jueves, 19 de diciembre de 2013

Capitulo 6 ♥ - Dulce Reencuentro♥


A ella le sorprendió que él recordara tanto.

-Eso es. Pero fue hace ya mucho tiempo.

-Sí. Así es.

Él no le dio ninguna indicación de que recordara lo que habían compartido, esa noche de pasión en el asiento trasero de su coche. Seguramente él habría tenido a tantas mujeres desde entonces que no las podría recordar a todas. Lo que para ella había sido tanto, evidentemente, no había sido tanto para él.

Se dijo a sí misma que debía superarlo. Tenía que mantener la mente en lo que tenía entre manos, en Alma.

Lo miró sin que su mirada reflejara el torbellino interior que sentía.

-Te veré el domingo entonces.

-Tenlo por seguro.

Él se levantó, saludó militarmente y se dirigió a la puerta.

Pau no lo pudo evitar y le sacó la lengua. Era algo infantil y poco educado, pero se sintió mejor. Hasta que él dijo señalando el cristal de la ventana que había junto a la puerta:

-Te he visto. Bonita lengua.

Esta vez ella esperó hasta que él hubiera salido para tirar una pelota de papel en su dirección. Entonces él asomó la cabeza por la puerta y le dijo:

-Buen tiro. Para ser una chica.

-Buen cumplido. Para ser un marine.

La sonrisa de él le indicó que apreciaba esa respuesta.

-Creo que nos vamos a llevar bien.

Eso mismo había pensado ella en un tiempo. Pero no en ese momento. No en esa vida.

Pedro frunció el ceño ante el montón de libros que tenía sobre la mesa del salón. ¡Quién habría dicho que hubiera que aprender tanto para criar a una niña de tres años!

Se estremeció de alivio, ya que no tenía que enfrentarse a los capítulos que trataban de cambiar pañales. Estaba seguro de que eso habría puesto de rodillas hasta a un tipo duro como él. Se las podría haber arreglado si Almita fuera un niño. Pero las chicas eran diferentes, y en muchos sentidos.

Se negó a dejarse llevar por el miedo. Los marines no se rendían nunca. Sobrevivían. Contraatacaban. Vencían. Por encima de todo.

O se reagrupaban para luchar en otro momento. Paula «El cerebro» iba a ir al día siguiente. Trató de ver la casa a través de sus ojos. Estaba limpia. Escrupulosamente limpia. Lo que no era nada fácil con una niña que parecía decidida a dejar sus juguetes por todas partes, incluso en los zapatos de él y en su maletín.

Al principio le agradó el que a ella le gustaran los camioncitos que le había llevado. Sabía que los camiones no eran cosa de niñas, tal vez debiera haberle llevado muñecas o animales de peluche. Pero le habían gustado los camiones y se había pasado horas jugando con ellos. Eso cuando no los estaba escondiendo en sus zapatos o el maletín.

De una cosa estaba seguro, de que Paula no iba a poder decir nada de sus medidas de seguridad. Tenía toda la casa a prueba de niños.

Por supuesto, todavía tenía que averiguar cómo podía él ahora abrir algunos cajones y usar los enchufes, pero aprendería. Lo mismo que había aprendido a abrir las cajas de aspirina a prueba de niños sin tener que romperlas.

¿Quién iba a saber que un apartamento pudiera tener tantas cosas peligrosas para una niña curiosa? Y Alma lo era. No podía recordar la cantidad de preguntas que le hacía cada día. ¿Cómo rugían los tigres? ¿Por qué eran personas y no tigres? ¿Por qué se suben los labios cuando se sonríe? Él se había limitado a decirle que se lo preguntara a su profesora.

Lo que lo llevó de nuevo a Pau. Parecía como si todos sus pensamientos lo llevaran de nuevo a ella. Miró al libro que tenía en el regazo y trató de concentrarse en él. Comportamientos sociales, formas de juego, buena educación. Sí, claro.

Leyó el título de nuevo.

La guía del completo inútil para ser padre de un preescolar.

¿Era esa la forma de Paula de decirle que era un completo inútil? Suponía que, en lo que se refería a ser padre, lo era. Pero eso no significaba que tuviera que gustarle. Estaba acostumbrado a dar órdenes, no a recibirlas. Ella le había ordenado que se leyera esos libros como si fuera un sargento mayor.

Y, con respecto a esa especie de campo de entrenamientos, esperaba que ella no se imaginara que él iba a saltar como cualquier recluta novato. Porque no tenía la menor intención de jugar a eso. Un hombre tiene su orgullo. Y un marine, mucho más.

Esa era una de las razones por las que le encantaba ser un marine. Sus compañeros oficiales lo entendían. Sus reclutas lo obedecían. Las reglas y reglamentos no dejaban lugar a las dudas. Y una parte de él aún no veía por qué no podía aplicar la forma de hacer las cosas de los marines a eso de ser padre. La disciplina y el orden eran cosas buenas. Cosas que había que aprender pronto en la vida.

Tal vez si su padre hubiera tenido un poco de disciplina no lo habría abandonado cuando nació. Había veces que se había preguntado qué clase de sangre había heredado él de su padre desconocido. ¿Qué clase de hombre huía así de sus responsabilidades?



Un hombre que no se merecía ser llamado así. Lo que no cambiaba el hecho de que él no solo no tenía experiencia como padre, sino que tampoco la tenía de vida en familia. No es que eso fuera muy necesario en la actualidad, con la cantidad de divorcios y familias postizas que hay. Pero aún esas familias tienen alguna clase de experiencia en el amor.


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Holaas :) como tan hoy? ah jajaja graciias x comentar! hoy estoy casi sin tiempoo jejeje, asiq a la noche subo 1/2 mas, si puedoo! comenten aca o en mi tw @meli_pauliters! diganme qien qiere q le pase la nove cada ves q suba! beshitos

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