sábado, 23 de agosto de 2014

Capitulo 20♥ - Un Caos En Familia♥



Su mirada miel le llegaba a lo más hondo, haciéndola sentirse expuesta y más que un poco vulnerable. Movió la espalda contra la librería contra la que estaba apoyaba, pero no apartó la mirada. El destello de deseo que leyó en sus ojos hizo que se le acelerara el pulso.

Jamaica podría ser aquello. La gruesa alfombra que había a sus pies se convirtió en arena, el lento girar del ventilador del techo en una cálida brisa del Caribe, la tenue luz reinante en los rayos del sol a través de la sombrilla... ¿Estaban en Jamaica o en Georgia? ¿Pero importaba algo al margen de la atracción primordial que se arremolinaba entre ellos?

Sin una palabra, Pedro se levantó de la silla, se acercó a ella y apoyó una mano en la estantería que había a sus espaldas. Los sentidos de Pau se exacerbaron. La lenta y acompasada respiración de Pedro susurraba una seductora promesa. Incluso sin necesidad de tocarla, su calor la rodeó. Ninguna colonia ni loción para el afeitado enmascaraba su fragancia masculina.

Pau podría haberse apartado fácilmente de él, pero no lo hizo. Quería sentir la suavidad del pelo de aquel hombre contra sus dedos, saborear el placer de su boca, absorber el calor de su cuerpo... Ella, que nunca había escandalizado a nadie, se escandalizó a sí misma con su lascivo deseo.

Pedro apoyó la otra mano en el otro lado de la estantería.

—Y para tu información... —se inclinó hasta que Pau pudo verse reflejada en sus suaves ojos mieles—... soy estrictamente heterosexual.

Incluso con los sentidos excitados y la tensión que palpitaba entre ellos, Pau racionalizó sus opciones. Aquel hombre la atraía, probablemente como algo desconocido. Un beso. Una concesión a Jamaica. Se concedería ese lujo como cura. Apoyó una mano sobre su camiseta y sintió que su calor la penetraba hasta lo más hondo. Tiró de él hasta que sus alientos se fundieron.

—Lo sé.

La última palabra se perdió en la dura línea de la boca de Pedro. Disfrutó del contacto de sus labios, del ligero roce de su barba, pero una notable falta de fuegos artificiales sofocó su ardor. Misión cumplida. Hora de retirarse. Soltó la camiseta y dio por concluido el beso. Había sido agradable, aunque, teniendo en cuenta el nivel de sensualidad alcanzado, también había resultado un tanto decepcionante.

—Ahora es mi turno.

—Me parece justo —dijo Pau. Ella lo había besado, luego debía permitir que él hiciera lo mismo.

Pedro apoyó las manos en sus hombros y la atrajo hacia sí, haciendo que sus muslos y sus pechos se tocaran.


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