-Muy bien -le dijo a la niña-. Ahora céntrate, Alma. ¿Tú eres…?

-Una niña marine -respondió ella como le había enseñado.

-¿Quién?

-Nunca me rindo. Y son tres. Lo puedo hacer yo sola.

La niña lo volvió a intentar vacilante. Pedro se acercó a ella y la miró a los ojos.

-Has de tener un plan. ¿Recuerdas la regla de las seis pes?

-Yo no tengo ganas de hacer pis.

Pedro se negó a ruborizarse. Un marine no se ruboriza.

-Estoy hablando de la letra p. Una Prevención Propia y Prioritaria Previene un Perfeccionamiento Pobre.

Eso era algo que él había aprendido en los cursos de supervivencia y no veía ninguna razón por la que no pudiera funcionar también en esa situación.

-¿Ves como ese niño de allí se balancea tan bien? Eso es lo que tienes que lograr tú también, pequeña. ¿Me entiendes?

En vez de saludar militarmente, la niña le sonrió y le dio una palmada en la mejilla antes de alejarse de nuevo.

-Muy bien, mamás y papás -dijo el monitor-. Ya es hora de cambiar de aparatos.
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Holaaaa acaa..5 caps! Maratoon! :D jajajjajaa buenoo..mañana dudoo q pueda subiir! :/ pero buee..asiq COMENTEN PLIISSS! Aca o en mi tw @meli_pauliters, besoos!

Capitulo 20 ♥ - Dulce Reencuentro♥



-¿Dónde encuentras tiempo? -le preguntó Lisa a Pau el miércoles por la mañana, antes de la llegada de los niños-. Siempre estás aquí antes que nadie y te quedas después. ¿De dónde sacas tiempo para tener una vida?

-¿Qué vida? -respondió ella medio en broma.

Hacía poco que habían decorado de nuevo el colegio, y lo había hecho casi todo ella, en su tiempo libre. Lisa le dijo:

-La nueva decoración está muy bien. Tienes muy buen ojo para estas cosas.

-Gracias, pero aquí somos un equipo. No lo podría haber hecho sin ti.

Lisa y su otra ayudante, Tawanna, supervisaban cada una a un grupo de cinco niños, mientras que Paula trabajaba con todos, organizando.

-¿Cuál es la agenda para hoy? -preguntó Lisa.

-Hoy es el día de los castillos de arena, entre otras cosas.

Lisa sonrió.

-Mi favorito.

-Solo roguemos para que no todos quieran hacerlos al mismo tiempo.

Mientras que algunos programas hacían que los niños rotaran de una actividad a otra a una señal de la profesora, en eso los niños tenían algo que decir en lo que querían hacer.

-Yo creo que jugar a ir de compras puede servir de contrapartida -dijo Pau-. Eso les puede tentar.

-Hablando de tentaciones. ¿Te diste cuenta de que el padre de Alma vino a la búsqueda del Huevo de Pascua con su uniforme azul?

-Él es difícil que pase desapercibido.

-Seguro que sí. Me fijé en él el primer día, cuando vino a dejar a Alma. Entonces llevaba el mismo uniforme.

Lisa suspiró e hizo girar los hermosos ojos castaños y rasgados en sus órbitas de la forma en que solo una chica de diecinueve años lo puede hacer.

Había veces en que Pau se sentía décadas mayor que su ayudante, de rasgos asiáticos. Cuando ella hizo el amor con Pedro, tenía un año menos que Lisa.

-Yo creía que ahora te iban los tipos intelectuales -le recordó Pau.

Lisa suspiró de nuevo.

-Es que los hombres de uniforme tienen algo…

Sobre todo si ese hombre era Pedro.

Era estúpido que se sintiera celosa solo porque Lisa, que era mucho más joven y bonita que ella, se hubiera fijado en Pedro quien, por cierto, seguro que las prefería como ella en vez de a las profesoras de educación infantil que no podían tener hijos.

Sabía muy bien que no era culpa de él que sus dudas e inseguridades hubieran vuelto en bloque. Aquella era una batalla privada que tenía que pelear ella sola. Pero eso le demostraba lo vulnerable que era en lo que se refería Pedro.

-¿Estáis hablando las dos del mismo marine? -les preguntó Tawanna cuando se reunió con ellas.

Tawanna que tenía cincuenta años y cuatro nietos, seguía sintiendo una gran pasión por la vida que Pau admiraba. Con su cabello corto y su gran figura, Tawanna parecía mucho más joven. Sabía muy bien que era una mujer grande y estaba orgullosa de ello. Además, le encantaban los colores brillantes y ese día llevaba un caftán amarillo y púrpura.

-Volved atrás y contadme lo que me he perdido.

-No te has perdido nada -dijo Pau-. ¿Has traído esas fotos que prometiste de tu nueva nieta?




-Si te crees que me puedes distraer hablándome ahora de mi nieta, deja que te diga…

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SIGUE...

Capitulo 19 ♥ - Dulce Reencuentro♥



-Me han dicho que esas clases le vendrán bien para su destreza manual y motora.

-Sus capacidades motoras están muy bien. Lo que necesita más que nada ahora es amor y seguridad. ¿Cómo han ido las cosas por ahí?

Él se encogió de hombros.

Pedro tenía una fuerza de la naturaleza tal que, a veces, Pau se olvidaba de que, tal vez le pudiera estar haciendo daño.

Lo conocía demasiado bien como para mostrarle su compasión.

-¿Te importa si nos sentamos? Llevo en pie desde temprano, preparando todo esto.

Se dirigieron a un banco del parque, él cojeando más de lo habitual.

-¿Dónde está el Conejo de Pascua? -le preguntó entonces él mirándola suspicazmente-. Porque será mejor que no tengas la más mínima esperanza de que yo me vaya a disfrazar de conejo, ¿verdad?

Ella estaba tratando de no tener la más mínima esperanza en lo que a él se refería, punto. Pero lo cierto era que le estaba costando mucho al verlo tratar de ser un buen padre para su hija. Aunque no lo estuviera haciendo bien, todavía había algo en él que le llegaba directamente al corazón.

-No has respondido a mi pregunta -añadió él-. Te lo voy a decir más claro: No me voy a disfrazar de Conejo de Pascua.

-Nunca se me ocurriría pedirte eso. De verdad que no querría arrugar esa dignidad militar tuya.

La verdad era que él había actuado en muchas obras de caridad de los marines, llevándoles juguetes a los niños desamparados. Después de todo, él había sido uno de ellos, pero nunca se había sentido cómodo rodeado de niños, siempre se había sentido como un elefante en una cacharrería, temiendo siempre el daño que podía causar.

-Yo no me arrugo fácilmente -gruñó él, más por sí mismo que por ella.

Durante los últimos diez años la vida de él había consistido en un movimiento constante de un sitio a otro.

Sus necesidades sexuales las había satisfecho con mujeres que sabían muy bien donde se metían, que querían relaciones sin ataduras.

Pero él ya no era tan libre. Ahora tenía ataduras.

¿Qué pasaría cuando su pierna se recuperara? Y estaba decidido a que se recuperara, por mucho que dijeran los médicos. No se iba a pasar enseñando a reclutas todo el resto de su vida militar. Era un hombre de acción y quería volver con su compañía.

¿Y qué le pasaría a Alma si él volvía a la vida activa? La miró y la vio sonreír a otro niño mientras buscaba huevos. Otros marines tenían hijos. Pero también esposas que los cuidaban cuando ellos estaban de servicio.

Tal vez fuera eso lo que necesitaba. Una esposa. Sí, claro. Como si eso fuera algo que pudiera comprarse en el supermercado.

Tal vez no. Tal vez lo que tenía que hacer era poner su habilidad demostrada en acción como jefe al servicio de esa situación. Había aprendido a improvisar, a adaptarse a todo para llevar a cabo su trabajo. En ese caso su trabajo era criar a Alma.

Una esposa le pondría las cosas más fáciles. Para él y para la niña. A la pequeña le vendría bien un poco de influencia femenina para lo de los besos y la parte emocional.

Seguro que a Pau eso se le daba bien. Y también sería una magnífica madre. Y una mejor esposa, aunque un poco mandona.

Paula su esposa. ¡Vaya una idea!

Agitó la cabeza y tuvo que reírse. De alguna manera, no se la imaginaba a ella estando de acuerdo con sus planes.

Sí, ella lo había besado. Y lo había hecho muy bien. Pero él seguía siendo el chico malo para ella, y ella Paula «El cerebro» para él. ¿Por qué iba a querer tener algo que ver con un simple marine? No era como si él tuviera mucho que ofrecerle.




De ahí en adelante iba a tener que enfrentarse a las cosas de una en una. Por lo menos, durante el próximo mes, mientras recuperaba el uso de su pierna. Después de eso, tendría que ver lo que pasaba.

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SIGUE..

Capitulo 18 ♥ - Dulce Reencuentro♥



A ella le sorprendió que él se acordara. Había pensado que él no había prestado atención a nada de lo que había dicho por lo ansioso que estaba por dejar a su hija y marcharse de allí. Pero, aparentemente, lo había juzgado mal. Por lo menos en eso.

-Hay una cosa más -dijo Pedro-. El domingo que viene es Semana Santa y tengo esa circular que mandasteis acerca de la búsqueda del Huevo de Pascua el sábado. Pero Alma ha pintado en ella y no puedo leer los detalles, como la hora y el lugar.

El no estaba hablando del beso, así que, ¿por qué ella seguía deseando estrangularlo? Seguramente él ya lo habría olvidado. Muy bien, ella podía hacer lo mismo y se podía centrar en los progresos escolares de Alma. Lo trataría como trataba a los demás padres.

-La búsqueda del Huevo de Pascua será en el parque de detrás del colegio. A las nueve de la mañana. La búsqueda empezará en realidad a y cuarto, pero tenéis que estar allí antes. ¿Vas a traer a Alma? Creo que se lo pasará bien.

-Entonces, la llevaré. ¿Hay que vestirla de alguna manera especial?

-No es necesario.

-Entendido. Nos veremos en la localización establecida a las nueve horas cero, cero.

Cuando colgó el teléfono, Pau esperó que, para entonces, ella hubiera podido reconstruir sus defensas en lo que se refería a Pedro.

