sábado, 20 de septiembre de 2014

Capitulo 31♥ - Un Caos En Familia♥



Pau tuvo que apoyar a las niñas. Prefería saltarse la avena.

Pedro intervino de inmediato al ver que la señora Price fruncía el ceño.

—Hablaremos sobre eso más tarde, niñas. Trataré de mejorar los horarios a partir de mañana, señora Price. Tal vez, si me echa una mano... —otra de sus letales sonrisas y el ceño de la cocinera desapareció como por ensalmo.

Thiago eligió aquel momento para aparecer a toda prisa, metiéndose la camisa en los pantalones mientras corría.

—Vamos, tía Pau.

Pedro empujó con suavidad a las niñas hacia la puerta y la señora Price se fijó de pronto en Pau.

—Dios santo, ¿qué le ha pasado? ¿Quiere que le prepare una bolsa de hielo?

Paula no tenía tiempo ni ganas de explicar de nuevo lo sucedido, y hasta que averiguara con exactitud lo que había sucedido en el despacho de Gonzalo lo mejor sería mantenerse en silencio.

—He resbalado y me he dado un golpe en la cabeza. Gladys está arriba, dormida. Vamos a quedarnos unos días.

La señora Price pareció desconcertada por un momento, pero enseguida se recuperó.

—Muy bien.

Pau ya había detectado la falta de entusiasmo de Pedro cuando le había dicho que Gladys y ella iban a quedarse, y la señora Price tampoco se había mostrado muy entusiasmada con la idea. Aquello empezaba a resultar cada vez más misterioso; primero se pega un buen golpe en la cabeza y luego el coche no le arranca.

¿Le había empujado realmente la puerta la noche pasada o había sorprendido a alguien en el despacho de Gonzalo?

Un estremecimiento recorrió su espalda.

Las cosas se estaban poniendo más y más interesantes. Y no pensaba ir a ningún lado hasta averiguar qué estaba pasando.

Pedro se alejó del semáforo en rojo y aceleró.

Aquel viejo modelo Suv se manejaba fácilmente.

—Convendría que fueras más despacio por aquí —dijo Pau, que estaba sentada junto a él en el asiento del copiloto. Cami y Mili discutían por unos donuts de gelatina en los asientos del centro y Thiago y sus compañeros de viaje ocupaban los traseros. Tener a Pau sentada a su lado hacía que toda la situación adquiriera un sentido sur real de familia... de una gran familia. Incluso parecía una auténtica esposa diciéndole cómo tenía que conducir.

—No te preocupes. Los chicos no pueden llegar tarde a su examen. Si logramos pasar ese semáforo antes de que se ponga en rojo, lo conseguiremos —Pedro aceleró. Había pillado todos los semáforos en rojo desde que habían salido.

Al oír el repentino sonido de una sirena miró el espejo retrovisor y vio el destello de unas luces azules reflejadas en él. Reprimió una maldición y miró a Pau mientras detenía el coche en el lado derecho de la carretera.

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Sigue---> 2/3

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