—Disculpa —le dijo éste a Valeria—. Todavía tenemos que discutir un par de cosas sobre eso que estábamos hablando —añadió tras dar alcance a Pau.
— ¿Por qué no me llamas y me dices qué más necesitas? Si no estoy en casa, puedes dejar un mensaje.
—¿Y el resto de la tarta?, ¿no la quieres?—preguntó de pronto, sin poder ocultar la irritación en el tono de voz.
—Termínatela con Valeria.
—Pauli...
Pero ya había salido y estaba entrando en su casa, en la puerta de al lado. Pedro se quedó mirando el vacío y decidió que necesitaba hablar con Pau para que las cosas entre ambos volvieran a ser como siempre.
— ¿Pedro?
Vaciló unos segundos y, después de suspirar, se dispuso a enfrentarse a la otra mujer.
Media hora más tarde, después de deshacerse de Valeria de mala manera, miró por la terraza hacia la casa de Pau, pero ésta estaba totalmente a oscuras.
Se mesó el cabello y miró al cielo. La luna estaba oculta por las nubes y la noche, en fin, se presentaba tan sombría .como su propio ánimo.
¿Cómo podía haberla avasallado de ese modo? Porque debía reconocer que la había avasallado. Después de la bronca que le había echado a Thiago, había sido él quien la había vuelto a besar. Todavía no podía creerse que hubiera sucedido...
¡Y menudo beso había sido! No había tenido nada amistoso o fraternal. De no haber sido por la inoportuna irrupción de Paula, las cosas no se habrían quedado ahí.
Tenía que solucionar aquello cuanto antes. Pau le importaba mucho y no quería estropear su amistad con ella porque sus hormonas se hubiesen vuelto locas. Después de comprobar una última vez que no había luz en el apartamento de ella, se rindió y regresó al salón. Luego se desvistió y se acostó desnudo. Colocó las manos tras la cabeza y trató de no pensar en el dolor que sentía en las ingles... del que Valeria lo habría curado encantada.
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