Pedro no la tenía. Su madre lo había considerado siempre una molestia y se lo había dicho muy a menudo, antes de que el estado se hiciera cargo de él con nueve años y lo colocara en un hogar infantil.
Nunca había pensado ser padre, pero ahora que lo era, nada lo echaría atrás. Aceptaría algunos consejos de Paula y seguiría adelante.
Lo único que tenía que hacer era pensar en eso como una nueva forma de entrenamiento. Sabía que lo peor es siempre el miedo a lo desconocido. Así que lo único que tenía que hacer era aprender los trucos de ser padre y todo iría bien.
Durante el trayecto a casa de Pedro, Pau estuvo a punto de darse la vuelta una docena de veces, pero la contuvo pensar que, cuanto antes aprendiera Pedro a ser padre, mejor para todos.
Aunque ella no es que supiera mucho de lo que era un padre amante. El suyo siempre había sido un enigma para ella; un hombre autoritario que no conocía el significado de la palabra compromiso.
Las instrucciones que le había dado Pedro eran militarmente precisas. Tenía que girar al norte por la avenida Foster, seguir por ella durante 5,6 millas y luego girar al este en el siguiente cruce. No le había dado ninguna de las señales habituales, tal como girar en el bar de la esquina ni nada parecido. Las instrucciones eran como el hombre en sí mismo. Claras y concisas.
Se preguntó qué habría pasado con el chico malo que había conocido de adolescente. ¿Habría cambiado tanto?
Su curiosidad no era personal. Solo la interesaba la naturaleza humana, eso era todo. Se detuvo delante del edificio, de nueva construcción. Todas las ventanas tenían rejas, algo bueno cuando se tenía en casa a una niña pequeña.
Antes de salir del coche, se repasó los labios y el aspecto en general.
El corazón le latía a toda velocidad cuando llamó a la puerta de Pedro.
Él abrió y la hizo pasar antes de que pudiera decir nada. Ya no tuvo que preguntarse más cómo estaría con una camiseta negra y vaqueros, ya que eso era lo que él llevaba. El resultado era demasiado sexy para su comodidad.
-¿Por qué has tardado tanto? -le preguntó él.
Pau lo miró con el ceño fruncido.
-Tienes mermelada en la barbilla -respondió.
Pedro tomó un trapo de cocina y se limpió.
-Le estaba haciendo unas tostadas a Alma y he dejado que pringue un poco todo con la mermelada.
-Parece que lo ha pringado más que un poco.
-¿No se supone que tenéis que enseñarla a comer en el colegio?
-Allí come bien.
-Entonces enséñala a hacerlo también en casa.
-¡Pau! ¡Pau! -gritó Almita y corrió hacia ella con las manos llenas de mermelada.
-¡Alto! -ladró Pedro-. ¡Sentada!
-No es un perro -dijo Pau dejando bien claro que no le gustaban sus tácticas.
Pero funcionaron.
Almita se detuvo en seco y se sentó en el suelo.
-Manos arriba -ordenó Pedro.
Alma las levantó obedientemente.
Él intentó limpiarla con el trapo. Pau le hubiera dicho que era mejor que usara uno húmedo, pero dejó que se las apañara solo.
-No soy un perro. Soy una niña -dijo Alma.
-No fastidies.
La niñita lo miró.
-¿Te gustaría más si fuera un perro?
A Pau casi se le rompió el corazón. Se arrodilló en el suelo al lado de Alma y le dijo:
-Oh, querida. Nos gustas como eres.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Holaa! aca dejandoles la tercera parte de cap 2! Comenten aca o en mi tw @meli_pauliters, es cortito xq toi cn fiebre! asiq nos vemos pronto! beshoos
buenísimo,seguí subiendo...
ResponderEliminarMuy buen cap!!!!
ResponderEliminar