Un segundo después se abría la puerta y Pau lo arrastraba al interior.
Furiosa, alargó una mano hacia las braguitas.
Pedro las puso fuera de su alcance.
—¡Dame lo que me pertenece y lárgate de una vez! —exclamó ella.
—Estás haciendo que resulte realmente difícil hablar contigo.
Ella bajó la voz.
—Me alegra que lo haya captado, detective, porque no quiero hablar con usted.
—Te estás comportando como una chiquilla, Pau.
Lo peor de todo era que Pedro tenía razón.
—¿Y qué? ¿Acaso te estás comportando tú como un hombre maduro aireando por ahí mi ropa interior?
Pedro pareció avergonzado. Arrojó las braguitas sobre el escritorio.
—Tienes razón. Lo siento. ¿Podemos sentarnos a hablar un momento?
El enfado de Pau se esfumó con tanta velocidad como había llegado.
Condujo en silencio a Pedro hasta el cuarto de estar y esperó a que estuviera sentado en el sofá para ocupar el sillón que había enfrente. Fue ella la primera en romper el silencio.
—Siento haber sido tan grosera. No es una excusa, pero me ha sorprendido verte.
—¿Por qué? ¿Acaso creías que iba a dejar lo nuestro así como así?
—No existe «lo nuestro», Pedro.
—¿Cómo que no? Que yo sepa hemos pasado casi toda esta semana juntos, y no precisamente haciendo calceta.
—Todo era una mera simulación. Tú mentiste sobre quién eras y no puede decirse que yo fuera «yo» misma. Nada era real.
—Estaba haciendo mi trabajo, Pau. Para ello tuve que asumir otra identidad, pero eso no hace que todo lo sucedido sea falso.
Para el modo de pensar de Pau, sí lo era.
—Al menos sé sincero respecto a esto.
—Tal vez estaría bien que saliéramos a tomar un café para charlar.
Pau negó con la cabeza, resuelta.
Pedro se puso en pie.
—En ese caso, será mejor que me vaya. Veo que no hay modo de razonar contigo.
Pau lo siguió a la puerta. La abrió y se apartó a un lado para dejarlo pasar. Tragó saliva al ver el gesto implacable de Pedro y el enfado que reflejaban sus ojos.
—¿Es ahora cuando se supone que debo decirte que pases una buena vida sin mí? De acuerdo. Que así sea. Y ya que nada de lo sucedido entre nosotros ha sido, real, supongo que no te importará esto —Pedro pasó una mano tras la cintura de Pau y la atrajo hacia sí.
Su boca capturó la de ella en un rápido movimiento. Fue un beso duro, impulsado por su enfado y alimentado por su frustración, pero que también transmitió a Pau una ternura subyacente. Se apartó de ella tan bruscamente como la había atraído hacia sí—. Y ahora intenta decirte que esto tampoco ha pasado... si puedes.
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Sigue 3/5 ----->>>
wow buenísimos los capítulos!!!
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