—Por supuesto —reconoció ella—. Pero a él le gustan las rubias con un coeficiente de inteligencia inferior a la talla de su sujetador, y yo... yo prefiero a un hombre que no se sienta amenazado por una mujer capaz de pensar por sí sola.
—No es por defender a mi cuñado, pero no creo que Pedro sea uno de esos hombres que se dedica a coartar la libertad de las mujeres.
—No lo es, pero sí es muy testarudo, y no paramos de discutir.
—Eso es verdad —intervino Molly—. Estos dos llevan peleándose desde que eran niños. Claro que yo siempre he pensado que Pedro hacía rabiar a Pau porque estaba enamorado de ella.
—Traidora —acusó ésta a Molly—. Sabes tan bien como yo que a Pedro le gusta darle su opinión a todo el mundo. Siempre cree que sabe mejor que yo lo que más me conviene.
—Eso me suena —comentó Clea, sonriente—. A Ryan le pasa lo mismo. Debe de ser un rasgo de la familia.
—Es posible —murmuró Pau—. Lo único que sé es que cuando Pedro empieza a decirme lo que debería hacer o por qué no tengo razón en algo, acabamos tarifando.
— ¿No has oído a la señora Alfonso? La mejor parte de pelearse con un hombre es hacer las paces. Quizá deberías intentarlo con Pedro.
— ¡Todo el mundo atento! —gritó de pronto Horacio, liberando a Pau de tener que contestar al comentario de Clea—. Ha llegado el momento de la verdad; el momento por el que todos hemos venido — añadió con solemnidad.
—Vamos, chaval —le gritó Keenah a su hijo—. Corta el rollo y empecemos con el partido. Me estoy haciendo mayor y no tengo tiempo para discursos.
—Ya habéis oído —dijo Horacio, tras reír con todos los presentes—. Todo aquel que quiera jugar, que esté en el roble dentro de diez minutos. Pedro y yo seremos los capitanes y elegiremos los equipos.
—Chaves —la llamó Pedro—. Vamos.
— ¿Te importa? —le preguntó ella a Clea—. No me he perdido este partido desde que tenía dieciséis años.
—Tranquilas, id las dos.
— ¿Seguro? —inquirió Molly.
—Totalmen... ¡Dios!, ¿quién es ésa?
Pau giró la cabeza hacia donde estaba mirando Clea y notó que una espada le atravesaba el pecho... al ver a Valeria Harrison, aplastada contra el cuerpo de Pedro, besándolo delante de todos los Alfonso.
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Sigue..2/3
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