El sábado, en el parque, Pau levantó la cara y disfrutó del inusual calor del sol en esa época. El cielo estaba azul, los árboles estaban empezando a mostrar sus colores primaverales y el ruido… Bueno, el ruido era estremecedor. El parque ya estaba lleno de hordas de niños de educación infantil gritando desaforadamente. La noche anterior dos de los partes meteorológicos habían previsto lluvias en la zona, pero un tercero había dicho que habría sol y buen tiempo.

Pau agradecía inmensamente ese sol. El año anterior la lluvia les había fastidiado la fiesta y eso que los meteorólogos habían predicho buen tiempo.

Todo estaba listo desde primera hora de la mañana y el personal del colegio y varios padres voluntarios habían estado escondiendo los cientos de huevos de pascua de plástico para que los niños los pudieran encontrar. Todos los responsables, incluyéndola a ella, llevaban camisetas amarillas.

La directora del colegio, Sara Connolly, llevaba un megáfono para hacerse oír entre tanto griterío. Para que no se perdieran los niños, habían empezado a formar cadenas humanas con ellos de la mano.

Pedro llegó exactamente a las nueve, cero, cero. Llevaba su uniforme azul de marine y estaba tan impresionante como el primer día que lo vio en el colegio. Los pantalones caqui y chaquetas deportivas de los demás padres palidecían en comparación con la pulcritud de su uniforme militar. Los botones brillaban al sol, mientras que los guantes blancos que llevaba doblados en el cinturón, lo estaban con una precisión milimétrica.

Y llevaba de la mano a Alma, vestida de rosa, sonriente y con una cesta igualmente rosa en la mano, para los huevos.

El corazón se le subió a la garganta a Pau y se le llenó de un dolor agridulce. ¿Cómo sería tener una hija así?

-¡Pau! ¡Pau! -gritó la niña al verla y tiró de su padre-. Ya estoy lista.

Pau la miró y vio lo mucho que se parecía Pedro en lo obstinado de su mandíbula y en la profundidad de sus ojos miel. La niña llevaba toda la semana ansiosa para que empezara la búsqueda del Huevo de Pascua. Como la mayoría de los niños de su edad, no tenía un concepto muy real del paso del tiempo.

-¿Cómo se va a proceder en esta operación? -le preguntó Pedro-. ¿Se supone que todos los padres han de acompañar a los niños?

-La mayoría lo hacen.

Antes de que Pedro pudiera decir nada, Sara dijo por el megáfono:

-Muy bien, ya estamos listos para empezar. Que empiece la cuenta atrás. Cinco, cuatro, tres, dos, uno. ¡Ya!

-Y allá van -dijo Pau.

La frenética búsqueda de las golosinas que había dentro de los huevos había comenzado. Todos estaban a la vista y en sitios no muy altos.

Los niños corrían como locos y Pau no pudo evitar mirar a Alma. No era difícil verla, ya que estaba cerca de Pedro y él destacaba entre la multitud.

Cada vez que la niña encontraba un huevo, se detenía y se lo enseñaba a Pedro antes de meterlo cuidadosamente en su cesta. Luego, se quedaba como admirándolo.

Mientras Alma parecía no hacer caso de los demás niños, Pedro miraba alarmado a su alrededor y Pau le oyó decir:

-Hey, los demás niños se te están adelantando. Ve a conseguir más huevos.

Alma le sonrió entonces.

-Vamos, chica, muévete. Te estás quedando atrás. Vamos, adelante.

Pau lo vio todo rojo. Se acercó a ellos y sonrió a Alma.

-Alma lo está haciendo bien. Lisa, ¿por qué no te llevas un momento a Alma? -le dijo a su ayudante.

Luego, tomó del brazo a Pedro y se lo llevó a donde la niña no los pudiera oír, antes de decirle enfadada:

-Alma lo está haciendo bien, ¡pero tú, don marine de las narices, te estás buscando problemas!


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-¿Qué? ¿Por qué me miras así?

-El propósito de todo esto no es recoger más huevos que los demás.

-Claro que lo es.

Él se negó a dejarse intimidar por el hecho de que esa era la primera vez que iba a una búsqueda del Huevo de Pascua.

Pero eso no tenía importancia ahora. Las reglas de una búsqueda del Huevo de Pascua eran similares a las de una misión de búsqueda y rescate. Solo que, en este caso, lo que se buscaba eran huevos de plástico llenos de golosinas. Cuantos más, mejor. Cualquier idiot.a podía darse cuenta de eso.

-El propósito es divertirse -le dijo ella.

-¿Divertirse? -dijo él como si aquello no le sonara de nada-. Ganar es divertido.

-Aquí no hay ni ganadores ni perdedores.

-Ah, ya lo tengo -dijo él asintiendo-. Como todos son niños pequeños, no quieres llamar perdedores a los que no ganen.

-No son perdedores.

-No, no en la vida. Solo en la búsqueda del Huevo de Pascua de hoy.

-Escucha, tú -dijo ella dándole un puñetazo en la barriga-. No me estás escuchando.

-¿No te das cuenta? -dijo él mirando impacientemente a su hija, que le estaba enseñando a Lisa su cesta-. Alma se sigue retrasando mientras nosotros estamos aquí, discutiendo.

-Se está divirtiendo, Pedro. Déjala. Deja que encuentre su propio camino.

Él la miró de nuevo a la cara.

-¿De qué me estás acusando ahora?

-De ser demasiado competitivo.

-Soy un marine. Se supone que hemos de ser competitivos.

-No en una búsqueda del Huevo de Pascua.

Él se tensó.

-Perdona si mis maneras no son perfectas. Este es el primer evento de esta clase al que asisto. Si te estoy avergonzando, entonces este marine y su hija se retirarán inmediatamente.

-No -dijo ella poniéndole una mano en el brazo-. Lo siento. No he querido decir…

-¿Qué? ¿Que no encajo entre todos estos padres yuppies? ¿No crees que eso ya lo sé yo?

Pau se dio cuenta de que acababa de ofenderlo sin querer.

-Lo siento -repitió-. Es solo que… no tienes que tratar de triunfar con tanto empeño.

-Ya te he dicho…

-Que los marines estáis entrenados para triunfar, ya lo sé. ¿Pero recuerdas lo que te dije acerca de ser flexible?

-Siempre flexible.

-¿Perdón?

-El lema de los marines es Semper Fidelis, siempre fiel. Es el mejor lema, y la mejor forma de darle la vuelta es siempre flexible. Así que, si me estás preguntando si puedo ser flexible la respuesta es sí. En ocasiones.

Ella se dio cuenta de la forma en que no dejaba de vigilar a Alma. Pero esta vez su mirada tenía… ¿afecto? Sí, definitivamente había una luz especial en sus ojos cuando se fijaba en su hija. Parte era eso, parte orgullo y, tal vez, miedo. Pero definitivamente tenía mucho de afecto paternal. Su irritación se esfumó.

-¿Cómo van las cosas entre Alma y tú? -le preguntó.

-Bien. Me dijiste que tenía que meterme más en su vida y la he apuntado a unas clases en un gimnasio para niños en el centro deportivo. Empieza esta tarde. Tienen un trampolín y cosas para escalar. Eso le vendrá bien, ¿no?




-Seguro que se lo pasa bien allí. Eso, si no la presionas demasiado para que triunfe. El asunto es que se divierta.

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SIGUE..

viernes, 27 de diciembre de 2013

Capitulo 17 ♥ - Dulce Reencuentro♥



Pau estaba sentada a la mesa delante de Maxi en un restaurante Thai y se preguntaba por qué no podía ser él quien le hiciera latir más rápidamente el corazón. En vez de eso, le estaba costando seguir despierta mientras él le explicaba todos los detalles de su colección de arte asiático.

Y no era que a ella no le gustara el arte. El problema era Maxi, que era francamente aburrido. Y no se había dado cuenta de ello hasta la reaparición de Pedro.

Por otra parte, Maxi era un hombre bastante atractivo y tenía éxito en su trabajo, aunque estaba un poco demasiado pagado de su inteligencia y dinero.

Llevaban saliendo desde hacía cosa de un mes. Al principio, ella había pensado que se sentiría más atraída por él a medida que fuera progresando su relación, pero no había sido así. No había una chispa real entre ellos.

Y no era como si ella estuviera buscando algo de lujuria en eso. Todo lo contrario, su experiencia con Pedro le había ensañado la razón por la que la pasión siempre había sido descrita con fuego y llamas, porque quemaba y destruía.

No, ella no quería una pasión incontrolable.. Pero sí algo más de lo que tenía con Maxi. Seguramente no era una buena señal que ella prefiriera estar en ese momento en su casa viendo la televisión que allí con él. O que lo mejor de la velada fueran los rollos de primavera.

Estaba claro que, por mucho que Zai le hubiera dicho que había que pedir refuerzos en la figura de Maxi, lo único que iba a salir reforzado de esa velada era la idea de que ella y Maxi no tenían mucho futuro juntos.

Tal vez debía haber llamado a los marines en su lugar. O a un marine en particular.

No supo de dónde había salido ese pensamiento. Esa era la clase de pensamientos que la habían metido siempre en problemas.

Tal vez debiera darle otra oportunidad a Maxi, después de todo. Pero al final de la velada, cuando él le dio un beso de buenas noches, ella supo que no había esperanza. Tal vez él pensó lo mismo, ya que no le dijo nada de volverla a llamar. Después de un momento incómodo, el sonido del teléfono llamando, le proporcionó una excusa perfecta a ella para entrar en su casa.

Se sentó en el sofá, se descalzó y se preparó para informar a Zai de los lamentables detalles de su cita con Maxi.

Pero no era Zaira quien llamaba, sino Pedro.

-Has omitido algunas cosas importantes de ese curso de como ser buen padre que me dijiste -dijo él sin más preámbulo-. No me dijiste nada de lo de vestir a los hijos y mandarlos a la cama.

Eso era porque entonces él la había besado.

-Y ahora estoy encontrando algunas dificultades en ello -añadió él.

-Los libros que has leído…

-No dicen lo que hay que hacer cuando ella quiere ponerse lo mismo día tras día -dijo él exasperado-. A esta niña le fastidia que la vista y ella tarda una eternidad.

-Déjale preparada la ropa la noche anterior -dijo ella tratando de controlar sus nervios-. Y deja que ella la elija. A esa edad les gusta hacer las cosas por ellos mismos.

-Hey, a mí me parece muy bien que sea independiente y auto suficiente. Pero no me puedo pasar todo el día esperándola.

