lunes, 9 de febrero de 2015

Capitulo 69♥ - Un Caos En Familia♥



Pedro lo sentía en sus huesos. Aquel iba a ser su día de suerte. Se despidió de los niños con la mano mientras entraban en el coche con Nora. No volverían hasta el día siguiente.

Cerró la puerta principal y al volverse vio a Pau a los pies de la escalera. Casi olvidó respirar cuando vio la invitación que brillaba en sus ojos. Se acercó y ella apoyó una mano contra su pecho. Pedro la rodeó con los brazos por la cintura y la besó en el cuello. Pau sintió un cosquilleo por todo el cuerpo, pero logró apartarse.

—Vamos arriba —dijo, y lo tomó de la mano.

—Si eso es lo que quieres, eso es lo que haremos —arriba, abajo, en las escaleras... A Pedro le daba lo mismo mientras estuviera con ella.

Subieron en silencio. Una vez arriba, Pau lo condujo hasta su dormitorio.

Las cortinas estaban echadas y reinaba una agradable penumbra. La sábanas de la cama estaban delicadamente apartadas a un lado y Pau habían amontonado varias almohadas contra la cabecera. Era evidente que se había molestado en preparar el escenario.

Pedro pensó que no había duda de que aquel era su día de suerte.

Pau lo dejó a un lado de la cama y rodeó esta para situarse en el opuesto. Empezó a desabrocharse la blusa.

—¿Por qué no te desvistes y nos reunimos en medio? —sugirió con voz ronca.

Pedro la miró mientras se quitaba la camiseta. La boca se le secó al ver la protuberancia de sus pezones contra el encaje del sujetador. Se quitó la ropa sin apenas darse cuenta de que lo estaba haciendo. Luego se tumbó de costado en la cama, ya totalmente excitado.

Pau subió al colchón y quedó apoyada en él sobre rodillas y manos.

—¿No vas a quitarte el sujetador y las braguitas? —preguntó Pedro, cuya voz sonó tensa incluso a sus propios oídos.

—Todo en su momento —Pau agachó la cabeza, lo besó en la rodilla y fue ascendiendo por su muslo sin apartar los labios de su piel. Pedro quiso tocarla, pero ella se liberó de su mano con un juguetón movimiento de las caderas—. Tú relájate y disfruta.

Él obedeció, gustoso. Cuando la lengua de Pau alcanzó su cadera y su hombro rozó su erección, creyó que iba a explotar.

Cerró los ojos y absorbió la sensación de la boca de Pau moviéndose sobre su estómago, sobre su pecho, el roce de sus húmedas braguitas de satén contra su muslo. Cuando lo tomó de las manos y le hizo colocarlas por detrás de la cabeza, uno de los pechos de Pau quedó prácticamente al alcance de sus labios.

De pronto oyó un clic muy familiar, pero tardó un momento en comprender de qué se trataba. Para entonces, el frío acero tenía firmemente sujetas sus manos a la cabecera de la cama.

Incrédulo, trató de liberarse, pero fue inútil.

Estaba esposado a la cama con sus propias esposas.

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Sigue-->>>

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