—Te agradezco la invitación, pero no puedo ir —rehusó Pau.
— ¿Te preocupa guardar las apariencias? Te aseguro que por mí no habrá ningún problema.
—No es eso —repuso Pau.
— ¿Es por tu trabajo en la guardería? Seguro que podrás tomarte unos días de vacaciones, ¿no?
—Sí, tengo unos días libres dentro de poco. Pero no puedo, de verdad.
—Claro que sí. Iremos juntos. España te va a encantar —Paul volvió a besarle las manos—. Te prometo que no olvidarás este viaje.
—Estoy segura de que será un viaje inolvidable para ti —Pau retiró las manos—. Pero no para mí. No voy a ir.
— ¿Pero por qué? Creía que sentías algo por mí.
—Me gustas, Paul. Pero es que... —vaciló unos segundos, en busca de alguna excusa, y, finalmente, optó por confesar la verdad—... estoy enamorada de otro hombre.
—Eso no importa, mi vida. Yo también estoy enamorado de otra mujer. Pero eso no impide que nos sintamos atraídos y que actuemos en consecuencia.
—No te importará a ti, pero a mí no me da igual —espetó Pau, desconcertada por la desfachatez de él.
—No te entiendo.
—Pues a ver si entiendes esto —repuso ella, justo antes de volcarle un vaso de agua sobre la camisa, levantarse y darse media vuelta.
—Los atraigo con imán —murmuró malhumorada—. Primero el cerdo de Eric y luego el Casanova de Santiago —añadió mientras entraba en casa.
Después de dejar las llaves y el bolso sobre una mesa, se descalzó y fue hacia su dormitorio. Allí se cambió la falda y la blusa por una camiseta y unos pantalones cómodos. Abrió la nevera y, tras descartar las pizzas y la lasaña, optó por una tarrina de helado de chocolate y un frasco de guindas.
Luego fue al salón, puso un compacto en el equipo de música y salió a la oscuridad de la terraza.
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--Sigan leyendo, no saben lo q se viene ;)-->
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