Al oírlo, todos los niños guardaron silencio, excepto el clásico travieso de la clase, Benjamin, de cuatro años, que se acercó y tiró de la manga a Pedro.
-¿Tú conduces un tanque? ¿Eres más fuerte que Hércules? -le preguntó.
Pedro se limitó a mirar al niño como si fuera un marciano y le dijo:
-Me dejo el tanque en el trabajo. Y ahora he de volver a él.
-Entonces le dejaremos para que pueda hablar con Alma un momento -dijo Paula-. Vamos, Benja. ¿Qué cuento quieres que leamos hoy?
A pesar de que se alejó para darles a Pedro y a su hija un poco de intimidad, no fue suficiente, ya que pudo oír perfectamente lo que Pedro le dijo a Alma.
-Muy bien, este es el plan. Yo te voy a dejar aquí y volveré a recogerte a las quince cero, cero.
Era como si le estuviera hablando a uno de sus reclutas, no a una niña. Estaba claro que ese hombre no tenía ni idea de cómo tratar con su hija, que lo miró mientras se mordía el labio inferior nerviosamente.
Cuando Pedro se hubo marchado, Paula la tomó en brazos y le dijo:
-Te lo vas a pasar muy bien con nosotros y vas a ver de nuevo a tu papá antes de que te des cuenta.
-No me quiere -susurró Alma.
-Oh, querida, ¿por qué dices eso?
-Porque lo ha dicho.
Pedro llegaba tarde y eso no le gustaba nada. Se enorgullecía de llevar siempre a cabo sus misiones a tiempo, ya fuera en Bosnia o llevando a su hija al parvulario.
Su hija. Todavía no se podía hacer a la idea de que tenía una hija.
Había sido una semana infernal. El lunes había recibido el último informe médico que decía que el disparo que había recibido de un francotirador seguramente lo había condenado a un trabajo de despacho para el resto de su vida. Eso lo frustraba, él era un hombre de acción, no un chupatintas.
¿Y cómo lo había ayudado el destino en ese tiempo de necesidad? Dejándole una hija casi bebé y de la que no había tenido ni noticias de su existencia hasta entonces, hacía menos de tres días.
La trabajadora social le había dicho que, al parecer, Milagros, la camarera con la que había tenido un amorío en San Diego hacía cuatro años, había tenido esa hija suya.
Pedro no era tonto. Había sabido que a Milagros le iban los marines y que él no había sido el único hombre en su vida. Pero solo había tenido que mirar a la niña para saber que era suya. La mancha de nacimiento que ella tenía sobre la rodilla era igual que la que tenía él.
Era suya. Tenía una hija. De repente, era padre.
Pedro sabía que no valía para ese trabajo. No había conocido a su propio padre, que se había marchado antes de que él naciera. Pero él no abandonaría a Alma. No podía hacerlo. Él afrontaba sus responsabilidades. Era un marine, por Dios.
Aunque el uniforme no había impresionado mucho a la profesora de Alma. Lo había mirado como si fuera un *******. Y le había dado órdenes. No estaba acostumbrado a recibir órdenes de los civiles. Y odiaba ser tratado como un recluta incompetente.
Pero lo cierto era que no era ningún profesional en eso de ser padre. ¿Cómo de difícil podía ser? Él era un miembro del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, con un legado de deber, sacrificio, disciplina y decisión. Tenía la sensación de que iba a necesitar de todas esas cosas y más para dar la talla ante esa profesora.
En el momento en que Paula entró en su casa, se quitó los zapatos y tomó su teléfono móvil y se sentó nerviosamente en el sofá.
Normalmente se pondría algo cómodo para estar en casa, pero ese día necesitaba hablar con su mejor amiga cuanto antes. Conocía a Zaira Nara desde que habían compartido piso en la universidad.
-No te imaginas quién ha venido a mi clase esta mañana -le dijo-. Pedro Alfonso.
-¿Pedro Chico Malo Alfonso? ¿El del instituto?
-El mismo.
El mismo que había atrapado su corazón y al que ella le había rendido su amor. Al que le había dado su virginidad. Y el que se había deshecho de ella dándole una patada en la boca después.
No tenía qué decirle nada de eso a su amiga, ya que Zai lo sabía todo.
-Dime que ha ido a arrastrarse ante ti después de todos esos años y que tú le has devuelto la jugada.
-No exactamente. Ni siquiera me ha reconocido. Ha ido a apuntar a su hija a mi clase de educación infantil.
-Oh, Pau, lo siento.
Paula cerró los ojos y se vio a sí misma como una estudiante de nuevo. La única chica del instituto que no tenía pareja para el baile de graduación. Y allí estaba Pedro, el chico malo del que estaba enamorada desde que empezó el instituto. El la había conquistado con una simple sonrisa y ella le había contado finalmente sus sentimientos para terminar haciendo el amor en el asiento trasero de su coche.
Aún podía recordar el olor de la hierba recién cortada que entraba por la ventanilla abierta, la sensación del vinilo del asiento contra el trasero desnudo, el sonido de su nombre en sus labios y el calor de las manos de él sobre la piel… La pasión prohibida y su increíble culminación. Sus únicos pensamientos habían sido para él, su único deseo, estar con él.
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Holii! aqui la segunda parte del 1 cap! les va gustando la novee?? comenten aca o en mi tw @meli_pauliters, aah y diganme qien qiere q le pase la nove cada ves que subas! ultimo cap de hoy! Buenuu espero q les haya gustado, Buenas noches :)
Re intrigante tu historia. Me encanta
ResponderEliminarMe encanto!!! espero el o los próximos jajaja Besoos ♥♥
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