—Has estado magnífica, Pau. Y has demostrado una contención admirable. He temido que la tumbaras de un golpe cuando te ha llamado «bruja pervertida» —Pedro se apoyó contra la barandilla del descansillo superior.
—Gracias por abandonarme. Creía que me estabas apoyando.
—El único peligro que has corrido ha sido que Delfina y Brad te hubieran pisoteado cuando han puesto pies en polvorosa —bromeó Pedro.
Pau se apoyó contra la pared. Estaba agotada después de tanta tensión, pero antes de reunir la energía necesaria para ir a su dormitorio quería hacerle una pregunta a Pedro.
—¿Has mirado mientras Delfina y su semental... ?
Pedro soltó una carcajada.
—No. No había nada que ver que me interesara —sus ojos mieles recorrieron a Pau de arriba a abajo con la intimidad de un amante—. ¿Y tú?
Ella le devolvió la mirada. Había conocido la perfección masculina. Brad el Semental no era más que un joven inexperto en comparación.
—Lo mismo digo.
—Buena respuesta.
Pau se esforzó por mantenerse despierta contra la pared. Pedro la tomó del brazo y la condujo a su dormitorio.
—Métete en la cama, Pau.
Qué gran idea. Pau se sentó en la cama, pero permaneció con los pies en el suelo, pues se sentía incapaz de moverse.
Pedro se arrodilló frente a ella y le quitó los zapatos y los pantalones cortos. Luego le hizo tumbarse. Pau apenas notó cómo la arropaba, pero seguro que el leve beso que sintió en los labios solo lo imaginó.
—Más vale que me hayas llamado a casa a estas horas por algún buen motivo —gruñó Nan—. Sufro de insomnio.
Pedro le contó todo lo sucedido, aunque omitió que Pau había descubierto su identidad y que lo había esposado a la cama.
—Entonces, ¿la secretaria y su novio no te han visto?
—No.
—Bien. Sabemos que la secretaria y su novio han pasado por el despacho de su jefe para darse un revolcón sobre el escritorio. ¿Pero qué hacía allí la cuñada de Cheltham?
—Supongo que vigilar. El único momento de verdadero peligro ha surgido cuando la secretaria la ha llamado «bruja pervertida». Deberías haber visto la cara que ha puesto Pau.
—¿Pau?
—La cuñada de Cheltham. El caso es que luego he revisado algunos archivos más. Existe la posibilidad de que alguien esté intentando jugársela a Cheltham —Pedro procedió a darle todos los detalles a su jefe.
—Necesito un móvil y un sospechoso, no teorías, Alfonso.
—Lo sé. Estoy cerca. Puedo sentirlo.
—Bien. Me alegra saberlo, porque estamos en la cuerda floja —Nan hizo una pausa—. Espero que no te vaya a pasar lo que a Gallagher con el asunto de la cuñada.
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Siguee --->>> 1/4
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