Pay miró hacia la señora Price, que estaba metiendo un montón de ropa en la secadora.
—Dile a Delfi que espere un momento. Atenderé la llamada en la biblioteca.
Colgó el teléfono y fue lo más rápido posible a la biblioteca. Llamó al despacho de Gonzalo y Delfina le puso con su hermana.
—¿Pau? ¿Cómo va todo? ¿Están bien los niños?
—Los niños están perfectamente.
—¿Qué tal la nueva niñera? No se habrá ido ya, ¿no? ¿Es ese el motivo por el que estás en casa? —por fin, Any hizo una pausa, aunque no podía saberse si era para respirar o para que su hermana respondiera.
Pau eligió sus palabras con cuidado. Necesitaba algunas respuestas, pero no quería asustar a Delfi.
—¿Nurturing Nannies Network tiene buena reputación?
—Ya conoces a Gonza; él solo elige lo mejor. Nurturing Nannies tiene las mejores niñeras del país. De momento, estamos contentos con las que nos han enviado, aunque ninguna ha sabido apreciar la alegría de vivir de los niños. No parecen ser capaces de hacer frente a su sentido de la aventura y a su alto nivel de creatividad.
La mente de Pau se llenó de visiones de Pedro desnudo de cintura para arriba, atado y amordazado. Si, los niños rebosaban de alegría de vivir. Se dejó caer en un sillón, aliviada al saber que Pedro era lo que decía ser. Una vez más, sus instintos habían fallado mientras su lógica había prevalecido.
—El nuevo niñero es... bastante poco ortodoxo, diríamos. Y no, aún no se ha despedido.
—Ser poco ortodoxo está bien. No tengo ningún problema con eso. Puede que sea justo lo que los niños... ¿Has dicho niñero? ¿Es un hombre?
—Sí.
—¡Qué interesante! ¿Y qué tal es?
—No puede decirse que sea la típica niñera. Por eso quería asegurarme de que confías en la agencia que lo ha mandado.
—¿Han sido buenos los niños? —preguntó Delfi con una nota de optimismo en la voz.
—«Buenos» es un término relativo. Dieron la bienvenida al nuevo niñero atándolo con cinta de embalar, le cortaron la camisa y le pintaron con un rotulador de tinta permanente.
—Me alegra tanto que lo estén pasando bien y que se lleven bien con él... Pero no debería dejar que los niños jugaran con tijeras.
Pau pensó que su dulce y libre de espíritu hermana no tenía ni idea. Movió la cabeza mientras Delfi seguía hablando.
—Gonza está ya tan tenso que no necesita más problemas. Estoy muy preocupada por él.
—¿Y por qué está tan tenso?
—Dice que por nada, pero cuando ese chico le robó el ordenador alucinó. Y ya sabes que Gonza no suele alucinar.
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