Pau detuvo a las niñas cuando se preparaban para lanzar otro ataque.
—Ya basta, niñas. Dadme esos donuts. El sargento Blakely solo ha puesto una multa al señor Pedro por conducir demasiado deprisa. No va a arrestar a nadie —tras desarmar a las niñas volvió su atención hacia Blakely—. Siento este desastre. Solo estaban tratando de defender a su niñero.
Blakely retiró un trozo de gelatina de su ceja.
—No hay problema, señorita. Esas niñas tienen muy buena puntería.
—¡Vamos a llegar tarde! —gritó Thiago.
—Si eso es todo, oficial, será mejor que nos vayamos... —Pedro metió la primera y no pudo evitar añadir—... antes de que la situación se vuelva más pegajosa —no trató de reprimir su sonrisa. ¿Quién era ahora el payaso?
Pau pegó un bocado a una de las armas confiscadas. Un trozo rojo de frambuesa decoró su labio.
—Hmm. Malgastar un donut de gelatina es algo que no se debe hacer —miro hacia atrás y vio que Blakely seguía donde estaba, tratando de retirar la gelatina de su uniforme—. No hay duda de que ese tipo tiene un gran sentido del humor.
Su comentario borró de un plumazo la sonrisa del rostro de Pedro.
—¿Ya estás de vuelta? —preguntó Gladys desde la cama.
Pau estaba trabajando con su ordenador portátil en el escritorio del dormitorio de los invitados.
—Hemos vuelto hace media hora. Habríamos llegado antes si no hubieran hecho parar a Pedro para ponerle una multa por ir demasiado deprisa —conectó la impresora al ordenador y sonrió—. No puede decirse que le haya hecho mucha gracia. Era el mismo policía que acudió a nuestra llamada de ayer. Creo que se llama Blakely —a continuación le contó a su abuela lo sucedido.
Gladys rió.
—He de reconocer que esas niñas son unos diablillos muy creativos. ¿Cómo está tu cabeza?
—Me duele un poco, pero bien. Solo estoy un poco cansada. Algunos de nosotros no hemos podido dormir esta mañana después de pasarnos la noche jugando al rummy —dijo Pau a la vez que dedicaba a Gladys una significativa mirada.
—Si hubieras jugado bien tus cartas, querida, podrías haber estado toda la noche despierta y bailando.
Por la expresión de su abuela, Pau supo que se traía algo entre manos. La conocía bien. De todos modos mordió el anzuelo, ya que Gladys parecía disfrutar escandalizando a su conservadora nieta.
—¿Bailando?
—Bailando en el colchón de tu cama.
—Has perdido por completo la cabeza —Pau interpretó su papel de nieta escandalizada, aunque lo cierto era que la sugerencia de Gladys resultaba realmente atractiva. Su abuela nunca la había presionado tanto y tan rápido respecto a ningún hombre—. Además, hay un montón de razones por las que esa no habría sido una buena idea.
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