sábado, 25 de enero de 2014
Capitulo 40 ♥ - Dulce Reencuentro♥
-¡No! Quiero más agua y un gatito.
-Tú eres una niña marine, y una niña marine nunca…
-Nunca se rinde. Y yo quiero un gatito.
-Una niña marine no se rinde nunca y nunca se pone pesada. Así que este mal comportamiento va a terminar ahora mismo.
La terminología militar lo hacía sentirse mejor, más en control de la situación. Pero desafortunadamente, no pasaba lo mismo con Alma.
-¿Me has entendido? -le preguntó a la niña.
-¡No! -exclamó ella amotinándose-. Quiero a Paula.
Y él también. La había deseado desde el mismo momento en que entró esa noche en su casa. Tal vez la llevaba deseando desde el instituto, cuando le parecía demasiado para él, demasiado inalcanzable. Pero esa noche, cuando la había besado, ella lo había deseado también a él.
Lo de cortejarla había funcionado, de eso estaba seguro. De lo que no estaba seguro era de lo que había ido mal después de eso.
Se había puesto hecha una fiera cuando le había mencionado su deseo de volverse con sus hombres a Bosnia. ¿Por qué no lo podía entender ella? Era responsable de esos cuarenta y cinco marines que seguían allí.
No era como si se quisiera ir a apostar a Las Vegas o a buscar tesoros a la costa de Florida. Ni tampoco que quisiera volverse a Bosnia por el magnífico tiempo que hace allí o por las condiciones de trabajo.
El tenía algo que demostrar. Que no estaba acabado. Que no era un guerrero herido incapaz ya de seguir cumpliendo su deber.
El le había dicho que los guerreros no lloran nunca.
No, solo hacen llorar a los demás, le había respondido ella. Y no se podía olvidar de esas palabras.
Él no estaba tratando de lastimar a nadie, estaba tratando de hacer lo que era mejor para todos. Alma amaba a Paula y ella a Alma. ¿Cuál era el problema?
No estaba tratando de soltarle su hija a cualquiera, solo estaba buscando su bienestar. Ciertamente él continuaría manteniéndola económicamente y, cuando terminara su trabajo en Bosnia…
¿A quién estaba tratando de engañar? Paula no se iba a casar con él y lo más seguro era que él nunca volviera a Bosnia. Tal vez los médicos tuvieran razón y no había ninguna esperanza de que él volviera al servicio activo… ¿Y qué haría él entonces? ¿Dedicarse al papeleo el resto de su vida como militar?
Él era un marine. Había superado los más duros entrenamientos. Sabía cómo sobrevivir tras las líneas enemigas durante más de una semana sin comida, conocía las tácticas de batalla y la forma de buscar las debilidades del enemigo. Sabía de primeros auxilios, podía llevar a hombros a un camarada herido, sabía camuflarse tan bien que nadie en un radio de un metro podía verlo.
Sabía todo eso. Eso era lo que él hacía, lo que era. Porque si no era eso, no era nada.
-¡Quiero a Paula! -gritó Alma con lágrimas en los ojos.
-Está durmiendo. Como deberías estar haciendo tú ya.
Alma se puso a llorar más todavía.
Los guerreros no lloran, solo hacen llorar a los demás.
Se dijo a sí mismo que a Alma se le pasaría rápido. Se levantó y salió de la habitación.
Tenía que aprender que había reglas en la vida y que una de ellas era que no siempre se tiene lo que se quiere. Esa era una lección que él había aprendido una y otra vez. Era mejor que Alma la aprendiera cuanto antes para que luego no se desilusionara.
-Un buen profesor reconoce y valora los diferentes estilos sociales de sus alumnos -se recordó a sí misma Paula el lunes por la mañana-. Un buen profesor es el que no quiere colgar de los pulgares a sus alumnos.
-Lo quiere si el alumno es Brian -dijo Lisa inclinándose sobre ella.
Les había llevado un cuarto de hora localizar la fuente del desagradable olor que lo llenaba todo. Estaba en el cajón del pupitre.
-No me puedo creer que haya organizado ese lío. ¿Qué es? ¿Huevos podridos?
-Sí. No encontramos los huevos que le dimos para la clase de cocina del viernes… Yo quise buscar más a fondo…
Pero la perspectiva de ir a salir con Pedro la tenía tan excitada que se le había olvidado.
-Tú no has oído nada de eso de colgarlo, ¿de acuerdo?
-¿Oír qué? -respondió Lisa-. Lo que realmente quiero oír es cómo te fue con Pedro el viernes por la noche.
-¿Y por qué te lo iba a contar Paula? -intervino Tawanna, que estaba abriendo las ventanas para ventilar el aula-. Tú trataste de quitárselo.
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