—Y somos muy resistentes, te lo aseguro.
— ¿Por qué no me lo demuestras? —lo desafió —Y se lo demostró. Una y otra vez. Y otra.
Dios, la vida era bella, se dijo Pepe mientras pensaba en Pau.
Llevaban un mes de novios y, a pesar de los temores iniciales, también seguían siendo amigos.
Todavía no podía creerse lo afortunado que era. Jamás había deseado tanto a ninguna mujer, de ese modo tan insaciable...
— ¿De qué demonios te ríes?
—Nada, pensaba en esta tarde —respondió Pedro al advertir que Fede había entrado en su despacho.
—Bueno, pues sea lo que sea lo que hayas planeado, cancélalo. Acabas de heredar un buen puñado de clientes —le anunció, al tiempo que dejaba sobre su escritorio un montón de papeles.
— ¡Ni hablar! —Pedro se levantó y detuvo a su hermano, antes de que éste saliera del despacho—. Olvídate. No pienso ocuparme de más casos. Ya tengo de sobra.
—Pues que te sobren unos pocos más.
—No, no voy a hacerlo —insistió Pepe—. Si necesitas a alguien, que se ocupe Ryan.
—Es que son casos de Ryan —Fede suspiró—. Clea va a dar a luz cualquier día de éstos y el pobre está nerviosísimo. Se lleva unos sustos de muerte cada vez que suena el teléfono... así que lo he mandado a casa. Claro que entre Ryan hecho un histérico y tú suspirando como un beep enamorado no sé qué es peor.
—Yo no estoy suspirando como un beep.
—Bueno, ¿y qué hacías cuándo he entrado?, ¿me vas a decir que no estabas pensando en una mujer?
—Ya te he dicho que estaba pensando en los planes que tengo para esta tarde —repuso Pedro.
—Que vas a cancelar —insistió Fede—. Nuestros clientes nos pagan para algo, y dado que no podemos contar con Ryan hasta que nazca el bebé, tú eres el elegido.
— ¡Ni hablar! —protestó Pedro.
—Está bien, yo me ocupo de la mitad y tú de la otra —propuso Fede.
—Hecho —aceptó Pedro a regañadientes.
—Bueno, ¿me vas a decir quién es ella? —preguntó entonces Fede.
-------------------------------------------------------------------------------------
---Sigan Leyendo--->
No hay comentarios:
Publicar un comentario