Pedro pensó en el policía que había fastidiado una operación por implicarse en una relación con una mujer.
¿Se estaba implicando él en una relación con Pau?
Desde luego. ¿Pero podía confiar en ella? ¿Era seguro hacerlo? Estaba dispuesto a apostar su vida a que sí.
—No, no me va a suceder lo mismo que a Gallagher.
—Bien. Y ahora, cierra el caso.
Una idea que no había dejado de rondar la cabeza de Pau mientras dormía hizo que de repente se irguiera.
Saltó de la cama, se vistió con rapidez y bajó a la cocina, donde Pedro se estaba sirviendo un café.
—Sírveme otro a mí y ven al despacho de Delfina —ordenó al pasar junto a él.
Pedro la miró, desconcertado por un momento mientras ella marcaba el código para abrir la puerta del pasillo. Enseguida se levantó.
—Mantenla abierta. Estaba a punto de subirte una taza al dormitorio.
Pau se volvió y tomó una de las tazas que Pedro sostenía en la mano.
Sonrió y le dio las gracias. Luego caminaron juntos por el pasillo.
—Ayer dijiste que el dinero y la venganza eran las motivaciones principales de los criminales, ¿no?
—Sí.
—En ese caso, ¿quién podría tener mejor motivo para vengarse que un empleado descontento?
Pedro miró a Pau con auténtica admiración mientras pasaban al despacho.
—Puede que tengas razón.
Poco después estaban sentados ante el ordenador, revisando los archivos de los empleados de la empresa de Cheltham. Empezaron por las cancelaciones de contratos más recientes.
Una hora más tarde, cuando Pau prácticamente había perdido la esperanza de estar siguiendo una pista correcta, no reconoció el nombre de Rocky Dorfman, un estibador que había sido despedido y al que habían enviado cinco años a la cárcel por contrabando, pero sí reconoció el nombre de la persona que aparecía en el archivo como su pariente más cercano. Gwendolyn Price.
—¿La señora Price? —murmuró, incrédula.
Pedro asintió mientras tomaba unas notas.
—Eso parece. Sin duda alguna, es un móvil posible.
—Entonces, ¿Gonzalo queda exculpado? —preguntó Pau, esperanzada.
—Todavía no. De momento todo son meras suposiciones. Tenemos que conseguir pruebas.
Convencida de que lo único que hacía falta para conseguirlas era tiempo, Pau se encaminó hacia la puerta.
—En ese caso, vamos a buscarlas.
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Sigueee --->>> 2/4
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