--No, la verdad es que esperar no es tu especialidad.

Él ciertamente no la había esperado a ella. Seguramente la habría olvidado en el momento en que se marchó de la ciudad.

-¿Qué debo hacer con ella? En este momento estoy dispuesto a ponerla mi uniforme de camuflaje, si es necesario.

-Tal vez si ella te ha visto salir así por la mañana, te quiera imitar y llevar lo mismo para ir al colegio.

-Solo estaba bromeando.

-No tienes que ponerle un uniforme. Solo lávale la ropa todas las noches o cómprale ropa igual para que puedas alternar. Estoy segura de que se le pasará cuando se sienta más cómoda y segura con lo que le rodea. Parece que está avanzando más que los demás niños en el colegio. Hay otra niña, Ana que la ha adoptado como su amiga y es muy abierta, así que la está ayudando mucho.

-¿Es con la que la emparejaste el primer día?


-Eso es.


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Holaa! Bueni si subi uno x lo menos!:) comenten aca o en mi tw @meli_pauliters! aaah otra cosa, NO VOY A SUBIR X UN MES XQ ME ABURRO, SUBIR TODOS LOS DIAS -.-! ASIQ CHAU! Una ultima cosaa...................................





















































FEELIIZ DIIAA DE LOS INOCENTEESSSSSSS!! JAJAJAJAJAJ! era una jodita jajajajaja..
Q emocion hoy pau y pepe hace un año se enteraron q iban a tenr a Oli :') shorooo.. buee..ahora sii nos vemos si puedo mañana! beshos!

jueves, 26 de diciembre de 2013

Capitulo 16 ♥ - Dulce Reencuentro♥



Pedro se agarró el zapato y lo giró para ver lo que tenía en las suelas. Gimió.

-¡Oh, no!

-Y parece ser que no las has puesto tú mismo allí, ¿verdad?

-Déjalo ya. Debe haber sido Alma -dijo él tratando de quitarse las pegatinas que tenía. Pero la cosa no le resultó fácil.

-¿Alma? ¿Es esa bailarina exótica…?

-Es mi hija -lo interrumpió Pedro.

-¿Tu hija? -repitió Nan incrédulo-. ¿Cuándo sucedió?

-En San Diego, hará unos cuatro años. ¿Recuerdas a Milagros?

-¿Y quién no?

-Sí, bueno, ella tuvo una hija mía y no me lo dijo. No me mires así. Yo usé protección, pero algo debió fallar. La primera vez que supe de Alma fue cuando Milagros murió y a mí me apuntaron como padre y tutor de la niña.

-Hey, lástima por Milagros. Tenía un gran corazón. Escucha, no me gusta nada preguntarte esto, camarada, ¿pero estás seguro…?

-¿De que Alma es mía?

Nan asintió.

-Sí, lo estoy. Tiene la misma marca de nacimiento que tengo yo.

-¿Y por qué Milagros la llamó Alma?

-A ella siempre le gustó el nombre Alma, así que me imagino que esa es la razón del nombre de la niña. ¡Maldita sea, no me puedo quitar estas pegatinas!

Nan lo miró desaprobatoriamente cuando Pedro empezó a maldecir como un carretero.

-Ciertamente, espero que no uses ese lenguaje delante de tu hija. ¿Cuándo la voy a conocer? Creo que ya me cae bien. Cualquiera que se te meta así bajo la piel a ti, me gusta.

-Con amigos como tú, Paz, ¿quién necesita enemigos?

-¿Te ha dicho alguien que te falta sentido del humor, Alfonso?

-Sí, tú.

-¿Y no te hace gracia esto de estar enseñando a calamares?

-Los marines enseñan a los SEAL de la armada, los grupos especiales de reconocimiento.

-Ahora que lo mencionas, estoy de camino a Quántico para recibir un entrenamiento especial. Tenía unas horas libres antes de que salga mi vuelo y pensé pasarme por aquí para ver cómo te iba. No tenía ni idea de que te iba a encontrar hecho todo un padre.

-No estoy nada seguro de esto de ser padre.

-¿De qué me estás hablando? Tú eres un marine. ¿Cómo de duro puede ser eso de ser padre?

-Sí, eso era lo que yo pensaba.

-¿Y quién te ha hecho cambiar de opinión. ¿Cómo se llama y cuál es su número de teléfono?

Pedro lo miró un poco menos amistosamente que antes.

-Se llama Paula y es la profesora de educación infantil de mi hija. Y no saques la agenda, no te voy a dar su número de teléfono.

-¿Está en la guía?

-Olvídalo.

-Oh, vamos, así que la quieres para ti. ¡Hurra!

Nan acompañó ese grito con una fuerte palmada en la espalda de Pedro.

-Y ahora vamos a cambiar de tema…

-Solo si el nuevo tema te da tanta vergüenza como el de antes.

-¿Qué pasó con eso de Semper Fidelis? -le preguntó Pedro a su compañero, recordándole el lema de los marines.

-Que es el mejor lema de todas las Fuerzas Armadas.

Pedro tuvo que sonreír ante la arrogancia de su compañero al decir eso dentro de una base de la armada.

-Y también el uniforme más bonito -dijo Pedro-. Azul.

-Y el mejor corte de pelo -añadió Nan pasándose una mano por la cabeza rapada-. Fácil de lavar y peinar.



Como era habitual, la cosa terminó en una no muy amigable discusión con el personal de la armada que estaba presente.

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Holaaaas! aca yo de nuevo, dejandoles 3 caps mas :) espero les guste! emm...ya saben comenten aca en el blogg (xplisssssssssssss) o en mi tw @meli_pauliters ! Buenu..mañana osea hoy no creo q subaa xq es el cumple de mi mami, y bue..hace poco se murio mi abuela, y vamos a ir al cementerio, y como va a ser la 1ra ves creo q n voi a tener animos de nada dps! y va a ser un dia re depre asiq bueno nada! espero sepan comprender, nose cuando vuelvo a subir! Caps dedicados a (@pedropaulaoli4) celes! espero q t gusten! ;) graciias x escucharme el otro dia! beshos a tod@s!





Capitulo 15 ♥ - Dulce Reencuentro♥



Lo que lamentaba era que ella se hubiera marchado tan aprisa. Y que a Alma le hubiera molestado no haberse podido despedir de ella. El que él le dijera que ya la vería en el colegio al día siguiente pareció caer en oídos sordos. También le costó mucho hacer que se durmiera esa noche. Le leyó tres veces el cuento de La Cenicienta, otras dos La Bella Durmiente y terminó leyéndole el Manual de Procedimiento del Cuerpo de Marines con la voz monótona que siempre lo había adormilado a él cuando la usaban sus profesores de instituto.

Recordar el instituto le hizo pensar de nuevo en Pau. No estaba seguro de por qué la había besado. Había sido un impulso. No la había invitado a ir a su casa para eso. O, por lo menos, no lo había hecho solo para eso. Había querido sinceramente que lo ayudara con su hija, y los problemas que estaba teniendo para que Alma se durmiera eran la prueba de que le faltaba mucho por aprender.

Cuando Alma se durmió por fin, él se dirigió al sofá y se puso a leer uno de los libros que ella le había dejado.

Terminó por quedarse dormido en el sofá con el libro en el regazo. Por la mañana, se sorprendió al verse allí a su hora acostumbrada de despertarse, las seis cero, cero. El desayuno fue muy apresurado, pero por suerte, Alma no se dedicó a jugar con sus cereales, como de costumbre. La llevó al colegio justo a tiempo.

-¿Vas a volver? -le preguntó la niña como todos los días.

-Afirmativo. Te recogeré aquí mismo a las diecisiete cero, cero. ¿Entendido?

-Uh, huh -dijo Alma asintiendo.

Luego, corrió a meterse en su clase gritando el nombre de Pau.

Pedro se sintió tentado a quedarse un momento más e ir a ver él también a Pau, pero tenía por delante un día muy ajetreado. Se pasaba los lunes en el Centro de Entrenamiento de Los Grandes Lagos, al norte de Chicago. A pesar de que el Cuerpo de Marines era una rama separada de las Fuerzas Armadas, caía bajo la jurisdicción del Departamento de Marina y al Cuerpo nunca le había gustado demasiado eso.

Después de volver de Bosnia, él había ido a recibir su terapia de recuperación para la herida en ese centro y ahora estaba temporalmente asignado allí como instructor de reclutas unos cuantos días a la semana. Todo era labor de pizarra, nada físico. Y le resultaba frustrante.

Cuatro horas más tarde, había terminado sus clases y estaba sentado en un pupitre de un aula abarrotada, metido de lleno en el papeleo, cuando alguien le dio una palmada en la espalda.

-Nunca pensé que viviría para ver el día en que el gran Alfonso estaría enseñando a calamares, la forma más baja de vida en los mares.

-¡Paz! -exclamó Pedro poniéndose en pie.

Lo hizo de tal modo que se tuvo que agarrar al borde del pupitre para conservar el equilibrio. La herida aún le molestaba bastante.

-¿Qué estás haciendo aquí?

Pedro y Hernan Paz habían ido juntos al mismo campamento de reclutas y eran amigos desde entonces. Hernan era todo lo contrario a él, un tipo que se llevaba bien con todo el mundo y que se había criado en una familia de militares. Tenía el cabello oscuro y los ojos azules, de forma que podía derretir los corazones femeninos sin hacer el menor esfuerzo.

Hernan era también un gran bromista, así que, cuando se sentaron, Pedro se preparó para lo peor.

-¿Qué es lo que has hecho? -le preguntó Pedro suspicazmente.

-¿Yo? -respondió Joe poniendo cara de inocente-. Yo no he hecho nada.

-¿Entonces qué te parece tan gracioso?

-Has tenido una clase con un banco de calamares esta mañana, ¿no? -dijo su amigo llamando a los reclutas de la marina por el sobrenombre despectivo que les daban los marines.

-Sí, por qué.

-¿Y no has notado nada raro? ¿Algunas risitas tal vez?

-¿Por qué? ¿Qué pasa?



-Nada. Si te gustan las caras amarillas sonrientes y las flores gigantes en las suelas de tus zapatos.

-¿Qué?

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SIGUE..

Capitulo 14 ♥ - Dulce Reencuentro♥



-Bien.

-Bueno, me alegro. Tal vez Maxi te pueda proteger de Pedro.

