Se acurrucó en el pecho de Pedro, el cual no pudo evitar que el deseo volviese a azotarlo. Con todo, siguió haciéndole caricias con dulzura y dándole besitos en el pelo.
—Tranquila, cariño —trató de consolarla cuando ella empezó a agitar los hombros.
Pero Pau continuó emitiendo sonidos sollozantes. Incapaz de soportar su sufrimiento, Pedro la apretó con más fuerza, le dio otro beso en el pelo, y luego otro en la oreja, en la mejilla...
— ¿Estás mejor? —le preguntó entonces—. Bien. Si no le he roto la mandíbula a ese beep, se la romperé más adelante por haberte hecho tanto daño —añadió después de que Pau asintiera.
—Pedro...
— ¿Sí?
—Eric no me ha roto el corazón.
—Tranquila, cielo. A mí no me tienes que mentir —repuso él, sin dejar de abrazarla—. Y tampoco tienes que ocultar tus lágrimas delante de mí.
—No te miento —aseguró Pau tras echarse un poco hacía detrás, para poder mirarlo bien a la cara—. Y no estaba llorando. Me estaba riendo.
— ¿Riendo?
—Sí. Aunque pensaba que Eric era un hombre agradable, era más aburrido que un funeral. Ya no sabía cómo animarme para acostarme con él y quedarme embarazada.
—Creía que estabas enamorada de él —confesó Pedro.
— ¿Enamorada?, ¿de dónde te sacas esa idea?
— ¿De dónde crees? De ti —repuso él—. No has tenido un segundo libre para mí en la última semana, y cada vez que conseguía verte un momentito, no hacías otra cosa que hablarme de Hartmann.
—No me había dado cuenta de que me estabas echando de menos —dijo Pau, sonriente.
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Siguee..
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