Todo el mundo se había reunido en el cuarto de estar para recibir algunas respuestas. Delfina y Gonzalo habían llegado mientras un coche patrulla se llevaba a la señora Price. Nan Paz, el superior de Pedro, había hablado un momento con Gonzalo para suavizar las cosas. Mili y Cami estaban en el sofá, sentadas encima de su madre. Gonzalo caminaba de un lado a otro de la habitación. Gladys, aún conmocionada por su experiencia como rehén, permanecía callada por una vez.
En el cuarto de estar solo faltaban Hecules Poirot y Sherlock Holmes.
—Hace cuatro años. Hace cuatro años, la empresa de transportes Cheltham despidió y denunció a un estibador por robo. Rocky Dorfman fue sentenciado a cinco años de prisión —Pedro miró a Gonzalo para ver si sabía de qué estaba hablando.
Gonzalo negó con la cabeza y se encogió de hombros.
—Es una empresa grande. La verdad es que no lo recuerdo.
Pedro continuó.
—Gwendolyn Price es la madre de Rocky Dorfman. A pesar de las evidencias que lo incriminaban, Dorfman juró que él no había sido. Gwendolyn juró vengarse. Preparó un plan para implicar al señor Cheltham en una operación de contrabando de objetos de arte precolombino y esperó hasta que se presentó la oportunidad para llevarlo a cabo. Quería que el señor Cheltham y su familia sufrieran como había sufrido ella. Estuvo a punto de conseguir lo que se proponía, pero lo estropeó todo al caer en la tentación de guardar alguno de los objetos para venderlo. Su juego ha acabado cuando Gladys ha encontrado el recipiente.
Delfi se abanicó con la mano.
—Creo que voy a hiperventilar. Aún no puedo creer que la señora Price haya hecho algo así. Preparaba un pollo con manzana exquisito.
Gonzalo palmeó la mano de su esposa y se volvió hacia Pedro.
—Decidí ir a Sudamérica porque empecé a sospechar que había algún problema en las sucursales que tenemos allí, pero ha resultado que el problema lo tenía en casa. ¿Y el robo del aeropuerto? ¿Tuvo algo que ver con eso la señora Price?
—No que nosotros sepamos. No lo ha mencionado, y ha empezado a cantar en cuanto la hemos detenido —Pedro sonrió—. No creo en las coincidencias, pero creo que en este caso solo se trata de eso.
—¿Fue ella quien empujó a Pau cuando...entró en el despacho de Gonzalo? —preguntó Gladys.
—La oyó entrar y se ocultó tras la puerta. No hay duda de que Pau la sorprendió. Solía esperar a que el señor Cheltham saliera unos días de viaje para entrar en su despacho a altas horas de la noche y modificar sutilmente sus páginas de contabilidad. Es sorprendente la astucia del plan que pergeñó para vengarse. Y no hay duda de que la señorita Chaves la sorprendió esa noche.
«¿La señorita Chaves?» Pau intentó no mostrar su sorpresa al oír que Pedro se refería así a ella. ¿El hombre que le había arrancado las braguitas con los dientes estando esposado a la cama ni siquiera podía llamarla Pau? «Bienvenida al mundo real».
—¿Y crees que lo de que mi coche no arrancara la primera vez también fue una coincidencia?
Pedro la miró por primera vez desde que había leído sus derechos a la señora Price. Fue la mirada impersonal de un desconocido, y con ella le rompió el corazón.
—La señora Price no parecía saber nada al respecto.
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Siguee ----> 2/8
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