La imagen de Maxi, un hombre atractivo y razonablemente en forma, pero no precisamente un Arnold Schwarzenegger, enfrentándose a Pedro, la máquina de matar, el perfecto marine, el tipo más bestia que había conocido en su vida, fue suficiente como para hacerla agitar la cabeza.

-No, si quiero protegerme de Pedro, lo voy a tener que hacer yo misma.

-¿Qué quieres decir con eso? ¿Es que piensas volver a tener algo que ver con él de nuevo?

-No. Le dije que estaba saliendo con otro.

-¿Antes o después de que te besara?

-La verdad es que antes.

-Ah.

-¿Ah, qué?

Zai se encogió de hombros.

-Ese tipo está celoso de que te hayas alejado de su vida.

-¿Alejarme? ¿Debería esperarlo después de doce años sin verlo?, ¿desde ese verano en que teníamos dieciocho años?

-Sí, pero en esos doce años tú no has salido realmente en serio con ningún otro.

-Eso no es cierto. Está Pablo.

-Sí, claro, Pablo, el epítome del síndrome de Peter Pan. Vamos, él nunca fue un candidato real para sentar la cabeza.

-De acuerdo, ¿y Agustin?

-Eso, ¿y él?

-Él sí estaba dispuesto a sentar la cabeza. Estuve cerca de aceptar su proposición de matrimonio el año pasado.

-Estar cerca se dice solo cuando un caballo casi te ha dado una coz o cuando casi te ha estallado una granada de mano. Lo que nos lleva de nuevo a Pedro, el epítome de las granadas de mano y minas antipersonal es en lo que se refiere a las relaciones personales. ¿Sabes una cosa? -dijo Zai agitando nerviosamente una patata frita delante de ella-. Yo creo que la razón por la que no aceptaste la propuesta de matrimonio de Agustin es que nunca te has repuesto realmente de Pedro.

Pau casi se atragantó con su hamburguesa.

-Eso es ridículo.

-¿Lo es? ¿Puedes decirme sinceramente que no has deseado que su hija sea tuya también?

Pau tuvo que apartar la mirada. Zai la conocía demasiado bien.

La expresión de Zai mostró su arrepentimiento inmediato.

-Lo siento, no he querido sacar a la luz recuerdos dolorosos.

-La mayoría de mis recuerdos de Pedro lo son -repuso Pau.

-Eso nunca es una buena señal en una relación.

-Nunca tuvimos realmente una relación. Yo le enseñé geometría y él me enseñó a hacer el amor en el asiento trasero de un coche.

-Si aquello hubiera sido solo sexo, lo habrías superado ya.

-Muy bien, admito que Pedro fue mi primer amor y sí, hay algo poderoso en el primer amor. Pero ese beso de hoy ha sido solo un despiste momentáneo. De ahora en adelante he decidido ser inmune a los encantos de Pedro.

Zai sonrió.

-A mí nunca se me habría ocurrido meter a Pedro y encanto en la misma frase. No, a no ser que haya cambiado completamente de como era en el instituto. Peligroso, tentador, provocativo, poderoso, todo eso lo admito. ¿Pero encantador? De eso, nada. No lo creo. Suena demasiado suave para Pedro Alfonso. A no ser que se haya pulido un poco con la edad, claro.

-Difícilmente. Es tan poderoso como antes.

-Ah.

-No digas «ah» de nuevo. Nunca dices «ahs» como esos a no ser que quieras decir algo; y normalmente, es algo que no me va a gustar a mí.

-Creo que vas a necesitar una vacuna más fuerte contra Pedro que una charla conmigo mientras nos comemos unas hamburguesas. Creo que vas a necesitar otro hombre. Toma -le dijo Zai y le pasó su teléfono móvil-. Ya es hora de pedir refuerzos. Llama a Maxi.

Pedro trató de llamar a Pau varias veces el domingo por la tarde, pero ella no respondió y no le pareció bien dejarle un mensaje en el contestador.



¿Qué le podía decir? ¿Que lamentaba haberla besado? No lo lamentaba.

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Sigue..

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Capitulo 13 ♥ - Dulce Reencuentro♥



Pau debió estar preparada. Pero no lo estaba. Debería haberlo empujado. Pero no lo hizo. No debería haber respondido. Pero lo hizo. Para ser un marine, él se movió con una sutil sensualidad. No reclamó sus labios por la fuerza, sino que fue como si se deslizara por debajo de sus defensas, obligándola a rendirse con su erótica declaración de intenciones. Le rozó la boca una y otra vez contra los temblorosos labios.

Luego, inclinó la cabeza en la dirección opuesta y buscó su boca una vez más.

Y entonces fue demasiado tarde. Demasiado para ser lógica. Imposible ser coherente con tanta excitación en el cuerpo. Él le atrapó en ese momento el labio inferior entre los dientes, chupándoselo hasta que ella gimió de placer.

En el momento en que Pau entreabrió los labios, él se aprovechó de ello y su lengua se introdujo dentro para saborearla y tentarla. Esa leve caricia en el paladar hizo que a ella le temblaran las rodillas.

Finalmente, su instinto de auto protección se impuso y la hizo apartarse.

-No -dijo-. ¡No!

-De acuerdo. Ya te he oído la primera vez. Vas a despertar a Alma.

Pau se sintió como si fuera ella la que se hubiera despertado de un sueño encantado. Parpadeó para aclararse la vista y apretó los puños con ira.

-¿Cómo te atreves a pensar que puedes abrazarme y besarme?

-Yo no te he abrazado. Solo te he besado.

-Escucha, yo no he venido aquí para ser tu compañera de juegos -dijo ella al tiempo que empezaba a guardar sus cosas-. He venido porque pensaba que decías en serio lo de querer ser un padre mejor. Está claro que me equivocaba.

Pau se echó el bolso al hombro y se dirigió a la puerta.

-Espera un momento…

-¡Papá! –gritó Alma desde su habitación.

-Ve a cuidar de tu hija. Si eres la mitad de honorable de lo que dices ser, eso es lo que deberías estar haciendo justo ahora. Y es lo único que deberías estar haciendo -le dijo Pau antes de salir de la casa.

-¿Que hizo qué?

Pau y Zai estaban en un restaurante de comida rápida al que solían ir.

-¿Me estás diciendo que ese hombre tuvo realmente el valor de besarte? -insistió Zai mientras se comía una patata frita-. ¿Que la historia triste que te contó acerca de que necesitaba ayuda para ser un padre mejor fue solo un truco para llevarte a su casa y tratar de sobrepasarse contigo?

-Bueno, no se puede negar que el hombre necesita ayuda en lo de ser padre.

-La pobre niña…

-No estoy diciendo que sea arrogante e insoportable, aunque lo sea. Y tampoco estoy diciendo que no le importe la niña y que no lo esté intentando.

-Sí, lo está intentando. Lo está intentando de verdad. Como algo imposible.

Pau se encogió de hombros.

-Ni siquiera estoy segura de que planeara besarme. Quiero decir que no tenía que haberse tomado tanto trabajo en leer esos libros solo para robarme un beso. Lo que estoy diciendo es que se aprovechó de la situación.

-No fastidies. Ya te advertí sobre él.

Pau asintió.

-Ya lo sé.

-Y tú me dijiste que no me preocupara, que no había manera de que le fueras a dejar acercarse lo suficiente como para causarte problemas.

-Sí, bueno, ese era el plan.

-Está utilizando a su hija para llegar a ti.

-Puede ser, pero eso no cambia el hecho de que Alma me necesita de verdad.

Zai le dio un mordisco a su hamburguesa y se lo tragó antes de volver a hablar.

-Me has dicho que Pedro se leyó de verdad los libros que le diste, ¿no?

-Sí.

-Y tú te pasaste varias horas en su casa trabajando con él en varias cosas de las que tienen que hacer los padres, ¿no?

-Sí.

-Entonces yo diría que ya le vale. Tú has hecho lo que has podido para ayudar a Alma. No te puedes poner en posición de riesgo.

-Es ridículo que me haya permitido ser tan vulnerable. ¿Pero quién iba a saber que, después de todos estos años, yo iba a seguir siendo…?

-Seguir siendo, ¿qué?

-Una idiot.a.

-Hey, no seas tan dura contigo misma -le dijo Zai dándole un golpecito en el brazo-. Él es el que tiene la culpa de todo aquí.

-No me estaba esperando que me besara. Y, cuando lo hizo… Bueno, no me esperaba disfrutarlo tanto.

-Mala señal.

-Dímelo a mí.

-Creo que tienes que pasar más tiempo con ese nuevo chico con el que estás saliendo. ¿Cómo te van las cosas con Trevor?



Trevor Locke era un consejero financiero con el que llevaba saliendo cosa de un mes. Estaba recientemente divorciado y no muy dispuesto a meterse en otra relación seria, lo que a ella le iba muy bien. En la actualidad prefería tomarse esas cosas despacio.


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Holaaas! Feliiz Navidaad!! Aca cn una mini maraton d 5 caps les dejo! espero les guste! Este es su regalod navidad! espero el mio! cn q comenten es mucho! jajajjajaa..bueno nada! comenten plis aca o en @meli_pauliters q terminen su dia genial! beshoos

Capitulo 12 ♥ - Dulce Reencuentro♥



-Y la abrazarás y consolarás si ella quiere que lo hagas. Y le asegurarás que vas a estar con ella para siempre, que puede contar contigo.

Aunque ella no había podido contar con él para nada.

-Necesita saber que puede contar contigo -añadió.

Algo de la ira que sentía por su propia vulnerabilidad con él se le notó en la voz.

-¿Estás enfadada conmigo por Alma o es por algo más? Porque tengo la sensación desde que nos hemos conocido de que estás enfadada conmigo. ¿Porqué?

-Nos conocimos en el instituto -le recordó ella.

-¿Es por eso por lo que estás enfadada? ¿Porque no te reconocí inmediatamente?

¿Inmediatamente? ¡Había tardado toda una semana!

-No esperaba que me recordaras.

Pedro frunció el ceño.

-Si no esperabas que te recordara, ¿cuál es el problema entonces?

Él era el problema, pensó Pau. Tenerlo de nuevo en su vida.

-El problema es que ahora eres un padre y no estoy segura de que te des cuenta de lo que significa eso.

-¿Me estás diciendo que no me estoy tomando en serio mis responsabilidades como padre?

-No, no estoy diciendo eso en absoluto. Solo estoy diciendo que no estoy segura de que tú te des cuenta de la tremenda responsabilidad que es esto.

