Besar a Pedro había sido un error, se dijo Paula por enésima vez. Se sujetó el pelo sobre la cabeza con una horquilla, sacó el neceser, se dio sombra de ojos y se aplicó un pintalabios rosa pasión.
Luego se puso los pendientes que su último padrastro le había regalado las navidades anteriores al divorcio y se miró en el espejo de su dormitorio para comprobar los resultados.
Corriente y moliente, del montón, nada especial, pensó desilusionada.
Su cara no tenía ni un solo rasgo sobresaliente. De hecho, nada en ella era sobresaliente, a no ser su altura. Volvió a mirarse con severidad y suspiró.
¿Sería por eso por lo que nadie había aguantado a su lado?, ¿porque no era lo suficientemente guapa?, ¿no era lo suficientemente especial ni entrañable?
Entonces pensó en las bonitas pelirrojas y rubias que entraban y salían de la vida y de la cama de Pedro; mujeres de ojos azules o verdes... mujeres que no se parecían a ella en nada.
Aunque tampoco quería ser una de las mujeres de Pedro. A pesar de la tensión sexual que a veces se advertía entre ambos, hacía tiempo que había decidido que Pedro Alfonso no estaba a su alcance. Y aunque no hubiera acertado en sus anteriores relaciones, no era tan tonta como para no adivinar que ese hombre podría romperle el corazón... Claro que tampoco pasaba nada por soñar un poco e imaginarse qué se sentiría siendo la destinataria de sus profundas miradas azules y su picara sonrisa.
Paula se estremeció al recordar el beso de esa tarde, el roce de su boca sobre la de ella, el calor de sus manos, la presión de su erección contra los muslos. La había besado como si hubiera deseado absorberla entera y, por unos segundos de locura, ella se había sentido a gusto entre sus brazos... aunque, por supuesto, Pedro se había arrepentido de inmediato.
Abrió los ojos, esbozó una sonrisa triste y se dirigió hacia el salón. Ése era el problema de conocer a Pedro tan bien: se había dado cuenta en seguida de que éste se había asustado. Y había sido tan bochornoso su intento de restablecer la normalidad entre ambos, que se habría echado a reír... de no haberle dolido tanto.
Sin duda, besar a Pedro había sido un error, y no podía repetirse. Pedro era su amigo y se negaba a arriesgar dicha amistad por un beso. Era muy importante para ella. Demasiado.
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Sigue..
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