martes, 16 de septiembre de 2014

Capitulo 28♥ - Un Caos En Familia♥



—¿Qué te ha pasado? —preguntó, sorprendido—. Tienes un aspecto horroroso.

—Tampoco puede decirse que tú tengas un aspecto maravilloso esta mañana —Pau frunció el ceño, lo que provocó una mueca de dolor—. Tropecé y me golpeé en la cabeza. Luego, Gladys se sintió impulsada a mantenerme despierta toda la noche jugando al rummy. Según ella, quería asegurarse de que no sufriera una conmoción cerebral. Yo creo que lo que quería era jugar al rummy. Así que me he dado un buen coscorrón en la cabeza y no he dormido.

Y estaba de mal humor.

Pedro estuvo a punto de preguntarle si estaba segura de que no se trataba del síndrome premenstrual, pero se contuvo.

—¿Y contra qué te golpeaste para hacerte un chichón como ese? —utilizó la mezcla justa de compasión y preocupación para obtener la respuesta a una pregunta que no tenía derecho a hacer.

—Contra el escritorio de Gonzalo. La puerta del despacho se cierra automáticamente y no me retiré a tiempo de su trayectoria —Pau se tocó el chichón.

Pedro pensó que él debería haber estado husmeando en el despacho de Cheltham en lugar de haber echado una cabezada en el cuarto de Cami.

¿Pero qué hacía Pau en el despacho de Cheltham después de media noche? Preguntar aquello ya habría sido demasiado.

Se había fijado en el teclado numérico que había en una puerta junto a la cocina. ¿Las puertas se cerraban automáticamente? Sin embargo, Pau tenía acceso. Era posible que la esposa de Cheltham estuviera metida en aquello. Y, quizá, también Pau. ¿No le había dicho la noche anterior que la familia estaba muy unida para lo bueno y para lo malo? ¿Se extendería aquella unidad a la actividad criminal?

—Tienes un chichón muy grande, tía Pau. ¿Has llorado? ¿Duele mucho? —preguntó Mili con labios temblorosos. Adoraba a su tía.

Pau se agachó junto a las niñas y las rodeó con sus brazos.

—No lloréis, corazones. Tía Pau está bien. Solo duele un poco, y ya está mucho mejor que antes.

Aún preocupada, Mili metió un dedo en su nariz en busca de inspiración. Cuando la encontró se volvió hacia su niñero.

—El señor Pedro puede besar el chichón para que mejore.

Pau miró a la niña como si hubiera sugerido una tortura china. Pedro se dijo que no volvería a cometer aquel error, ni siquiera bajo la dirección de una dictadora en miniatura.

—No, no hace falta —dijo Pau ruborizada. El rojo combinado con el morado del chichón le dio aspecto de arco iris.

Mili hizo un puchero.

—El chichón necesita un beso. Los besos siempre hacen que los chichones mejoren.

—¿Por qué no le das un beso tú? Seguro que eso hará que me sienta mejor —sugirió Pau.

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