domingo, 29 de diciembre de 2013

Capitulo 18 ♥ - Dulce Reencuentro♥



A ella le sorprendió que él se acordara. Había pensado que él no había prestado atención a nada de lo que había dicho por lo ansioso que estaba por dejar a su hija y marcharse de allí. Pero, aparentemente, lo había juzgado mal. Por lo menos en eso.

-Hay una cosa más -dijo Pedro-. El domingo que viene es Semana Santa y tengo esa circular que mandasteis acerca de la búsqueda del Huevo de Pascua el sábado. Pero Alma ha pintado en ella y no puedo leer los detalles, como la hora y el lugar.

El no estaba hablando del beso, así que, ¿por qué ella seguía deseando estrangularlo? Seguramente él ya lo habría olvidado. Muy bien, ella podía hacer lo mismo y se podía centrar en los progresos escolares de Alma. Lo trataría como trataba a los demás padres.

-La búsqueda del Huevo de Pascua será en el parque de detrás del colegio. A las nueve de la mañana. La búsqueda empezará en realidad a y cuarto, pero tenéis que estar allí antes. ¿Vas a traer a Alma? Creo que se lo pasará bien.

-Entonces, la llevaré. ¿Hay que vestirla de alguna manera especial?

-No es necesario.

-Entendido. Nos veremos en la localización establecida a las nueve horas cero, cero.

Cuando colgó el teléfono, Pau esperó que, para entonces, ella hubiera podido reconstruir sus defensas en lo que se refería a Pedro.

El sábado, en el parque, Pau levantó la cara y disfrutó del inusual calor del sol en esa época. El cielo estaba azul, los árboles estaban empezando a mostrar sus colores primaverales y el ruido… Bueno, el ruido era estremecedor. El parque ya estaba lleno de hordas de niños de educación infantil gritando desaforadamente. La noche anterior dos de los partes meteorológicos habían previsto lluvias en la zona, pero un tercero había dicho que habría sol y buen tiempo.

Pau agradecía inmensamente ese sol. El año anterior la lluvia les había fastidiado la fiesta y eso que los meteorólogos habían predicho buen tiempo.

Todo estaba listo desde primera hora de la mañana y el personal del colegio y varios padres voluntarios habían estado escondiendo los cientos de huevos de pascua de plástico para que los niños los pudieran encontrar. Todos los responsables, incluyéndola a ella, llevaban camisetas amarillas.

La directora del colegio, Sara Connolly, llevaba un megáfono para hacerse oír entre tanto griterío. Para que no se perdieran los niños, habían empezado a formar cadenas humanas con ellos de la mano.

Pedro llegó exactamente a las nueve, cero, cero. Llevaba su uniforme azul de marine y estaba tan impresionante como el primer día que lo vio en el colegio. Los pantalones caqui y chaquetas deportivas de los demás padres palidecían en comparación con la pulcritud de su uniforme militar. Los botones brillaban al sol, mientras que los guantes blancos que llevaba doblados en el cinturón, lo estaban con una precisión milimétrica.

Y llevaba de la mano a Alma, vestida de rosa, sonriente y con una cesta igualmente rosa en la mano, para los huevos.

El corazón se le subió a la garganta a Pau y se le llenó de un dolor agridulce. ¿Cómo sería tener una hija así?

-¡Pau! ¡Pau! -gritó la niña al verla y tiró de su padre-. Ya estoy lista.

Pau la miró y vio lo mucho que se parecía Pedro en lo obstinado de su mandíbula y en la profundidad de sus ojos miel. La niña llevaba toda la semana ansiosa para que empezara la búsqueda del Huevo de Pascua. Como la mayoría de los niños de su edad, no tenía un concepto muy real del paso del tiempo.

-¿Cómo se va a proceder en esta operación? -le preguntó Pedro-. ¿Se supone que todos los padres han de acompañar a los niños?

-La mayoría lo hacen.

Antes de que Pedro pudiera decir nada, Sara dijo por el megáfono:

-Muy bien, ya estamos listos para empezar. Que empiece la cuenta atrás. Cinco, cuatro, tres, dos, uno. ¡Ya!

-Y allá van -dijo Pau.

La frenética búsqueda de las golosinas que había dentro de los huevos había comenzado. Todos estaban a la vista y en sitios no muy altos.

Los niños corrían como locos y Pau no pudo evitar mirar a Alma. No era difícil verla, ya que estaba cerca de Pedro y él destacaba entre la multitud.

