Pedro sintió la vacilación de Wiggins al otro lado de la línea.
—Hay una cosa. Probablemente no sea nada, pero me ha llamado la atención. Hace pocos días reservó y pagó unas vacaciones que no se ha tomado. Uno de esos paquetes con todo incluido en un centro turístico de Jamaica.
Pedro sintió una incontrolable punzada de celos.
—¿Iba a viajar con alguien? ¿Se iba a reunir con alguien?
—No que yo sepa.
Pedro relajó la mandíbula a la vez que la luz del baño se apagaba.
—¿Alguna idea de por qué no fue?
—No. El vuelo estaba reservado para el domingo pasado, pero no se presentó.
El domingo pasado. El mismo día que se había presentado en la casa de Cheltham y había decidido quedarse. El mismo día que había empezado a desquiciarlo.
Pau caminó con cuidado por el suelo de madera. Había evitado a Pedro como a la peste desde la comida, pero no podía retrasar más la hora de la verdad.
Mantenerse alejada le habría resultado tan difícil como dejar de respirar. Una mujer no debería sentir aquella obsesión...
Aunque ello significara enfrentarse a Pedro, no podía perderse el segundo partido de las eliminatorias.
Estaba sentado en el sofá, con el recipiente de palomitas de rigor en el almohadón del medio. Incluso con vaqueros y una camiseta tenía buen aspecto. Pero lo cierto era que tenía buen aspecto con cualquier cosa... «o con nada», susurró una traviesa voce—cita en la cabeza de Pau.
—¿Te importa si vemos juntos el partido?
—Oh, contaba con ello —Pedro sonrió como si fuera un gato dispuesto a jugar con el ratón que acababa de atrapar—. Suponía que no te perderías el juego.
¿El que había entre ellos, o el de la pantalla? Pau irguió la espalda. Ella no era un ratón. Había tomado notas cuando había leído la revista de Gladys. Si él era un gato, ella también lo era.
—No me perdería este juego por nada —casi ronroneó.
—Me halaga que prácticamente se me considere parte de la familia, pero ese asunto de la impotencia... —Pedro le dedicó una mirada dolida, pero el tono burlón de su voz reveló que no se sentía dolido en lo más mínimo.
—Es solo un problema de semántica. No tiene mayor importancia.
—Te aseguro que sí la tiene.
—Supongo que todo es cuestión del punto de vista.
—Me debes una.
—Tienes razón. Te pido disculpas.
Pedro movió la cabeza.
—Me temo que una disculpa verbal está fuera de lugar después de haber cuestionado mi virilidad. Creo que tengo derecho a recibir una recompensa.
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Siigueeee --------------------->>> 2/4
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