—Sí.
— ¿Y? —Pau se separó y se dio media vuelta para poder mirar a Pedro a los ojos.
—Que es un cerdo. Dejémoslo así.
—No. Quiero saber lo que has descubierto... O me lo dices, o lo averiguo por mi cuenta—insistió al ver que Pepe vacilaba.
—Tiene fama de ser muy ligón. No eres la única mujer con la que se ve, ni eres la primera a la que la invita a irse con él de viaje. No ha hecho nada ilegal...
—Pero sí inmoral.
—Exacto. Todas las alumnas con las que ha tenido relaciones eran mayores de edad y, que yo sepa, nunca ha aprobado a ninguna a cambio de favores sexuales.
— ¡Ojalá le hubiera tirado café hirviendo en vez de agua! —exclamó de pronto Pau.
—Lo siento...
—No es culpa tuya. Simplemente, tengo un gusto desastroso con los hombres.
—Por lo menos te has enterado antes de que la cosa fuera a más.
—Sí. Si me paro a pensarlo, hasta he tenido suerte. Podría haber aceptado su invitación, haberme quedado embarazada de él y descubrir después que era un donjuán.
— ¿Quieres que le dé una paliza?
—No merece la pena —contestó ella, esbozando una débil sonrisa—. Y gracias por ofrecerme tu hombro de consuelo.
—Puedes usarlo cuando quieras.
—Tomo nota —aceptó ella—. Y ahora deja de preocuparte por mí y aprovecha lo que queda de noche.
— ¿Y tú?
— ¿A qué te refieres? —preguntó Pau.
— ¿Qué vas a hacer tú?, ¿te vas a acostar ya?
—Dentro de poco. Creo que estaré un ratillo más en la terraza.
— ¿Y qué tal si te hago compañía? —le propuso, mirándola a los ojos fijamente.
—Gracias, prefiero estar sola un poco —rehusó Pau—. En serio, quiero estar sola —repitió al ver que Pepe no se marchaba.
—Pues es una lástima, porque he decidido que no me voy a marchar.
-----------------------------------------------------------------------------------
--Sigan Leyendo--->
No hay comentarios:
Publicar un comentario