Pero, ¿acaso no era eso lo que quería?, ¿o es que prefería lanzarse a sus brazos y decirle que había cambiado de idea?
No, no podía ser tan tonta de cometer esa equivocación. No podía confundir la atracción sexual con el amor... y Pedro no la amaba, eso era evidente.
—Pedro —lo llamó Federico, al tiempo que le hacía señas para que fuera hacia él.
—Adelante —le permitió Pau—. Será mejor que veas que quiere.
—Sí. De lo contrario, podría ponerse un poco desagradable.
— ¿Federico desagradable? Me extraña.
—Créeme —repuso él—. ¿Nos vemos luego?
—Seguro —afirmó Pau, justo antes de que Pedro se marchara a reunirse con su hermano. Luego se levantó y fue en busca de Molly, convencida de que había hecho bien no exponiendo su amistad con Pedro.
— ¿Estás bien, Pau? —le preguntó la señora Alfonso.
—Sí —mintió aquélla. ¿Cómo iba a estar cuando se había enamorado de Pedro? Era tan patente como las pecas que le salpicaban la nariz. ¿Por qué, si no, cuando su propia madre, la de Pedro, Molly y la esposa de Ryan, Clea, habían empezado a hablar de tener bebés la mirada de ella se había girado hacia Pedro automáticamente?
— ¿Es verdad o no, Pau? —le preguntó Molly de pronto.
—Sí, claro —repuso, aunque no sabía qué acababan de decir.
— ¿Pero no decías que una mujer no necesita casarse para ser feliz?
—Eh... sí, sí, exacto —rectificó Pau—. No es que tenga nada en contra del matrimonio. Puede que esté bien para algunas personas; pero no veo por qué ha de renunciar una mujer a tener un hijo por el mero hecho de no estar casada.
—Tonterías —intervino la señora Alfonso—. Un niño necesita a un padre y a una madre. ¿Cómo te crees que habrían salido mis chicos si no hubieran crecido con su padre y conmigo?
—Supongo que bien. Además, no todo el mundo tiene tanta suerte como tú y el señor Alfonso. No todos los matrimonios son tan sólidos como el vuestro.
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Sigue..
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