Pedro rió.
—Ya sabéis cómo se enfadaría si supiera que estamos aquí sentados hablando de ella —casi pudo ver sus ojos echando chispas y su sexy labio superior haciendo un mohín—. Es tan mona...
Delfi sonrió, satisfecha.
—Nadie ha llamado «mona» a Pau desde que teníamos cinco años.
Pedro frunció el ceño.
—¿Cómo es posible? Con esas pecas en la nariz, esa sonrisa—Nora movió un dedo ante él.
—De acuerdo, de acuerdo, es muy mona, pero, ¿qué plan tienes para conquistarla?
Pedro no era el tipo más original del mundo, y no tenía nada en contra de utilizar una idea que ya había funcionado.
—Voy a invitarla a tomar un café y a preguntarle qué es lo que más desearía en el mundo —dijo, orgulloso.
Gladys negó con la cabeza.
—No funcionará. Tienes que idear algo mejor.
Pedro no tenía una idea mejor, y no le apetecía renunciar a ella.
—¿Qué tiene de malo? ¿Por qué no iba a funcionar?
—Pau tiene un corazón de oro, pero es un poco... dura de mollera, diríamos —trató de explicar Delfi—. Si le preguntas lo que quiere, lo más probable es que te de alguna respuesta absurda, porque no estoy segura de que en realidad sepa lo que quiere.
Pedro asintió, pensativo.
—¿Tenéis alguna sugerencia? —preguntó. A fin de cuentas, Gladys y Delfi eran familia de Pau y debían saber más que él sobre ella.
—No será fácil —advirtió Delfi.
—Estoy preparado.
Gladys palmeó la espalda de Pedro.
—Así me gusta. Tengo fe en ti. A fin de cuentas, lograste que Pau perdiera las braguitas, y eso ya tiene su mérito. Pau se opondrá con todas sus fuerzas, pero creo que la chica ya es historia.
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Siguee 1/5 ----->>>
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