-Ser responsable de las vidas de los cuarenta y cinco marines de mi unidad bajo el fuego enemigo sí que es una tremenda responsabilidad. Ser padre es un trozo de tarta en comparación con eso.

Ella lo miró con lástima.

-La verdad es que no tienes ni idea.

No era una pregunta, así que él ni se molestó en responder.

-Sé lo que estoy haciendo. Y lo que no sepa, lo puedo aprender.

¿Pero cómo enseñarlo a amar? Esa era la cuestión más importante. Porque si él no podía amar a Alma, no importaba lo mucho que él pudiera saber de primeros auxilios, ya que no podría curar la herida que la niña tendría en el corazón causada por un padre incapaz de amarla como se merecía.

Y Pau sabía muy bien lo que era aquello. Lo había experimentado en sus propias carnes.

Su padre, un alto ejecutivo de empresa, cambiaba de domicilio cada año. Su madre nunca se quejó y decía que, lo que era bueno para él, era bueno para la familia. Pau era hija única y le resultaban muy difíciles esos traslados. En cuanto hacía amigos, tenía que dejarlos. En el cuarto grado dejó de hacer amigos. ¿Para qué? Al final terminaría despidiéndose de ellos como siempre.

Cuando su padre murió de un ataque al corazón que le dio en el trabajo, las mudanzas terminaron. Lo mismo que los ingresos familiares. Su madre descubrió entonces que su marido estaba endeudado hasta las cejas después de unas muy malas operaciones especulativas en bolsa.

Por aquel entonces, ella tenía trece años y acababa de empezar el instituto. Tuvieron que mudarse de nuevo a un barrio más barato. Su madre encontró un trabajo, pero Pau pudo seguir en el mismo instituto cuatro años más.

No había podido hablar mucho con su padre, preguntarle por qué nunca había sido capaz de abrazarla o de mostrarle algo de aprecio. De preguntarle si la quería algo. De decirle que ella sí que lo quería y que lamentaba haberlo decepcionado en algo.

-¿No me crees?

La voz de Pedro interrumpió sus pensamientos.

-¿Qué?

Pau parpadeó y lo miró.

-He dicho que lo que no sepa de ser padre, lo puedo aprender, y luego tú no me dices nada.

-No ha sido por ti. Estaba pensando en otra persona.

Ese comentario lo irritó. Por alguna razón, no había pensado en la posibilidad de que ella tuviera ahora una vida propia, con un hombre. Había visto antes que no llevaba anillo, pero el hecho de que no estuviera casada o comprometida no significaba que no estuviera saliendo con alguien.

-¿Cómo se llama? -le preguntó.

-¿Quién?

-El tipo en el que estabas pensando.

-No quiero hablar de eso ahora. Volviendo a Alma…

-Estás evadiendo mi pregunta.

-No fastidies, ¿sí?

-¿Qué estás tratando de ocultar? A no ser que vayas a intentar decirme que no estabas pensando en un hombre, claro.

-Te estoy diciendo que eso no es cosa tuya -respondió ella cada vez más enfadada-. ¿Y por qué me estás haciendo ahora preguntas personales?

-Tú me las has hecho a mí. ¿Por qué de repente tu vida está fuera de los límites? ¿Por qué te pones tan suspicaz?

-No me he puesto suspicaz. Y, para que lo sepas, estaba pensando en mi padre.

-Ah -dijo él riendo-. Debería haberme imaginado eso en vez de que estabas pensando en algún tipo.

¿Es que él se creía que ella no tenía una vida propia solo porque no quería hablar de ella con él?

-Para tu información, estoy saliendo con alguien.

-¿De verdad?

El jocoso tono de su voz la irritó más todavía.

-¿Por qué lo dices así?

-¿Cómo? -preguntó él mientras se acercaba.

Era como si la estuviera retando a apartarse de él y admitir que se sentía atraída por él.

-Como si no fuera cierto -respondió ella negándose a retroceder ni un centímetro.

Echó atrás la cabeza y lo miró fijamente. Estaba tan cerca que podía ver su reflejo en los ojos miel de él.

-¿No te crees que esté saliendo con alguien?

-Lo que no me creo es lo mucho que quiero besarte -susurró él antes de hacerlo.


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SIGUE..

Capitulo 11 ♥ - Dulce Reencuentro♥



-No.

-Sí.

-¡No!

-Sí, no, sí, no -repitió Almita.

Pau tuvo que reírse.

-Parece como si fuéramos un par de niños de tres años -dijo.

-Yo los tengo -dijo la niña levantando tres dedos orgullosamente-. Estos.

Pau le sonrió.

-Muy bien.

-¿Qué le has hecho al G.1. Joe? -le preguntó Pedro al ver lo que le estaba haciendo la niña al soldado de plástico.

-Lo he puesto bonito -respondió Almi mostrándole el sombrero de flores que le había puesto.

-El G.I. Joe no lleva flores -dijo Pedro muy serio-. Todos los demás G.1. Joes se reirían de él. Ponle el casco de nuevo.

Almita miró insegura a su padre y sus grandes ojos castaños se le llenaron de lágrimas.

-Vaya -exclamó Pedro-. No llores. Las niñas mayores no lloran.

-Claro que sí -intervino Pau y tomó en brazos a la niña-. Está bien estar triste, querida. Yo creo que G.I. Joe está muy bien con ese sombrero.

Almita sorbió y apretó la cara contra el cuello de Pau. Lo que permitió que ella le dedicara una mirada a Pedro que hubiera fundido acero.

-Muy bien, las niñas mayores lloran -admitió él-. A veces. Pero la hija de un marine no llora.

Extendió el brazo y le dio una palmadita en la espalda a Alma.

-Ahora tú eres la hija de un marine y puedes…

Estuvo a punto de decir que podía masticar clavos, pero se lo pensó mejor, ya que Alma solía tomárselo todo literalmente.

-Y eres incluso más poderosa que G.1. Joe. Eres más fuerte que los demás niños.

La niña dejó de llorar y extendió los brazos hacia él.

La tomó en sus brazos y ese abrazo le resultó más fácil ahora. Un segundo más tarde, Almi se estaba riendo de su representación de Los tres cerditos. O tal vez de sus muecas. Lo que fuera, había logrado hacerla reír.

-Ahora vamos a enseñarle a Pau cómo puedes guardar algunos de esos juguetes -dijo bajándola al suelo-. Uno, dos, tres, cuatro. Quita todos esos juguetes del suelo. Izquierda, derecha, izquierda, derecha. Quita también esos camiones.

Pau esperó hasta más tarde, cuando Almi ya se había dormido, para hablarle a Pedro de la dureza.

-Me sorprende que aguante tanto -dijo Pedro desde la puerta del dormitorio de la niña-. Se suponía que tenía que empezar su siesta a las catorce cero, cero. Y eso fue hace treinta minutos.

Cuando estuvieron de vuelta en el salón, Pau le dijo:

-A veces tienes que ser flexible. Y tienes que recordar que solo tiene tres años. Es una niña pequeña, no un marine. Una niña que acaba de perder a su madre.

-Soy consciente de ello.

-¿Te ha hablado de su madre, de que la echa de menos?

-Me ha dicho que está arriba, en el Cielo, y me ha preguntado si eso me entristece.

-¿Y qué le has dicho tú? ¿Que los marines no se ponen tristes?

El la miró fijamente. No lo había dicho así, pero estuvo muy cerca.

Pau suspiró, como si se esperara ese fallo.

-Eso puede explicar por qué es tan estoica en algunas cosas. En no llorar, en querer comportarse bien y no hacer nada mal.

-Eso es bueno.

-Como ya te dije en el colegio cuando hablamos de esto, a Alma le aterroriza hacer algo mal. Tal vez piense que, si no se porta bien, tú desaparecerás o morirás, como hizo su madre. O que la echarás de casa. No estoy segura, pero creo que es importante que averigüemos lo que piensa, lo que siente.

-A mí no se me dan nada bien esas cosas.

-Pues vas a tener que aprender a que se te den bien. Mientras tanto, yo necesito algunos hechos sobre los que trabajar. ¿Sabes cómo murió la madre de Alma?

-Me dijeron que en un accidente de coche. Se durmió conduciendo mientras volvía a casa después del trabajo. Trabajaba de noche como camarera en un club de San Diego. La asistente social me dijo que Milagros solía dejar a Alma a cargo de unos amigos y que ella estaba acostumbrada a no estar con su madre.

-Aún así, me sorprende que Alma no la haya mencionado más. ¿No le has hablado tú de eso?

Él la miró como si estuviera loca.

-¿Y por qué lo iba a hacer? Como te he dicho, ella ya sabe que Milagros está muerta.

-Decirle que las niñas grandes no lloran le pondrá las cosas más difíciles. Tienes que permitirle expresar sus emociones.




-Muy bien. No le diré que los hijos de los marines no lloran y dejaré que ella lo haga cuando quiera


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SIGUE..

Capitulo 10 ♥ - Dulce Reencuentro♥



-Alma necesita saber que tú la quieres de cualquier manera, no solo cuando está limpia o cuando es buena. Recuerda que tu hija te verá como a su modelo de cómo expresar las emociones, así que tienes que expresarlas sinceramente.

Las emociones no eran algo que necesitara un marine. De hecho, para él, no servían para nada más que para estorbar. Y, con respecto a la sinceridad, no creía que Pau quisiera que él expresara su pánico interior. No, para él, ceder al miedo nunca había servido para nada.

-Alma necesita ver señales de tu amor y cariño -continuó ella-. Hay varias formas de hacerlo, darle besos y abrazos para felicitarla cuando haga algo difícil, o consolarla cuando llore, cuando le duela algo…

-¿Es eso lo que hizo tu padre contigo?

Esa pregunta la pilló por sorpresa.

-No. Todo lo contrario.

-Y aún así, pareces haber salido muy bien.

-Las apariencias engañan.

-Así que, básicamente, me estás diciendo que, si no la abrazo en los momentos adecuados, la estaré perjudicando para toda la vida, ¿no? No me presiones en eso.

-Yo creía que los marines estaban acostumbrados a la presión.

-Sí, bueno. Sigo sin creer que eso de ser padre sea tan complicado -gruñó Pedro.

-Tranquilo, marinero. Todavía no has visto nada -le dijo ella sonriendo.

