domingo, 27 de julio de 2014

Capitulo 10♥ - Un Caos En Familia♥



Mili empezó a saltar de regocijo.

—Cami se ha despertado. Eso significa que quiere que vaya a sacarla de la cuna, señor Pedro.

Pau se preparó para lo peor. Thiago y Mili eran muy traviesos y habían enseñado a Cami todo lo que sabían.

Pedro miró desde el umbral de la puerta al angelito de pelo dorado y recordó una de las reglas principales de su entrenamiento: nunca había que subestimar al enemigo. Cami parecía inofensiva, pero no podía fiarse.

Flor le había recomendado que fuera firme, pero suave.

—¿Estás lista para que el señor Pedro te saque de la cuna? —preguntó.

Un intenso y desagradable olor le hizo detenerse en seco en medio de la habitación.

La pequeña zarandeó la barandilla de la cuna.

—Fuera —ordenó, como temiendo que su niñero fuera a cambiar de opinión.

Pedro avanzó. Había servido en los marines. Se había enfrentado a peligrosos traficantes de drogas. El pañal de un bebé no podía ser algo tan malo.

Acababa de alcanzar la cuna cuando la criatura se dejó caer sobre su trasero. El olor se intensificó.

—Vamos. No puedo dejarte ahí así —¿o sí?

La niña rió mientras Pedro la tomaba en brazos para sacarla de la cuna. Enseguida la dejó sobre una especie de mesa con una cubierta de plástico y una sorprendente cantidad de productos dispersos a los lados. Flor le había contado algo realmente importante sobre el asunto del cambio de pañales, pero no lograba recordar de qué se trataba. Ya había tenido suficiente como para además ponerse a hacer esfuerzos de memoria. Tiró del pantalón del pijama de la niña y se lo quitó, liberando sus regordetas piernecitas. El fétido olor se intensificó.

Respiró hondo. «Mantente tranquilo y centrado», se dijo.

Se agachó para buscar algo con que limpiarla cuando le hubiera quitado el pañal.

—Se supone que debes atarla —dijo Mili desde el umbral, sorprendiéndolo.

Pedro alzó la mirada y vio a Cami inclinándose precariamente por el borde de la mesa. Se irguió de un salto y alejó a la niña del borde. Sí, eso era lo que le había dijo Flor.

—Gracias. Estaba a punto de hacerlo —estupendo.

Estaba dando explicaciones a una niña de tres años.

Cami protestó contra su confinamiento soltando un alarido que se transformó enseguida en un sollozo.

Mili se acercó y alcanzó a Pedro un bote de plástico.

—Aquí están sus toallitas.

—Gracias. Estaba a punto de sacarlas —gritó Pedro para hacerse oír por encima de los alaridos del angelito.

Se preparó para la acción. Soltó las lengüetas del pañal.

¡Menudo montón de...! Miró el bote de las toallitas y luego el trasero manchado de Cami. ¿Y se suponía que debía limpiárselo con aquellas ridiculas toallitas? Imposible.

Rápido como el rayo, desató a la niña y le quitó el resto de la ropa. Luego, sujetándola contra su costado, corrió al baño. Los alaridos cesaron de inmediato.

Abrió el grifo, se aseguró de que el agua no estuviera demasiado caliente y colocó el beep de la niña bajo el chorro. Cami rió, encantada.

—Te comprendo —dijo Pedro—. Yo también me sentiría mucho mejor si me hubieran quitado toda esa... sustancia de encima.

Alzó la mirada y vio a Pau y a Gladys reflejadas en el espejo. No se había dado cuenta de que tenía audiencia.

Por fortuna, no había hecho una chapuza.

Pau movió la cabeza mientras salía con Gladys de la perfumada habitación de Cami. Apenas sabía nada de niños, incluso ella podía reconocer cuando alguien carecía por completo de experiencia.

—Voy a llamar a la agencia para comprobar sus referencias. Si ese hombre tiene experiencia como niñero, te doy permiso para que me embadurnes de mantequilla y me llames galleta.

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