Todo lo cual era cierto. Pero oírselo decir a Federico le dolía como si una zarpa estuviera rasgándole el pecho.
—Bueno, ¿vas en serio o no?
—Lo pensé en su momento —admitió Federico tras unos segundos en silencio—. Y supongo que Paula también lo pensó. Pero, sea por lo que sea, supongo que los dos nos dimos cuenta de que no sería buena idea compartir nuestras vidas. Quedamos en que seríamos amigos.
Pedro sintió un inmenso alivio, la expresión de la cara se le relajó un momento, pero, al ver la sonrisa de su hermano, volvió a enfurecerse:
— ¡Eres un...! —Prefirió ahorrarse el insulto—. ¿Por qué no has empezado por ahí?
—Porque era mucho más divertido ver cómo te ponías morado, pensando que Pau y yo estábamos juntos.
—Vete al infierno —le indicó Pedro—. Tengo trabajo que hacer — añadió, para darse media vuelta y salir del despacho de su hermano, rumbo al suyo.
Diez minutos después, Pedro examinó toda la información que había reunido acerca de una investigación sobre un niño al que habían secuestrado. Pero, mientras veía unas fotos de la madre, comenzó a imaginarse a Paula, la cual le decía que quería tener un bebé e iba a quedarse embarazada...
—Valeria Harrison por la línea tres —se oyó a través del interfono.
—Hola, cariño —la saludó Pedro, deseoso de olvidarse de Paula. Pero, después de diez minutos de charla, no fue en aquella mujer de ojos azules en la que se quedó pensando, sino en una rubia vulnerable y de ojos verde claro.
—La puerta está abierta —informó Pedro al oír que llamaban.
Después de telefonear a Paula para disculparse por su comportamiento del día anterior, se había pasado casi todo la mañana intentando comprender su súbita atracción hacia ella. Había decidido que no debía preocuparse y, para ponerse a prueba, la había invitado a cenar...
Pero nada más verla comprendió que quizá sí debía preocuparse, pues, con ese top rosa sobre sus pechitos y aquellos pantaloncitos blancos, Paula estaba irresistible. Después de deslizar la mirada por sus interminables piernas, notó que llevaba las uñas de los pies del mismo color que los labios. A decir verdad, la estaba mirando como si ya hubieran cenado y ella fuese el postre... ¿Cómo demonios iba a pensar en Pau como amiga si sus hormonas lo traicionaban de esa manera?
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Sigue..
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