Pedro se sintió como un idiot.a. Y todo por esa inesperada sonrisa de Pau. Apabullado por una mujer con unos ojos tan verdes que darían envidia a las hojas de los árboles bañadas por el sol.

¿Se estaba poniendo poético? Mala señal…

¿Lo era? ¿Desde cuándo había sido un crimen ponerse poético con una mujer atractiva? Seguramente desde que era padre.

Pero aquello era lo mejor de dos mundos. Con Pau tenía una mujer que estaba encontrando cada vez más atractiva, y que además, sabía cómo hacerse cargo de su hija.

-Ya está -dijo Almita orgullosamente desde el cuarto de baño.

-Estoy tratando de corregirla también cuando dice algo mal -afirmó él.

-No tienes que preocuparte por eso y corregirla cada vez que lo haga. Puedes limitarte a repetir tú lo que diga mal, para que vea cómo se hace. Los niños de esa edad a menudo copian lo que se dice.

-Esa es una de las razones por las que ahora tengo cuidado con lo que digo delante de ella.

-Buena idea -respondió ella.

¿Era un brillo del sol o realmente había visto un destello de atracción en los ojos de ella? Tal vez Pau había decidido dejar de estar enfadada con él por lo que debía haberle hecho en el instituto.

O tal vez solo se estaba imaginando cosas. Llevaba solo tanto tiempo que el pensamiento de ligar con una mujer atractiva era suficiente como para que la sangre le corriera un poco más aprisa. Eso podía ser interesante, pensó.

Mientras Alma se sentaba en el suelo del salón y se ponía a jugar con sus camiones, Pau le dijo:

-Lo primero es lo primero. Empecemos con los primeros auxilios. ¿Qué sabes de eso?

-Lo suficiente como para hacerte el boca a boca -respondió él.

Ese súbito destello del chico malo que había sido en el instituto, la pilló por sorpresa.

-Bueno, lo siguiente son las comidas -respondió tratando de sobreponerse a la impresión.

-¿Hay alguna razón para que los primeros auxilios vayan antes de la comida? Eso me hace pensar que ya has probado cómo cocino yo.

Pau no tuvo más remedio que sonreír.

-¿Qué le estás dando de comer?

-Hoy golosinas y patatas fritas -respondió él en broma.

Cuando vio la mirada de sorpresa de ella, añadió:

-¿Qué pasa? Era eso lo que te estabas esperando, ¿no? Que fallara la respuesta.

-Eso no es cierto.

-¿No? ¿Entonces por qué me estás tratando como si yo fuera un recluta novato que no distinguiera mi… pie de un hoyo en la pared?

-Lo siento si no te gusta mi sistema de enseñanza. No soy una experta educando adultos.

-Y yo no soy un experto en aceptar órdenes de una civil, pero no me quejo.

-Eso es porque eres tú quien necesita de mi ayuda.

-Y tú eres la que me ha ofrecido esa ayuda.

¿Ofrecido? Más bien se había visto obligada a ofrecérsela, pero no iba a ponerse a discutir de semántica.

-Estoy tratando de ayudarte, pero sería más fácil si no fueras tan cabezota y no tuvieras esa actitud.




-No soy yo el que tiene una actitud, eres tú.


SIGUE..

Capitulo 9 ♥ - Dulce Reencuentro♥



Sorprendida por la dirección que habían tomado sus pensamientos, Pau pensó que aquello no era por Pedro o por ella, sino por Almita.

Tomó los papeles en donde había apuntado sus notas y consultó la primera página.

-La mayoría de las clases para padres se han diseñado para padres nuevos con hijos pequeños -le dijo-. He hecho un programa con tus necesidades especiales. Creo que con eso cubriremos lo básico, comer, vestirse, bañarse y acostarse.

Almita gritó entonces:

-¡Nooo! No me quiero acostar ahora.

-Está bien, todavía no es hora de acostarte -dijo Pau-. Deja que te vea las manos limpias.

Almita se las enseñó.

-Muy bien.

-Muy bien -repitió la niña asintiendo.

-¿Tienes problemas con algo de lo que te he dicho? -le preguntó Pau a Pedro.

Con todo, pensó él. Pero no estaba dispuesto a admitirlo.

-Podemos verlo todo. Pero antes tengo unas preguntas que hacerte -dijo él sacando su propio cuaderno de notas-. ¿Cada cuánto tiempo hacéis simulacros de incendio? ¿Tenéis conocimientos de pediatría y primeros auxilios? ¿Tenéis todos los papeles en regla en el colegio?

Ella pareció impresionada.

-Ya veo que has leído algo de lo que te sugerí.

-Eso es.

A él no 1e gustaba nada parecer incompetente, así que se había esforzado en averiguar todo lo que había podido en los últimos días. Muchas cosas de las que habían leído le habían parecido tonterías psicológicas. Él era un tipo claro y sencillo. Le gustó saber que los niños necesitaban rutinas y organización. Lo mismo que los marines. Los reclutas que él entrenaba necesitaban la disciplina para acatar las órdenes.

El hacer que un recluta novato dominara su miedo a las alturas lo suficiente como para conseguir bajar en rappel por una torre de entrenamiento le hacía sentirse bien. Tal vez esa era su oportunidad de sobreponerse a un miedo propio, el de ser padre. Sobreponerse al miedo era otra de las cosas que debe hacer un marine.

Sí, le gustaba verlo de esa manera.

-¿Has oído algo de lo que te he dicho? -le preguntó ella exasperada.

-Sí. Has dicho que tenéis conocimientos de primeros auxilios y que el colegio tiene todas las licencias en regla, además de tener todos los extintores y alarmas contra incendios necesarios y que hacéis los simulacros de incendios que pide la ley. Y ahora cuéntame los secretos de vestir a un niño.

Saber concentrarse en más de una actividad a la vez, era otra ventaja que él tenía sobre un padre normal. Otra cosa que le habían enseñado los marines.

-¿Secretos? Lo dices como si hubiera solo una forma de conseguirlo. Y no es así. A veces hay que aprender por el método de prueba y error. Lo que puedo hacer es darte algunas sugerencias. Almi, aquí presente, es una niña pequeña, no un saco de patatas.

-Almita es una niña -repitió Alma orgullosamente-. No un saco de patatas. Ni un perro.

-¿Qué quieres decir? -le preguntó Peedro a Pau.

-Que pareces un poco incómodo cuando la tomas en brazos.

Eso era porque él era un hombre más acostumbrado a llevar un fusil de asalto M-16 A2 que un niño.

-Enséñame. Por favor.

-Solo tienes que actuar naturalmente.

-Eso es fácil de decir.

-Mira -dijo Pau al tiempo que tomaba a Almita en brazos y se la colocaba sobre una cadera-. Es así.

-Esa es una forma de chica de llevar a un niño.

-Ah, ¿ahora eres tú el experto?

-Mira tú.

Pedro tomó a Almita y, después de un momento de no saber qué hacer, se la echó al hombro.

-¡Yupiii, un caballo! –gritó Almita al tiempo que le daba con los talones en el pecho.

-Ten cuidado, no vaya a usar tu cabello de riendas -le dijo Pau.

-No es lo bastante largo.

Y era cierto, pero Almita le agarró de las orejas.

-No me agarres las orejas -ordenó él-. ¿Me has oído, jovencita?

-Señor, sí señor -dijo la niña.

Cuando trató de saludar, casi se cayó de sus hombros. Él la bajó y la sujetó bajo el brazo izquierdo.

-Tengo ******* -dijo Almita y Pedro la dejó en el suelo como si fuera radioactiva.

-¿Necesitas ayuda? -preguntó Pau tratando de no reírse.

-¿A quién se lo preguntas, a Alma o a mí?

-A los dos.

-Alma puede ir sola al cuarto de baño. Gracias a Dios. También está preparado a prueba de niños. A Pau le gustó ver que él seguía vigilando la puerta entreabierta del baño.




Durante la ausencia de Almita, Pau pensó que ese era un buen momento para hablar de las emociones.

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SIGUE..

Capitulo 8 ♥ - Dulce Reencuentro♥



Pedro se puso en cuclillas a su lado mientras seguía intentando limpiarle las manos, al parecer inconsciente de las necesidades emocionales de su hija.

Pau le dio un discreto golpe en las costillas. Eso y la mirada de ella lo hicieron hablar.

-Sí, eso. Tal como eres. Pero más limpia. Ahora vuelve a la cocina, jovencita.

Almita casi se sacó un ojo cuando lo saludó militarmente. Pero no hizo nada para irse a la cocina.

-Ayúdame con esto -le dijo él a Pau.

-Solo he venido a observar.

-¿A observar? Eso es inútil.

-Si prefieres que me vuelva a casa… -dijo Pau al tiempo que se levantaba, dispuesta para hacerlo.

-Quédate.

-Yo tampoco soy un perro -dijo ella ya con la mano en el picaporte-. Así que no intentes darme órdenes como si lo fuera.

-Por favor, quédate.

Estaba claro que a él no le gustaba mucho pedir las cosas educadamente. Pero lo hizo.

Ella suspiró.

-Vamos al trabajo.

-Vamos a jugar -dijo Alma.

-Primero tienes que lavarte -le dijo Pedro tomándola en brazos como si fuera un paquete, y se dirigió a la cocina.

Pau lo siguió. El mobiliario le indicaba que estaba muy claro que ese hombre viajaba ligero de equipaje. ¿Cuánto tiempo llevaría en Chicago? ¿Dónde se habría hecho la herida en la pierna que le hacía cojear? ¿Por qué había hecho el amor con ella para luego actuar como si no hubiera pasado nada entre ellos?

Los muebles de la cocina eran todos blancos y, sobre ellos, solo había una cafetera.

-He puesto toda la casa a prueba de niños -le dijo él entonces-. Para que ella pueda estar segura aquí.

-Eso está bien.

Por lo menos la niña estaría segura, ¿Pero sabría alguna vez lo que era que su padre le diera un abrazo? ¿O se pasaría la vida acatando órdenes ladradas con voz seca?

Ella sí que sabía muy bien lo que era eso y no quería que a Almita le sucediera lo mismo. La niña ya había sufrido bastante en la vida cuando murió su madre. Lo que necesitaba ahora era estabilidad, comprensión y mucho amor.

Ansió abrazarla y darle todo el amor que necesitaba. Lo único que la contuvo fue el conocimiento de que ya se había metido demasiado en aquello. Ella era solo su profesora y Pedro era el padre.

