miércoles, 18 de diciembre de 2013
Capitulo 3 ♥ - Dulce Reencuentro♥
Pero al día siguiente Pedro se había ido. A los marines.
Pero Paula había estado segura de que él la escribiría desde el Centro de Entrenamiento. No lo hizo, pero a ella no le entró el pánico. No hasta que no tuvo el período, entonces sí.
Pedro había vuelto a casa de permiso por unos días, pero ella solo lo supo cuando se lo encontró por casualidad en la calle. Él ni le habló, le dio la espalda con cara de vergüenza y a ella se le cayó el alma a los pies.
A la mañana siguiente, tuvo el período y se le pasó el miedo a estar embarazada. Con el tiempo, incluso se repuso a la sensación de haber sido traicionada. Pero ahora, el pasado había vuelto. Si realmente se hubiera quedado embarazada hace todos esos años, Pedro y ella tendrían un hijo. Una hija, tal vez. ¿Se parecería a Alma?
-¿Qué vas a hacer? -le preguntó Zai haciéndola volver al presente.
Pedro respiró profundamente antes de responder.
-Voy a enseñar a su hija. Soy una profesional y no culpo a la niña de las faltas de su padre. Y esa pequeña necesita alguien que la ayude. Pedro sigue en los marines y la trata como si fuera un recluta en vez de su hija. Y es un encanto de niña.
-¿Qué le pasó a su madre?
-Por lo que sé, ha muerto. No le puedo dar la espalda a Alma. Lo primero y más importante es que ella es una persona de pleno derecho y se merece tener a alguien que se preocupe por ella, sobre todo después de lo que ha pasado. Ver a Pedro hoy me ha afectado solo por la sorpresa. No hay forma de que vaya a permitir que él se me acerque tanto como para volver a hacerme daño.
-¿Necesitas que te ayude a acostarte? -le preguntó Pedro a Alma.
Ya había visto que a la niña se le daba mucho mejor desnudarse que vestirse.
Ella agitó la cabeza.
-Muy bien, entonces iré a tu habitación a apagar las luces dentro de cinco minutos.
Pedro suspiró cuando la niña salió del salón. Había tratado de hablarle suavemente, pero no parecía servir de nada. Odiaba la posibilidad de que pudiera tenerle miedo, pero no tenía ni idea de cómo rectificar las cosas.
Miró el montón de papeles que tenía que tener listos para la mañana siguiente. Al Gobierno le gustaba que todo estuviera por triplicado y eso incluía los impresos. Los cinco minutos que le había dado a Alma pasaron enseguida. Cuando fue a su habitación, la niña lo estaba esperando sentada en la cama tan tiesa como cualquier marine.
-Descansen -dijo.
Ella parpadeó y se relajó un poco. Debería ser feliz. El quería que lo fuera. Tenía un dormitorio como para una princesa. Le había dejado elegirlo todo a ella misma, sobre todo porque él no tenía ni idea de lo que le podía gustar a una niña de tres años y a ella en particular.
Era su hija, pero aún era una desconocida para él. Tal vez si hubiera estado en su vida desde que era un bebé, ahora se le daría bien eso de ser padre.
Estaba completamente fuera de su elemento. La niña tenía unos ojos muy tristes. Miel, como los de él. Y raramente sonreía. Lo hizo cuando él imitó a Los tres cerditos, pero le dio la impresión de que era porque estaba haciendo el tonto.
Como lo había hecho con la profesora. Por alguna razón, le había parecido conocida, pero no sabía por qué. Ni siquiera estaba seguro de su nombre, ya que no estaba prestando demasiada atención salvo cuando ella le ordenó que se quedara allí.
Había reconocido el acero que había en la voz de esa mujer, ya que él mismo era sargento y muy capaz de poner en orden a un grupo de reclutas con solo una orden ladrada. Había tenido cuidado de no hablar así con Alma. Y de no decir palabrotas. A veces no le resultaba fácil.
La habitación de la niña estaba llena de personajes de Disney que él no conocía, pero la niña sí. Había tenido suerte de que ese piso de dos habitaciones hubiera estado libre y en el mismo edificio del estudio amueblado que acababa de alquilar antes de que supiera de la existencia de Alma. El casero le había cambiado de muy buena gana el antiguo por ese más grande.
-¿Así que ya estás preparada para acostarte?
Alma asintió solemnemente.
-¿Necesitas algo?
-Fooba.
Pedro tomó el oso de peluche que estaba apoyado contra el pie de la cama. Había querido comprarle uno nuevo, pero la niña había insistido en quedarse con ese. Sospechaba que era porque se lo había regalado su madre.
Fue a acariciarle el cabello a la niña, pero en el último momento se echó atrás y fue apagarle la lámpara de noche.
-Buenas noches -le dijo.
-Me he limpiado los zapatos -dijo Alma de repente.
-Yo…, uh, eso está bien.
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Holuuum, aca toi trayendoles la 3 parte del 1 cap! se van enganchando?? jajajaja comenten aca o en mi tw @meli_pauliters, diganme si subo el prox cap o mañana deciden ustedes! buenuum, nada loss qieroo! :)
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Obvio que me voy enganchando jaja. Subí otro más tarde please
ResponderEliminarAy me da cosita Almaa pobrecitaa!! jajajaj Subi mas hoy por fiis ♥♥
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