miércoles, 25 de diciembre de 2013

Capitulo 12 ♥ - Dulce Reencuentro♥



-Y la abrazarás y consolarás si ella quiere que lo hagas. Y le asegurarás que vas a estar con ella para siempre, que puede contar contigo.

Aunque ella no había podido contar con él para nada.

-Necesita saber que puede contar contigo -añadió.

Algo de la ira que sentía por su propia vulnerabilidad con él se le notó en la voz.

-¿Estás enfadada conmigo por Alma o es por algo más? Porque tengo la sensación desde que nos hemos conocido de que estás enfadada conmigo. ¿Porqué?

-Nos conocimos en el instituto -le recordó ella.

-¿Es por eso por lo que estás enfadada? ¿Porque no te reconocí inmediatamente?

¿Inmediatamente? ¡Había tardado toda una semana!

-No esperaba que me recordaras.

Pedro frunció el ceño.

-Si no esperabas que te recordara, ¿cuál es el problema entonces?

Él era el problema, pensó Pau. Tenerlo de nuevo en su vida.

-El problema es que ahora eres un padre y no estoy segura de que te des cuenta de lo que significa eso.

-¿Me estás diciendo que no me estoy tomando en serio mis responsabilidades como padre?

-No, no estoy diciendo eso en absoluto. Solo estoy diciendo que no estoy segura de que tú te des cuenta de la tremenda responsabilidad que es esto.

-Ser responsable de las vidas de los cuarenta y cinco marines de mi unidad bajo el fuego enemigo sí que es una tremenda responsabilidad. Ser padre es un trozo de tarta en comparación con eso.

Ella lo miró con lástima.

-La verdad es que no tienes ni idea.

No era una pregunta, así que él ni se molestó en responder.

-Sé lo que estoy haciendo. Y lo que no sepa, lo puedo aprender.

¿Pero cómo enseñarlo a amar? Esa era la cuestión más importante. Porque si él no podía amar a Alma, no importaba lo mucho que él pudiera saber de primeros auxilios, ya que no podría curar la herida que la niña tendría en el corazón causada por un padre incapaz de amarla como se merecía.

Y Pau sabía muy bien lo que era aquello. Lo había experimentado en sus propias carnes.

Su padre, un alto ejecutivo de empresa, cambiaba de domicilio cada año. Su madre nunca se quejó y decía que, lo que era bueno para él, era bueno para la familia. Pau era hija única y le resultaban muy difíciles esos traslados. En cuanto hacía amigos, tenía que dejarlos. En el cuarto grado dejó de hacer amigos. ¿Para qué? Al final terminaría despidiéndose de ellos como siempre.

Cuando su padre murió de un ataque al corazón que le dio en el trabajo, las mudanzas terminaron. Lo mismo que los ingresos familiares. Su madre descubrió entonces que su marido estaba endeudado hasta las cejas después de unas muy malas operaciones especulativas en bolsa.

Por aquel entonces, ella tenía trece años y acababa de empezar el instituto. Tuvieron que mudarse de nuevo a un barrio más barato. Su madre encontró un trabajo, pero Pau pudo seguir en el mismo instituto cuatro años más.

No había podido hablar mucho con su padre, preguntarle por qué nunca había sido capaz de abrazarla o de mostrarle algo de aprecio. De preguntarle si la quería algo. De decirle que ella sí que lo quería y que lamentaba haberlo decepcionado en algo.

-¿No me crees?

La voz de Pedro interrumpió sus pensamientos.

-¿Qué?

Pau parpadeó y lo miró.

-He dicho que lo que no sepa de ser padre, lo puedo aprender, y luego tú no me dices nada.

-No ha sido por ti. Estaba pensando en otra persona.

Ese comentario lo irritó. Por alguna razón, no había pensado en la posibilidad de que ella tuviera ahora una vida propia, con un hombre. Había visto antes que no llevaba anillo, pero el hecho de que no estuviera casada o comprometida no significaba que no estuviera saliendo con alguien.

-¿Cómo se llama? -le preguntó.

-¿Quién?

-El tipo en el que estabas pensando.

-No quiero hablar de eso ahora. Volviendo a Alma…

-Estás evadiendo mi pregunta.

-No fastidies, ¿sí?

-¿Qué estás tratando de ocultar? A no ser que vayas a intentar decirme que no estabas pensando en un hombre, claro.

-Te estoy diciendo que eso no es cosa tuya -respondió ella cada vez más enfadada-. ¿Y por qué me estás haciendo ahora preguntas personales?

-Tú me las has hecho a mí. ¿Por qué de repente tu vida está fuera de los límites? ¿Por qué te pones tan suspicaz?

-No me he puesto suspicaz. Y, para que lo sepas, estaba pensando en mi padre.

-Ah -dijo él riendo-. Debería haberme imaginado eso en vez de que estabas pensando en algún tipo.

¿Es que él se creía que ella no tenía una vida propia solo porque no quería hablar de ella con él?

-Para tu información, estoy saliendo con alguien.

-¿De verdad?

El jocoso tono de su voz la irritó más todavía.

-¿Por qué lo dices así?

-¿Cómo? -preguntó él mientras se acercaba.

Era como si la estuviera retando a apartarse de él y admitir que se sentía atraída por él.

-Como si no fuera cierto -respondió ella negándose a retroceder ni un centímetro.

Echó atrás la cabeza y lo miró fijamente. Estaba tan cerca que podía ver su reflejo en los ojos miel de él.

-¿No te crees que esté saliendo con alguien?

-Lo que no me creo es lo mucho que quiero besarte -susurró él antes de hacerlo.


---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
SIGUE..

No hay comentarios:

Publicar un comentario