jueves, 3 de julio de 2014

Capitulo 59♥ - Demasiado Amor♥




Para cuando se hubo sosegado un poco, ya había terminado la mitad del helado y había mandado a todo el género masculino a freír espárragos. Pero ni todo el helado del mundo habría aliviado el dolor que le producía pensar en Pepe.

Miró hacia su casa y suspiró. Era obvio que se sentía físicamente atraído hacia ella; pero desear a alguien no era lo mismo que amarlo. Y ella lo amaba, aunque Pepe no correspondiese sus sentimientos. Y precisamente porque lo amaba quería que fuese feliz... por más que eso implicara tener que verlo con Valeria.

Aunque la mujer no podía ser más superficial. No hacía más que mirarse al espejo para contemplar lo guapa que era. Valeria se quería demasiado a sí misma para amar de veras a Pedro... el cual estaba cegado por la lujuria y no veía que con aquella mujer jamás podría ser feliz.

¿Cómo podía haber sido tan estúpida de enamorarse de él?, se preguntó, disgustada consigo misma, mientras se apoyaba en la barandilla de la terraza. Una noche más, la luna brillaba en medio del cielo constelado. Divisó por el rabillo del ojo una estrella fugaz y cruzó los dedos, bajó los párpados y pidió un deseo en silencio. Cuando volvió a abrir los ojos, la estrella había desaparecido.

— ¿Has pedido un deseo? —la sorprendió, de repente, la voz de Pedro.

—Está claro que no me escuchas —replicó Pau con fingido desenfado—. ¿No te he dicho que la nueva Paula Chaves no cree en cuentos de hadas?

—Sigo pensando que la vieja Paula no tenía nada de malo —comentó Pepe—. Y me parece perfecto pedir deseos. Es una lástima desperdiciar una estrella fugaz sin pedir uno —agregó después de cruzar la división que separaba las terrazas de ambos.

—Vuelves pronto —dijo Pau para cambiar de tema.

—No tanto, ya son las diez.

—Seguro que a Valeria le parece pronto.

—No lo sé, no he estado con ella —Pedro suspiró—. Acabo de terminar una investigación con la que he estado liado los dos últimos días... ¿qué hacías tú tan a oscuras? —le preguntó entonces.

—Oxigenarme.

— ¿Has tenido un mal día? —inquirió tras ver los restos de helado de chocolate y el bote de guindas.

—Los he tenido mejores.

— ¿Quieres hablar?

—No —denegó Pau. Luego miró hacia el cielo para no encontrarse con Pedro. La luna había desaparecido momentáneamente tras unas nubes pasajeras. Las estrellas parecían haber perdido parte de su esplendor. Hasta el aire estaba más cargado, como si presagiara una tormenta.

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