Lo que sirvió para recordarle las veces que había soñado despierta preguntándose qué clase de padre sería él. Durante esa alarma de embarazo que tuvo hace tanto tiempo, se había imaginado la reacción de él cuando le dijera que iban a tener un hijo. En su fantasía adolescente, él se habría sorprendido y luego la habría abrazado y le habría pedido que se casaran. Entonces no habría importado que él se hubiera alistado en los marines. Ella lo habría esperado.

Pero había sido una tonta. Había querido un hijo, alguien a quien amar y eso no había cambiado. La que había cambiado era ella.

Ya no tenía que preocuparse por quedarse embarazada. Hacía unos años que su ginecólogo le había dicho que tenía una malformación en el útero que hacía prácticamente imposible que pudiera concebir hijos.




Así que ella había cerrado la puerta a ese sueño y se había concentrado en su trabajo, sin pensar que un día acabaría enseñando a Pedro a tratar a su propia hija.



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SIGUE...

viernes, 20 de diciembre de 2013

Capitulo 7 ♥ - Dulce Reencuentro♥



Pedro no la tenía. Su madre lo había considerado siempre una molestia y se lo había dicho muy a menudo, antes de que el estado se hiciera cargo de él con nueve años y lo colocara en un hogar infantil.

Nunca había pensado ser padre, pero ahora que lo era, nada lo echaría atrás. Aceptaría algunos consejos de Paula y seguiría adelante.

Lo único que tenía que hacer era pensar en eso como una nueva forma de entrenamiento. Sabía que lo peor es siempre el miedo a lo desconocido. Así que lo único que tenía que hacer era aprender los trucos de ser padre y todo iría bien.

Durante el trayecto a casa de Pedro, Pau estuvo a punto de darse la vuelta una docena de veces, pero la contuvo pensar que, cuanto antes aprendiera Pedro a ser padre, mejor para todos.

Aunque ella no es que supiera mucho de lo que era un padre amante. El suyo siempre había sido un enigma para ella; un hombre autoritario que no conocía el significado de la palabra compromiso.

Las instrucciones que le había dado Pedro eran militarmente precisas. Tenía que girar al norte por la avenida Foster, seguir por ella durante 5,6 millas y luego girar al este en el siguiente cruce. No le había dado ninguna de las señales habituales, tal como girar en el bar de la esquina ni nada parecido. Las instrucciones eran como el hombre en sí mismo. Claras y concisas.

Se preguntó qué habría pasado con el chico malo que había conocido de adolescente. ¿Habría cambiado tanto?

Su curiosidad no era personal. Solo la interesaba la naturaleza humana, eso era todo. Se detuvo delante del edificio, de nueva construcción. Todas las ventanas tenían rejas, algo bueno cuando se tenía en casa a una niña pequeña.

Antes de salir del coche, se repasó los labios y el aspecto en general.

El corazón le latía a toda velocidad cuando llamó a la puerta de Pedro.

Él abrió y la hizo pasar antes de que pudiera decir nada. Ya no tuvo que preguntarse más cómo estaría con una camiseta negra y vaqueros, ya que eso era lo que él llevaba. El resultado era demasiado sexy para su comodidad.

-¿Por qué has tardado tanto? -le preguntó él.

Pau lo miró con el ceño fruncido.

-Tienes mermelada en la barbilla -respondió.

Pedro tomó un trapo de cocina y se limpió.

-Le estaba haciendo unas tostadas a Alma y he dejado que pringue un poco todo con la mermelada.

-Parece que lo ha pringado más que un poco.

-¿No se supone que tenéis que enseñarla a comer en el colegio?

-Allí come bien.

-Entonces enséñala a hacerlo también en casa.

-¡Pau! ¡Pau! -gritó Almita y corrió hacia ella con las manos llenas de mermelada.

-¡Alto! -ladró Pedro-. ¡Sentada!

-No es un perro -dijo Pau dejando bien claro que no le gustaban sus tácticas.

Pero funcionaron.

Almita se detuvo en seco y se sentó en el suelo.

-Manos arriba -ordenó Pedro.

Alma las levantó obedientemente.

Él intentó limpiarla con el trapo. Pau le hubiera dicho que era mejor que usara uno húmedo, pero dejó que se las apañara solo.

-No soy un perro. Soy una niña -dijo Alma.

-No fastidies.

La niñita lo miró.

-¿Te gustaría más si fuera un perro?

A Pau casi se le rompió el corazón. Se arrodilló en el suelo al lado de Alma y le dijo:

-Oh, querida. Nos gustas como eres.



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Holaa! aca dejandoles la tercera parte de cap 2! Comenten aca o en mi tw @meli_pauliters, es cortito xq toi cn fiebre! asiq nos vemos pronto! beshoos

jueves, 19 de diciembre de 2013

Capitulo 6 ♥ - Dulce Reencuentro♥


A ella le sorprendió que él recordara tanto.

-Eso es. Pero fue hace ya mucho tiempo.

-Sí. Así es.

Él no le dio ninguna indicación de que recordara lo que habían compartido, esa noche de pasión en el asiento trasero de su coche. Seguramente él habría tenido a tantas mujeres desde entonces que no las podría recordar a todas. Lo que para ella había sido tanto, evidentemente, no había sido tanto para él.

Se dijo a sí misma que debía superarlo. Tenía que mantener la mente en lo que tenía entre manos, en Alma.

Lo miró sin que su mirada reflejara el torbellino interior que sentía.

-Te veré el domingo entonces.

-Tenlo por seguro.

Él se levantó, saludó militarmente y se dirigió a la puerta.

Pau no lo pudo evitar y le sacó la lengua. Era algo infantil y poco educado, pero se sintió mejor. Hasta que él dijo señalando el cristal de la ventana que había junto a la puerta:

-Te he visto. Bonita lengua.

Esta vez ella esperó hasta que él hubiera salido para tirar una pelota de papel en su dirección. Entonces él asomó la cabeza por la puerta y le dijo:

-Buen tiro. Para ser una chica.

-Buen cumplido. Para ser un marine.

La sonrisa de él le indicó que apreciaba esa respuesta.

-Creo que nos vamos a llevar bien.

Eso mismo había pensado ella en un tiempo. Pero no en ese momento. No en esa vida.

Pedro frunció el ceño ante el montón de libros que tenía sobre la mesa del salón. ¡Quién habría dicho que hubiera que aprender tanto para criar a una niña de tres años!

Se estremeció de alivio, ya que no tenía que enfrentarse a los capítulos que trataban de cambiar pañales. Estaba seguro de que eso habría puesto de rodillas hasta a un tipo duro como él. Se las podría haber arreglado si Almita fuera un niño. Pero las chicas eran diferentes, y en muchos sentidos.

Se negó a dejarse llevar por el miedo. Los marines no se rendían nunca. Sobrevivían. Contraatacaban. Vencían. Por encima de todo.

O se reagrupaban para luchar en otro momento. Paula «El cerebro» iba a ir al día siguiente. Trató de ver la casa a través de sus ojos. Estaba limpia. Escrupulosamente limpia. Lo que no era nada fácil con una niña que parecía decidida a dejar sus juguetes por todas partes, incluso en los zapatos de él y en su maletín.

Al principio le agradó el que a ella le gustaran los camioncitos que le había llevado. Sabía que los camiones no eran cosa de niñas, tal vez debiera haberle llevado muñecas o animales de peluche. Pero le habían gustado los camiones y se había pasado horas jugando con ellos. Eso cuando no los estaba escondiendo en sus zapatos o el maletín.

De una cosa estaba seguro, de que Paula no iba a poder decir nada de sus medidas de seguridad. Tenía toda la casa a prueba de niños.

Por supuesto, todavía tenía que averiguar cómo podía él ahora abrir algunos cajones y usar los enchufes, pero aprendería. Lo mismo que había aprendido a abrir las cajas de aspirina a prueba de niños sin tener que romperlas.

¿Quién iba a saber que un apartamento pudiera tener tantas cosas peligrosas para una niña curiosa? Y Alma lo era. No podía recordar la cantidad de preguntas que le hacía cada día. ¿Cómo rugían los tigres? ¿Por qué eran personas y no tigres? ¿Por qué se suben los labios cuando se sonríe? Él se había limitado a decirle que se lo preguntara a su profesora.

Lo que lo llevó de nuevo a Pau. Parecía como si todos sus pensamientos lo llevaran de nuevo a ella. Miró al libro que tenía en el regazo y trató de concentrarse en él. Comportamientos sociales, formas de juego, buena educación. Sí, claro.

Leyó el título de nuevo.

La guía del completo inútil para ser padre de un preescolar.

¿Era esa la forma de Paula de decirle que era un completo inútil? Suponía que, en lo que se refería a ser padre, lo era. Pero eso no significaba que tuviera que gustarle. Estaba acostumbrado a dar órdenes, no a recibirlas. Ella le había ordenado que se leyera esos libros como si fuera un sargento mayor.

Y, con respecto a esa especie de campo de entrenamientos, esperaba que ella no se imaginara que él iba a saltar como cualquier recluta novato. Porque no tenía la menor intención de jugar a eso. Un hombre tiene su orgullo. Y un marine, mucho más.

Esa era una de las razones por las que le encantaba ser un marine. Sus compañeros oficiales lo entendían. Sus reclutas lo obedecían. Las reglas y reglamentos no dejaban lugar a las dudas. Y una parte de él aún no veía por qué no podía aplicar la forma de hacer las cosas de los marines a eso de ser padre. La disciplina y el orden eran cosas buenas. Cosas que había que aprender pronto en la vida.

Tal vez si su padre hubiera tenido un poco de disciplina no lo habría abandonado cuando nació. Había veces que se había preguntado qué clase de sangre había heredado él de su padre desconocido. ¿Qué clase de hombre huía así de sus responsabilidades?



Un hombre que no se merecía ser llamado así. Lo que no cambiaba el hecho de que él no solo no tenía experiencia como padre, sino que tampoco la tenía de vida en familia. No es que eso fuera muy necesario en la actualidad, con la cantidad de divorcios y familias postizas que hay. Pero aún esas familias tienen alguna clase de experiencia en el amor.