Cada vez que la niña encontraba un huevo, se detenía y se lo enseñaba a Pedro antes de meterlo cuidadosamente en su cesta. Luego, se quedaba como admirándolo.

Mientras Alma parecía no hacer caso de los demás niños, Pedro miraba alarmado a su alrededor y Pau le oyó decir:

-Hey, los demás niños se te están adelantando. Ve a conseguir más huevos.

Alma le sonrió entonces.

-Vamos, chica, muévete. Te estás quedando atrás. Vamos, adelante.

Pau lo vio todo rojo. Se acercó a ellos y sonrió a Alma.

-Alma lo está haciendo bien. Lisa, ¿por qué no te llevas un momento a Alma? -le dijo a su ayudante.

Luego, tomó del brazo a Pedro y se lo llevó a donde la niña no los pudiera oír, antes de decirle enfadada:

-Alma lo está haciendo bien, ¡pero tú, don marine de las narices, te estás buscando problemas!


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-¿Qué? ¿Por qué me miras así?

-El propósito de todo esto no es recoger más huevos que los demás.

-Claro que lo es.

Él se negó a dejarse intimidar por el hecho de que esa era la primera vez que iba a una búsqueda del Huevo de Pascua.

Pero eso no tenía importancia ahora. Las reglas de una búsqueda del Huevo de Pascua eran similares a las de una misión de búsqueda y rescate. Solo que, en este caso, lo que se buscaba eran huevos de plástico llenos de golosinas. Cuantos más, mejor. Cualquier idiot.a podía darse cuenta de eso.

-El propósito es divertirse -le dijo ella.

-¿Divertirse? -dijo él como si aquello no le sonara de nada-. Ganar es divertido.

-Aquí no hay ni ganadores ni perdedores.

-Ah, ya lo tengo -dijo él asintiendo-. Como todos son niños pequeños, no quieres llamar perdedores a los que no ganen.

-No son perdedores.

-No, no en la vida. Solo en la búsqueda del Huevo de Pascua de hoy.

-Escucha, tú -dijo ella dándole un puñetazo en la barriga-. No me estás escuchando.

-¿No te das cuenta? -dijo él mirando impacientemente a su hija, que le estaba enseñando a Lisa su cesta-. Alma se sigue retrasando mientras nosotros estamos aquí, discutiendo.

-Se está divirtiendo, Pedro. Déjala. Deja que encuentre su propio camino.

Él la miró de nuevo a la cara.

-¿De qué me estás acusando ahora?

-De ser demasiado competitivo.

-Soy un marine. Se supone que hemos de ser competitivos.

-No en una búsqueda del Huevo de Pascua.

Él se tensó.

-Perdona si mis maneras no son perfectas. Este es el primer evento de esta clase al que asisto. Si te estoy avergonzando, entonces este marine y su hija se retirarán inmediatamente.

-No -dijo ella poniéndole una mano en el brazo-. Lo siento. No he querido decir…

-¿Qué? ¿Que no encajo entre todos estos padres yuppies? ¿No crees que eso ya lo sé yo?

Pau se dio cuenta de que acababa de ofenderlo sin querer.

-Lo siento -repitió-. Es solo que… no tienes que tratar de triunfar con tanto empeño.

-Ya te he dicho…

-Que los marines estáis entrenados para triunfar, ya lo sé. ¿Pero recuerdas lo que te dije acerca de ser flexible?

-Siempre flexible.

-¿Perdón?

-El lema de los marines es Semper Fidelis, siempre fiel. Es el mejor lema, y la mejor forma de darle la vuelta es siempre flexible. Así que, si me estás preguntando si puedo ser flexible la respuesta es sí. En ocasiones.

Ella se dio cuenta de la forma en que no dejaba de vigilar a Alma. Pero esta vez su mirada tenía… ¿afecto? Sí, definitivamente había una luz especial en sus ojos cuando se fijaba en su hija. Parte era eso, parte orgullo y, tal vez, miedo. Pero definitivamente tenía mucho de afecto paternal. Su irritación se esfumó.

-¿Cómo van las cosas entre Alma y tú? -le preguntó.

-Bien. Me dijiste que tenía que meterme más en su vida y la he apuntado a unas clases en un gimnasio para niños en el centro deportivo. Empieza esta tarde. Tienen un trampolín y cosas para escalar. Eso le vendrá bien, ¿no?




-Seguro que se lo pasa bien allí. Eso, si no la presionas demasiado para que triunfe. El asunto es que se divierta.

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SIGUE..

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