—Fue un error —prosiguió Pedro, al tiempo que colocaba dos platos en la mesa—. No debería haber ocurrido.
—Lo que tú digas —Paula se sirvió un vaso de leche y sacó una cerveza para Pedro—. ¿Quieres una jarra?
— ¡Maldita sea, Paula! ¿Me estás oyendo?
—Palabra por palabra: te has pasado de la raya, lo sientes, ha sido un error, no debería haber ocurrido, ¿se me olvida algo? —no esperó a obtener respuesta—. Y ahora, ¿te importa si comemos antes de que se enfríe la pizza?
— ¿Por qué no te olvidas de la maldita pizza? Estoy tratando de disculparme.
—Como quieras, Pedro —Paula suspiró—. Vamos, discúlpate.
—Siento haberme aprovechado de ti esta tarde. No sé lo que me pasó ni en qué estaría pensando... —Pedro le ofreció un lado de la cara—. Si quieres pegarme un puñetazo, adelante. Tienes todo el derecho.
— ¿De verdad piensas que te has aprovechado de mí? —preguntó ella, irritada.
—Yo...
—No soy ninguna de tus muñequitas de pechos grandes. Tú a mí no me manejas: puede que me hayas besado, pero yo también te he besado a ti. No ha ocurrido nada que yo no quisiera que ocurriese, ¿está claro?
—Como el agua.
—Bien, ¿comemos ya?
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Sigue..
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