domingo, 15 de febrero de 2015

Capitulo 73♥ - Un Caos En Familia♥



Él señaló un recipiente que había entre ellos.

—He preparado unas palomitas y te he traído una cerveza.

Pau tomó la botella que le alcanzaba.

—Gracias —dijo, y prestó atención a la pantalla—. Debería ser un buen partido.

—Sí —Pedro se acercó a ella en el sofá y le acarició el pelo con cautela—. Me gusta tu pelo. Está un poco revuelto y muy sexy. Le has hecho algo distinto hoy, ¿no?

Pau endureció su corazón y pensó con la cabeza.

—Sí. No me lo he cepillado.

—Oh. De todos modos me gusta —Pedro se acercó un poco más—. Respecto a lo de anoche...

—¿Qué pasa con lo de anoche? —Pau pensó que si Pedro se atrevía a calificar de error lo de la noche pasada o lo de esa tarde, no sería responsable de sus actos.

—Quiero que sepas que nunca se me habría ocurrido dejar tus braguitas en la glorieta a propósito. Estaban con el resto de tu ropa cuanto te tomé en brazos. Supongo que las perdí al bajar los escalones, porque eres un poco pesada... —Pedro se interrumpió al ver la expresión de Pau.

Norlmalmente tranquila, Pau se sentía como si la cabeza fuera a estallarle en cualquier momento.

—Solo un poco. En serio.

—Cállate.

—No pretendía...

—Haz el favor de callarte, Pedro —Pau miró fijamente la pantalla.

Los segundos fueron pasando con lentitud.

—Pero tengo una solución —dijo Pedro—. Una solución que creo que te gustará —su voz adquirió el tono un poco grave y ronco que Pau encontraba tan difícil de resistir. Se movió, tratando de ignorar el cosquilleo que sintió entre las piernas.

—Una solución presupone un problema. ¿Cuál es el problema que has resuelto?

—El problema está en las braguitas perdidas. La solución, es que no las uses.

El tono de Pedro era claramente provocativo. Su sugerencia, muy pícara. Y excitante. Muy excitante. Pau tragó saliva. Debería terminar con aquello de inmediato.

Debería levantarse e irse. Debería hacerlo.

Pero no lo hizo. Permaneció pegada al sofá mientras la prenda en cuestión se humedecía cálidamente entre sus piernas. A pesar de quién era y por qué estaba allí, deseaba a Pedro. Lo deseaba con intensidad.

Lo miró. Un febril deseo brilló en sus ojos verdes a la vez que le acariciaba con los dedos la sensible piel del cuello. Pau se arqueó contra su mano como una gatita.

—¿Llevas braguitas ahora? —la ronca voz de Pedro resonó por todo el cuerpo de Pau, dejándola temblorosa.

Deslizó la punta de la lengua por sus labios. Los sintió inflamados, excitados...

—Sí —fue incapaz de decir más.

—¿Te las quitarías para mí?—Pedro tiró con delicadeza del pelo de Pau hasta hacerle apoyar la cabeza en el sofá. Ella lo miró, jadeante. Sentía que se estaba quemando, y solo él sabía cómo apagar el fuego—. Ahora. ¿Quieres quitártelas ahora, nena?

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Siguee ---->>>> 1/4

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