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Holaas :) como tan hoy? ah jajaja graciias x comentar! hoy estoy casi sin tiempoo jejeje, asiq a la noche subo 1/2 mas, si puedoo! comenten aca o en mi tw @meli_pauliters! diganme qien qiere q le pase la nove cada ves q suba! beshitos

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Capitulo 5 ♥ - Dulce Reencuentro♥


-Entonces tenías el cabello más largo, pero me soltaste el mismo discurso acerca de aprender cuando te ofreciste a enseñarme geometría.

Pau «El cerebro». Pedro no se podía creer que la volviera a ver después de todo ese tiempo. La última vez que le vio fue…

Frunció el ceño. Tenía que ser aquella noche antes de irse con los marines. Le fallaba la memoria, había bebido demasiado esa noche. Recordaba que se habían encontrado y él le había preguntado si quería que se fueran a dar un paseo en su coche. Para su sorpresa, ella había accedido y luego él la había dejado conducir. Habían terminado en un aparcamiento en alguna parte y la había besado… varias veces.

Lo que sucedió después no estaba nada claro. Pero a la mañana siguiente él se había despertado con la peor resaca de su vida. Todavía le dolía la cabeza de pensarlo.

Y la vaga sensación de culpa que sentía, sin duda era resultado del hecho de que nunca más se había puesto en contacto con ella desde esa noche.

En su momento, se preguntó hasta dónde habrían llegado. No muy lejos, pensaba, no con Pau «El cerebro». Ella era una buena chica. Lo más opuesto a él.

Tal vez eso explicara por qué se habían mirado antes con tanta hostilidad. Probablemente él habría hecho el idiota esa noche y ella lo habría puesto en su lugar cuando trató de seducirla.

La miró con nuevos ojos. Solía llevar el cabello rubio más largo, casi hasta la cintura. Ahora lo llevaba por el hombro. De repente, el recuerdo de sí mismo acariciándole ese cabello sedoso se apareció en su mente tan súbitamente como la explosión de una mina antipersonal. Parpadeó ante esa visión inesperada, pero cuando trató de volver de nuevo a esa imagen, ya había desaparecido.

Ella tenía ojos de gata, un poco hacia arriba por el exterior. De un color verde intenso que le recordó la selva filipina. ¿No llevaría lentes de contacto?

Se recordó cínicamente a sí mismo que las mujeres tenían varias formas de camuflarse y aparentar lo que no eran, desde operarse la nariz a hacerse implantes de silicona en los senos.

Recorrió su cuerpo con la mirada. Llevaba unos pantalones cortos de color caqui y una camisa rosa.

Nada especialmente sexy. Ropa muy práctica. Pero debajo había un cuerpo espectacular, como el de Marilyn Monroe, no muy popular en la actualidad, pero el preferido por cualquier hombre sobre las delgaduchas que parecen haber salido de un orfanato o un campo de refugiados. Ya había visto demasiadas así en sus misiones. Sus miradas de gratitud y sonrisas tímidas cuando les ofrecía chocolatinas seguían asaltándolo en sus sueños por las noches.

Paula «El cerebro», además, tenía fuerza interior combinada con un cálido corazón.

Ahí tenía a una mujer que afrontaba la vida de cara. Una mujer que no se dejaba impresionar por su uniforme, que lo estaba mirando desaprobándolo, la clase de mirada que había recibido él siempre de los adultos durante su vida de adolescente. Que hacía tiempo que no recibía.

-Ha pasado mucho tiempo -dijo él.

Ella se encogió de hombros.

-Pau, «El cerebro»… Llevas el cabello más corto ahora.

-Y tú también -dijo ella, molesta-. Pero volviendo a tu hija. Creo sinceramente que deberías asistir a las clases que te he dicho.

Él la interrumpió agitando una mano.

-Ya has dicho que vas a trabajar conmigo. Ya no hay vuelta atrás.

-No estaba tratando de hacerlo.

Él la miró fijamente.

-Muy bien, tal vez lo estaba intentando -añadió ella-. Porque no estoy segura de que tú quieras aprender y trabajar conmigo.

Él la miró de la misma manera que hacía que sus reclutas se estremecieran en sus botas.

-¿Estás cuestionando mi compromiso?

Ella no pareció nada intimidada y le devolvió la mirada.

-¿De verdad crees que puedes hacer bien de padre?

-Tú pruébame.

-Si creo por un momento que te estás escaqueando…

-Yo soy un marine. Y los marines no nos escaqueamos.

-Muy bien.

Paula tomó un papel y escribió algunas cosas en él antes de pasárselo.

-Léete estos libros para el fin de semana. Estaré ocupada el sábado, pero tengo el domingo libre. Entonces te pondré algunos ejercicios.

-Entendido. ¿En tu casa o en la mía?

Pau se preguntó qué sería peor, ¿meterse ella en territorio enemigo o dejar que ese enemigo le invadiera el suyo? Su lado práctico le dijo que, si era ella la que iba a su casa, tendría la posibilidad de ver por sí misma cómo vivía Alma y bajo qué condiciones.

-En tu casa -dijo por fin.

-Excelente. ¿Te mantienes en contacto con alguien del antiguo vecindario?

Ella no quería hablar del pasado, pero su pregunta era tan inocua que lo pondría sobre aviso si no contestaba.

-Solo con Zaira Nara. Yo no era precisamente la chica más popular del instituto.



-Así que supongo que fuiste a la universidad como tenías pensado, ¿no? ¿A la de Illinois?

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Holuuum! aca dejandoles el cap q prometi! Pepe se va acordando de cositas! ;) jejejej mañana subo 2 o 3 mas si hay muchos comentarios! buenuum..comenten aca o en mi tw @meli_pauliters, diganme qien qiere q le pase la nove cada ves q subaa! jajjaja buenas nochees





Capitulo 4 ♥ - Dulce Reencuentro♥


La niña levantó la sábana para que él viera los brillantes zapatos que seguía llevando.


Vaya un padre que era, mandar a su hija a la cama con los zapatos puestos…


-Ahora están como los tuyos -dijo ella orgullosamente.


-Sí, pero yo no me los llevo a la cama. Vamos a quitártelos, monita.


-No soy una monita -dijo la niña solemnemente-. Soy una niña.


-Seguro que lo eres.


-¿Te gustaría más si fuera un mono?


-No, no me gustarías más si fueras un mono.


-Oh -dijo Alma decepcionada.


-Creo que es mejor que sigas siendo una niña -afirmó él mientras empezaba a quitarle los zapatos.


Se sentía como un elefante en una cacharrería. Sus manos eran tan grandes y esos pies tan pequeños… La primera vez que la había ayudado a vestirse habían tardado casi una hora.


Por fin le quitó los zapatos y los dejó bien colocados bajo la cama.


-Ahora ya estás lista para dormirte, ¿no?


Alma asintió.


-Muy bien.


-Pero Fooba no lo está.


Pedro suspiró. Iba a ser otra noche muy larga.


A la tarde siguiente, Pedro estaba de nuevo en la clase de Paula para recoger a Alma después del trabajo. Llevaba cinco minutos de retraso, pero los compensaría en el camino a casa, si no lo retrasaban.


-Señor Alfonso, me gustaría hablar con usted en privado un momento.


La profesora. Y lo miraba fijamente mientras le hacía señas para que la siguiera a su despacho. Pedro suspiró y se resignó al retraso.


Paula lo oyó suspirar y el hecho de que él la hiciera sentirse una molestia no le gustó nada. Peor para él. Si hubiera rellenado la ficha con la información requerida acerca de la niña y sus gustos, no tendría que hablar con él.


Aunque aquello no era completamente cierto. Aún tenía que hablar con él acerca de lo que la niña le había dicho de que a él no le gustaba. Ese comentario le había llegado al corazón. No estaba ansiosa por estar ni un momento más del necesario con Pedro, pero no le podía fallar a Alma. Era su responsabilidad como profesora.


-¿Cuál es el problema? ¿Se ha portado mal Alma?


-Al contrario. Tiene mucho cuidado de no hacer nada mal.


Pedro sonrió aliviado.


-Eso está bien.


-No, no lo está. No cuando significa que la aterroriza hacer algo mal. Cree que no le gusta a usted.


-A mí me gusta bastante, y nunca le he dicho otra cosa.


-¿Así que nunca le ha dicho que no le gusta?


-¡No, señora! -respondió él con un ladrido de marine.


-¿Y no se lo ha oído decir a otra persona?


-¡No, señora!


-¿Le ha dicho que la quiere?


Si Paula no lo conociera bien, podría decir que Pedro se había agitado incómodo en su silla.


-No.


-¿Por qué no? Los niños necesitan oír…


-Mire, ni siquiera sabía que existía hasta hace unos días. Su madre nunca se molestó en decírmelo. Cuando ella murió, las autoridades me buscaron y me llevaron a Alma. La conozco solo desde hace unos días. Alma es mi responsabilidad ahora y yo me tomo muy en serio mis responsabilidades.


-Solo estoy tratando de hacer lo que es mejor para ella -dijo Pau-. Ella necesita atención y seguridad.


-Es por eso por lo que la he traído aquí. Ese es su trabajo.


Pau se negó a dejarse llevar por la ira.


-Ella está buscando amor y atención de un padre. De usted me doy cuenta de que ser padre es una situación nueva para usted. Nuestro instituto local tiene algunas clases que le pueden venir bien…


-Yo no necesito volver al colegio. He tenido responsabilidades mucho mayores que una pequeña de tres años.


Cuando vio la cara que puso ella, levantó una mano y añadió:


-No estoy diciendo que no me vengan bien unos cuantos consejos. Pero eso lo puede hacer usted misma. Me puede enseñar lo que necesito saber.


Ya estaba. Habían llegado a una encrucijada. ¿Se atrevería ella a seguirla con él? ¿Aún por Alma? ¿Y qué otra opción tenía?


-Yo le ayudaré en lo que pueda y puedo sugerirle algunas lecturas.


-Un momento -dijo él cuando se le ocurrió una idea de repente-. Yo sé quien es usted.


Oh, no, pensó ella. Todavía no estaba preparada para eso.

-¡Tú eres Paula, «El cerebro»! -dijo él triunfante-. Fuimos juntos al instituto.


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Chan chan! Jajajaja aca yo de nuevo! algo de intriga :3 jajaajaja! me encanta q se vallan enganchando cn la nove! 3 o 4 comentarios aca en el blog y subo hoy 1 o 2 mas :) jejejej comenten aca o en mi tw @meli_pauliters y diganme qien qiere q se la pase cada ves q suba! buenuumm..nada mass! ♥