jueves, 9 de enero de 2014

Capitulo 36 ♥ - Dulce Reencuentro♥



-¿De la misma manera que casi habías olvidado por completo a Pedro hasta que apareció en tu clase?

Paula miró suspicazmente a su amiga.

-¿Y si me he equivocado al pensar que solo me ha pedido que me case con él por Alma? ¿Y si él está empezando a sentir por mí lo mismo que yo siento por él?

-¿Y qué es?

-Que él es mi hombre. Que siempre lo ha sido. Creo que tú tenías razón. La verdadera razón por la que no pude aceptar la proposición de Agustin fue porque realmente nunca pude superar lo de Pedro.

-¿Yo dije eso?

-Lo hiciste. Mientras nos comíamos unas hamburguesas con queso, después de que Pedro me besara la primera vez.

-¿La primera vez? ¿Así que te ha besado más de una vez?

-Me besó después de proponerme matrimonio y que yo le dijera que no.

-No me cabe duda de que esperaba convencerte para que dijeras que sí.

Paula asintió.

-Pero yo no se lo dije.

-Hasta que te regaló un dragón.

-No fue solo el dragón, sino todo lo que representa.

-¿Tu infancia perdida? -le preguntó Zai sonriendo.

Paula agitó la cabeza y sonrió esperanzada.

-Mis sueños perdidos.

-¿Cómo te va la batalla? -preguntó Nan-. ¿Has ganado ya la guerra?

-Todavía no, pero estoy cerca de mi objetivo -respondió Pedro-. Aunque hay todavía unos cuantos detalles de logística que solucionar.

-¿Como cuáles?

-Como a dónde llevarla esta noche.

-¿Esta noche? No me das mucho tiempo, Alfonso.

-Tú piensas rápido, Paz. Así que empieza a pensar.

-¿Qué quieres? ¿Algún sitio íntimo, con velas, comida francesa…?

-La única comida francesa que me gusta son las patatas fritas a la francesa.

-Borra eso entonces.

-Estaba pensando en llevarla a ese restaurante que hay en lo más alto del edificio John Hancock. ¿Has estado alguna vez allí?

-Sí. Buena carne y una gran vista.

-¿Crees que la debo llevar allí?

-Demonios, Alfonso, ¿desde cuándo me preguntas a mí a dónde has de llevar a tus chicas? Esta mujer te ha afectado realmente. Nunca pensé que fuera a ver el día.

-Claro, anda y ríete. Solo espera a que alguna mujer se te meta bajo la piel.

-Muchas mujeres se me han metido bajo la piel -respondió Nan-. Es por eso por lo que nunca he podido sentar la cabeza solo con una. Además, ya sabes lo alta que está la tasa de divorcios en los marines. Las mujeres no se suelen tomar muy bien eso de que primero seamos marines y luego maridos.

-Ya lo sé, pero Paula es diferente.

-Lo tiene que ser para haberte llamado la atención. ¿Y cómo te va lo de ser padre?

-Nunca le digas a una niña de tres años que salga y dé unas cuantas patadas en los traseros de los demás. Se lo toman muy al pie de la letra.

Luego Pedro le contó abreviadamente el episodio del baile de Alma.

Nan se rió con ganas.

-Por lo menos no le dijiste que los hijos de los marines son rudos y pueden masticar clavos. Mi padre siempre nos lo dijo a mis hermanos y a mí.

Nan era de familia de marines y su experiencia era muy distinta de la de Pedro. A veces él pensaba que era un milagro que fueran amigos, pero ser marines los había unido. Eso y un especial sentido del humor.

-No te olvides de invitarme a la boda -le dijo Nan.

-No me casaría sin que estuvieras presente, camarada.

-Eso tenlo por seguro. Solo recuerda que es por mí por lo que estás donde estás hoy en día.

-¿Con una pierna herida y dando clases a unos calamares?

-Me refiero a Paula. Ha sido mi sabiduría y mi guía las que han llevado al éxito esta operación.

-La batalla todavía no está ganada. Todavía no me ha dicho que sí.

-Lo hará, Alfonso. Lo hará.

Conociendo la precisión militar de Pedro, sobre todo en lo que se refería a la puntualidad, Paula miró preocupada el reloj. Llegaba cinco minutos tarde. ¿Y si le había pasado algo?

Él no le habría pedido salir solo para darle plantón.

Eso le dio una pista de lo mucho que confiaba en Pedro. Era un hombre honorable que afrontaba sus responsabilidades. Si decía que iría, iría.

Entonces sonó el telefonillo. Era Pedro.

La última vez que él había ido a su casa, se había saltado el sistema de seguridad cuando se encontró con el señor Sanders, que vivía al final del pasillo y había sido marine durante la guerra de Corea.

Esos pensamientos evitaron que le entrara el pánico con la longitud o falta de ella del vestido. Abrió la puerta y vio a Pedro. Aquella era la cuarta vez que lo veía con su uniforme azul, pero el impacto era todavía sobrecogedor.

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Bueno aca apareci! espero les guste la maraton comenten aca en el blog o en mi tw @meli_pauliters! Hice esta maraton xq nose cuando vuelvo a subir! Mi perrito ta enfermito y mañana lo traen, tubo internado, asiq pasare todo mi tiempo con el, ojala q n se valla al cielo! ojala y sea una enfermedad q se pueda curar, tniendo solo 1 añito mi bebito! bueno nada hasta pronto! chauu!

3 comentarios:

  1. muy buenos los capítulos, muchas gracias por el maratón, ojala que pau diga que si

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  2. Buenísima la maratón!!!! Ojalá Pedro la trate dulcemente y ella afloje un poco.

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