miércoles, 18 de diciembre de 2013

Capitulo 5 ♥ - Dulce Reencuentro♥


-Entonces tenías el cabello más largo, pero me soltaste el mismo discurso acerca de aprender cuando te ofreciste a enseñarme geometría.

Pau «El cerebro». Pedro no se podía creer que la volviera a ver después de todo ese tiempo. La última vez que le vio fue…

Frunció el ceño. Tenía que ser aquella noche antes de irse con los marines. Le fallaba la memoria, había bebido demasiado esa noche. Recordaba que se habían encontrado y él le había preguntado si quería que se fueran a dar un paseo en su coche. Para su sorpresa, ella había accedido y luego él la había dejado conducir. Habían terminado en un aparcamiento en alguna parte y la había besado… varias veces.

Lo que sucedió después no estaba nada claro. Pero a la mañana siguiente él se había despertado con la peor resaca de su vida. Todavía le dolía la cabeza de pensarlo.

Y la vaga sensación de culpa que sentía, sin duda era resultado del hecho de que nunca más se había puesto en contacto con ella desde esa noche.

En su momento, se preguntó hasta dónde habrían llegado. No muy lejos, pensaba, no con Pau «El cerebro». Ella era una buena chica. Lo más opuesto a él.

Tal vez eso explicara por qué se habían mirado antes con tanta hostilidad. Probablemente él habría hecho el idiota esa noche y ella lo habría puesto en su lugar cuando trató de seducirla.

La miró con nuevos ojos. Solía llevar el cabello rubio más largo, casi hasta la cintura. Ahora lo llevaba por el hombro. De repente, el recuerdo de sí mismo acariciándole ese cabello sedoso se apareció en su mente tan súbitamente como la explosión de una mina antipersonal. Parpadeó ante esa visión inesperada, pero cuando trató de volver de nuevo a esa imagen, ya había desaparecido.

Ella tenía ojos de gata, un poco hacia arriba por el exterior. De un color verde intenso que le recordó la selva filipina. ¿No llevaría lentes de contacto?

Se recordó cínicamente a sí mismo que las mujeres tenían varias formas de camuflarse y aparentar lo que no eran, desde operarse la nariz a hacerse implantes de silicona en los senos.

Recorrió su cuerpo con la mirada. Llevaba unos pantalones cortos de color caqui y una camisa rosa.

Nada especialmente sexy. Ropa muy práctica. Pero debajo había un cuerpo espectacular, como el de Marilyn Monroe, no muy popular en la actualidad, pero el preferido por cualquier hombre sobre las delgaduchas que parecen haber salido de un orfanato o un campo de refugiados. Ya había visto demasiadas así en sus misiones. Sus miradas de gratitud y sonrisas tímidas cuando les ofrecía chocolatinas seguían asaltándolo en sus sueños por las noches.

Paula «El cerebro», además, tenía fuerza interior combinada con un cálido corazón.

Ahí tenía a una mujer que afrontaba la vida de cara. Una mujer que no se dejaba impresionar por su uniforme, que lo estaba mirando desaprobándolo, la clase de mirada que había recibido él siempre de los adultos durante su vida de adolescente. Que hacía tiempo que no recibía.

-Ha pasado mucho tiempo -dijo él.

Ella se encogió de hombros.

-Pau, «El cerebro»… Llevas el cabello más corto ahora.

-Y tú también -dijo ella, molesta-. Pero volviendo a tu hija. Creo sinceramente que deberías asistir a las clases que te he dicho.

Él la interrumpió agitando una mano.

-Ya has dicho que vas a trabajar conmigo. Ya no hay vuelta atrás.

-No estaba tratando de hacerlo.

Él la miró fijamente.

-Muy bien, tal vez lo estaba intentando -añadió ella-. Porque no estoy segura de que tú quieras aprender y trabajar conmigo.

Él la miró de la misma manera que hacía que sus reclutas se estremecieran en sus botas.

-¿Estás cuestionando mi compromiso?

Ella no pareció nada intimidada y le devolvió la mirada.

-¿De verdad crees que puedes hacer bien de padre?

-Tú pruébame.

-Si creo por un momento que te estás escaqueando…

-Yo soy un marine. Y los marines no nos escaqueamos.

-Muy bien.

Paula tomó un papel y escribió algunas cosas en él antes de pasárselo.

-Léete estos libros para el fin de semana. Estaré ocupada el sábado, pero tengo el domingo libre. Entonces te pondré algunos ejercicios.

-Entendido. ¿En tu casa o en la mía?

Pau se preguntó qué sería peor, ¿meterse ella en territorio enemigo o dejar que ese enemigo le invadiera el suyo? Su lado práctico le dijo que, si era ella la que iba a su casa, tendría la posibilidad de ver por sí misma cómo vivía Alma y bajo qué condiciones.

-En tu casa -dijo por fin.

-Excelente. ¿Te mantienes en contacto con alguien del antiguo vecindario?

Ella no quería hablar del pasado, pero su pregunta era tan inocua que lo pondría sobre aviso si no contestaba.

-Solo con Zaira Nara. Yo no era precisamente la chica más popular del instituto.



-Así que supongo que fuiste a la universidad como tenías pensado, ¿no? ¿A la de Illinois?

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Holuuum! aca dejandoles el cap q prometi! Pepe se va acordando de cositas! ;) jejejej mañana subo 2 o 3 mas si hay muchos comentarios! buenuum..comenten aca o en mi tw @meli_pauliters, diganme qien qiere q le pase la nove cada ves q subaa! jajjaja buenas nochees





4 comentarios: