lunes, 14 de julio de 2014

Prologo♥ | - Un Caos En Familia♥



—Soy policía, no niñero —declaró Pedro Alfonso.

—Sabes más que cualquiera sobre este caso, Alfonso. También eres el mejor del departamento. Necesito que utilices esa tapadera —Hernan pasó una mano por su incipiente calva.

—No puedo hacerme pasar por un niñero. No sé nada de niños —Pedro y Hernan no eran exactamente amigos, pero se respetaban profesionalmente. Hernan dirigía una sección compleja y tensa y Pedro siempre resolvía sus casos.

Hernan, padre de siete hijos, lo miró con escepticismo.

—Claro que sabes. ¿No hay niños en tu familia?

Pedro se pasó una mano por el pelo.

—Soy hijo único de unos padres que también fueron hijos únicos. Los niños son un misterio para mí y pretendo que sigan siéndolo. Incluso aunque tuviera hijos, no los dejaría a mi cuidado —Pedro no estaba dispuesto a admitirlo ante Hernan, pero solo había dos cosas que en realidad le asustaban, y de momento había logrado evitarlas.

El matrimonio y los niños. Ambas cosas eran del todo desconocidas para él y el mero hecho de pensar en ellas le hacían perder el control. Y para él era fundamental el control. Solía ocuparse de que sus relaciones con las mujeres fueran siempre superficiales, y lo cierto era que prefería enfrentarse a un delincuente que a un niño.

Nan se encogió de hombros.

—Son personas pequeñas. Comen, duerme y juegan. La única diferencia entre ellos y nosotros es que son demasiado pequeños para beber cerveza y apostar.

—Vaya, Nan, haces que la infancia suene realmente poética.

—¿Quieres que le dé el caso a Blakely? Le encantará hacerse cargo de él.

Pedro se puso tenso. Blakely y él estaban enzarzados en una silenciosa rivalidad desde que estudiaban en la academia. Aquel trabajo sería coser y cantar para Blakely, tío de numerosos sobrinos y sobrinas, y también supondría una nueva pluma en su penacho. Pero, al margen de su naturaleza competitiva, Pedro llevaba once meses trabajando muy duro en aquel caso, y no estaba dispuesto a dejarlo en manos de Blakely. No había duda de que Nan había sabido jugar sus cartas.

—Por encima de mi cadáver.

—Así se habla, Alfonso. Además, no tiene por qué ser tan terrible. Son solo tres niños.

Pedro decidió dejar a un lado sus escrúpulos.

—¿Cuándo empiezo? —preguntó. Tenía un trabajo que hacer y lo haría bien. Siempre lo hacía. Vivía, dormía y respiraba para ello. La palabra «fracaso» no existía en su diccionario.

—Te introduciremos en la casa de 
Cheltham la semana que viene. Resultará fácil. La última niñera acaba de presentar su renuncia. Cheltham está a punto de dejar de hacerse rico haciendo contrabando con objetos de arte precolombino. Él y su esposa van a estar fuera del país toda la semana, así que no creo que tardes en resolver el asunto, sobre todo teniendo en cuenta que tiene su despacho en la casa.

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