domingo, 14 de septiembre de 2014

Capitulo 25♥ - Un Caos En Familia♥



Pau había vuelto a su cama. Sin embargo, en lugar de quedarse dormida, no lograba apartar de su mente la imagen de Pedro alargando la mano hacia ella en su dormitorio como si fuera una amante. Pau, dueña y señora de sus pensamientos, no lograba alejar de su mente aquella escena ni la desconocida palpitación sexual que había despertado en ella.

Tras intentar todos los trucos conocidos para conciliar el sueño, incluyendo el de contar ovejas, decidió levantarse a trabajar en un programa de software bastante complicado que tenía entre manos. Utilizaría el ordenador de Gonzalo para conectarse con el suyo. Una sesión difícil de programación volvería a poner las cosas en su sitio. O, al menos, conseguiría algo más que dedicarse a dar vueltas en la cama.

Descalza, cruzó el descansillo y bajó las escaleras. El despacho de Gonzalo estaba en la parte trasera de la casa, unido por un pasillo adyacente a la cocina. Trató de recordar el código de las puertas que había en los extremos del pasillo. A veces tenía la impresión de que su cuñado dirigía Fort Nox en lugar de un negocio de transportes.

Moviéndose con cautela avanzó sin ningún contratiempo. Cuando llegó a la puerta introdujo una serie de números en el teclado iluminado y esta se abrió. Al entrar al pasillo las luces que había en el techo se encendieron de forma automática y la puerta se cerró a sus espaldas con un golpe seco. Las puertas estaban diseñadas para cerrarse solas, de manera que el despacho de Gonzalo nunca quedara abierto.

Fue hasta el otro extremo del pasillo, introdujo el código en el siguiente teclado y la puerta se abrió. Pasó al interior del despacho y se detuvo en seco. ¡Qué extraño! El brillo de la pantalla del monitor iluminaba de modo inquietante la habitación. Gonzalo y Delfi se habían ido esa mañana. ¿Por qué estaba encendido el ordenador? ¿Y por qué aparecía en este una página de contabilidad en lugar de un salvapantallas?

La puerta se cerró tras ella y la empujó por el hombro.

Paula salió lanzada hacia delante y alargó los brazos en un vano intento por mantener el equilibrio.

La esquina del escritorio de Gonzalo avanzó inexorablemente hacia su cabeza. Solo tuvo tiempo para pensar una cosa: aquello iba a doler. Y así fue. Hasta que se hundió en el oscuro olvido.

—Y ahora, cuéntame cómo te has dado ese golpe en la cabeza en plena noche —Gladys apoyó una bolsa de hielo sobre el chichón que se había hecho Pau en la frente y luego se dejó caer en el otro extremo de la cama.

—No estoy segura de lo que ha pasado. No podía dormir, de manera que he decidido ir a conectarme a mi ordenador a través del de Gonzalo. Las puertas que dan al despacho tienen un temporizador para cerrarse automáticamente.

—¿En serio? —Gladys olvidó muy rápido lo de las puertas, pero tomó nota de que Pau no había podido dormir. Nada solía interponerse entre su nieta y el sueño, pero también era cierto que aquella nieta en particular nunca se había visto atrapada en las redes de una auténtica y tradicional tensión sexual. Gladys había rezado tres ave marías y un aleluya para celebrar que Pau hubiera encontrado por fin un hombre que pudiera afectarla un poco. Mientras echaba un cigarrito en el porche, había visto a Pau y al niñero besándose en la biblioteca como si no fuera a haber un mañana. Había esperado todo lo que había podido, pero al final había llamado a la puerta. En general, envejecer era una desgracia, pero lo peor era aquel problema de la incontinencia.

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Sigue --> 2/3

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