jueves, 9 de enero de 2014

Capitulo 27 ♥ - Dulce Reencuentro♥



-Sí, hicimos el amor -dijo Paula enfadada-. Tal vez solo fuera sexo para ti, pero fue mi primera vez…

-Un momento -dijo él levantando una mano-. Dejemos esto claro. ¿Tú y yo hicimos el amor? ¿Cuándo? ¿Dónde?

-En tu coche, la noche antes de que te alistaras en los marines. Evidentemente, fue una experiencia memorable para ti -dijo ella amargada.

-Esa noche yo había bebido mucho. A la mañana siguiente no me acordaba de nada.

-Oh, evítame las excusas.

-No te estoy poniendo excusas, te estoy diciendo la verdad. No recordaba nada. No porque no fuese memorable, que seguro que lo fue. Desde entonces tengo unas imágenes mentales… Pero bueno, nunca pensé que fueran reales.

Eran demasiado buenas para serlo. Su largo cabello color miel cayéndole por encima, el cuerpo de ella rodeándolo. El nunca habría soñado que ella le fuera a permitir hacer eso. Bueno, sí que lo había soñado, pero nunca se le hubiera ocurrido que pudiera suceder.

-Oh, fue real -dijo ella-. Lo suficiente como para que yo pensara que me había quedado embarazada. Incluso me hice una de esas pruebas caseras y me dio positivo. Te lo iba a decir cuando volvieras a casa, pero ni me llamaste para decirme que habías vuelto. Y, cuando te vi, me ignoraste.

-¿Estabas embarazada? -él se puso pálido.

A ella le temblaron los labios y agitó la cabeza.

-No, el resultado de la prueba no era cierto. No había ningún niño. Y nunca lo habrá. No para mí.

Luego contuvo un sollozo y fue a alejarse.

-¡Espera, Paula!

Pedro la fue a sujetar, pero la mirada torturada de ella lo contuvo.

-No puedo con esto -respondió ella llena de emoción.

-¡Papá! –gritó Alma desde fuera-. ¡Papá!

-¡Vete con tu hija y déjame en paz!

Paula se volvió entonces y salió de allí corriendo.

Mientras Paula hacía toda su colada, trataba de no pensar en la forma en que había hecho el tonto delante de Pedro.

Estaba llorando a lágrima viva y los remordimientos se habían apoderado de ella.

¿En qué había estado pensando? ¿Por qué había tenido que sacar a la luz el pasado? ¿De verdad se había creído que él le iba a decir algo que la hiciera sentirse mejor?

No lo había hecho. Al decirle que no se acordaba de nada de esa noche lo había dejado todo muy claro. Ella era completamente olvidable.

Lo mismo que lo había sido para su propio padre, que nunca parecía verla siquiera. Y era por eso por lo que más le había dolido el comportamiento de Pedro.

¿Cuándo aprendería? ¿Estaba condenada a amar a hombres que no le devolvían ese amor?

Se mordió el labio inferior y decidió que ya estaba harta de esa especie de investigación interior. Centró su atención en la ropa sucia que tenía delante. Ya no iba a pensar más en el pasado ni en Pedro.

Dos horas más tarde, ya no le quedaba nada por lavar, así que decidió ponerse a limpiar los armarios, empezando por el de su dormitorio. Después de pedir una pizza, ya que todo eso le había dado hambre y casi era hora de cenar, se metió de lleno en la limpieza con la decisión de un marine.

No, no de un marine. Los marines eran como un grano en el trasero.

Y entonces fue cuando sonó el teléfono.

Era él, lo sabía. Miró el teléfono con los párpados entornados. Zaira se había ido de acampada a Winsconsin, así que no iba a ser ella, seguro que era Pedro. Lo podía decir por la forma en que estaba sonando el teléfono, incluso ese sonido parecía reflejar la dominante impaciencia de él.

Cuando saltó el contestador, efectivamente, se oyó la voz de él.

-Paula, contesta si estás ahí -dijo con su mejor voz de sargento de semana-. Tenemos que hablar. Contesta.

Ella lo que hizo fue poner la música a todo volumen y siguió limpiando el armario.

Cuando terminó, se sentó en la cama y decidió que realmente tenía que hacer algo con su vida, no podía seguir así. Tenía casi treinta años y seguía sola.

Pero tenía opciones, se dijo a sí misma. Había montones de niños esperando a ser adoptados. Ya era hora de que dejara de esperar algo que no iba a suceder y que hiciera algo para ayudar a alguien.

En alguna parte había un niño que la necesitaba, un niño que esperaba su amor.

Esa no era una idea nueva, llevaba dándole vueltas desde hacía un año o más. Incluso había conseguido los números de teléfono de varias agencias de adopción, tanto estatales como privadas. Pero no había llamado, hasta entonces.

Tomó el teléfono y llamó a las dos más conocidas para pedirles que le enviaran información acerca de la posibilidad de adoptar niños ella sola.

Cuando colgó, se sintió mejor. Más con el control de su propio destino. Ahora deseaba haber mantenido cerrada la boca con Pedro.

Odiaba haberle hecho saber que no podía tener hijos. No quería su lástima, no quería nada de él.

Pero entonces pensó que realmente ellos dos no se conocían. Ni se conocían cuando eran jóvenes. Cuando hicieron el amor, habían sido los dos unos estúpidos. Peligrosamente estúpidos. No era que ella se creyera el rumor que decía que una chica no se podía quedar embarazada la primera vez. Lo que había pasado fue que no le había importado. Había sido tan ciega como para eso.

Y, con respecto a Pedro, bueno, él había parecido no tener bastante de ella. Cuando la besó de esa forma tan apasionada que, al principio, la asusto, la tentó para que le diera más. Y ella lo había hecho encantada.

¿Pero lo conocía de verdad entonces? ¿Y en la actualidad?

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SIGUE..MARATON!

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